Sobre los cerebros que interpretan

Se oye en la cultura popular aquello de que a una explicación sobre algo que ha dicho o hecho alguien, se diga «tu/mi cerebro ha interpretado…». La ideología positivista-reduccionista ha llegado muy hondo a lo que considero una labor necesaria pensar en el absurdo completo de esta metafísica. Por añadidura, la teoría de la información que, de nuevo, se presenta como metáfora para elaborar modelos, se ha naturalizado hasta alcanzar el estatuto de “realidad”, paradójicamente, olvidándose de todo substrato material. Veamos a continuación los problemas de estas propuestas.

Si decimos que nosotros no decidimos, si no decide nuestro cerebro, ¿Qué, en este caso que se alude, somos nosotros? Se ha disociado el ‘yo’ de nuestro cerebro, es más, implícito queda subrayado que el «‘yo’ posee la propiedad de su cerebro». Es un sinsentido metafísico que diría Carnap. Sin embargo, se habla de esta forma para parecer más científico, y más bien se parece más religioso que otra cosa. Por otro lado, el funcionamiento del cerebro, como el de cualquier órgano, es mecánico, y, por tanto, no se puede decir en rigor salvo como metáfora, que interpreta, percibe, elabora, crea, etc. Básicamente, recibe estímulos con propiedad físicas que desencadenan una cadena de procesos como, por ejemplo, dentro de una célula se producen cuando alguna hormona es recibida y causa una cascada de reacciones modulando la producción de proteínas. Nadie dice en ese caso «la célula interpreta el mensaje hormonal», ni se habla de la «creatividad de la célula alterando la transcripción genómica».

Por otro lado, extraer el cerebro como única causa, y no tomar, en cambio, al todo del organismo, supone decir que un cerebro aislado (incluso asistido con alguna tecnología que le permita a las células sobrevivir) piensa, interpreta, crea, etc. Nada de eso, y llego más lejos, hoy sabemos por los estudios empíricos, que el ‘pensar’, el ‘yo’ ni mucho menos son creaciones ex-nihilo del cerebro sino que parten de interiorizar pautas y conductas del medio social cuyo reflejo mental llamamos de tales maneras. Evidentemente, la plasticidad enorme que tenemos biológicamente determinada, se suma a los grandes retos de explicación científica coherente con la ontogenia, no considerándola un accidente molesto en las teorías del gen egoísta, sino como algo de máxima relevancia. Como resultados el concepto de ‘alma’ que debería estar soterrado en la noche de los tiempos sigue vigente debido a que ese alma sería lo que, por alguna divinidad, el cerebro no es mecánico sino actúa y, además, está separado del ‘yo’ como se ha visto anteriormente. Mal que les pese a muchos caen en las propias trampas de los obstáculos que anhelan superar. La mente, pues, es una construcción social.

Por último, señalar el aspecto no menos destacado de la información como metáfora que, cuando es en las células (v.g., mensajeros químicos) nadie atribuye cualidades humanas a la célula, pero si es el cerebro o los genes, parecen que ellos sí deciden cosas. Y no, su funcionamiento es mecánico, insisto. De alguna manera una de las religiones de nuestro tiempo nos quiere convertir en algo fruto de la creación humana, un ordenador, como si, acaso, nuestra memoria (olvido, inexactitud, sesgos, aprendizaje mediado por motivación y emociones) en algo se pareciera a la de un ordenador, como si acaso nuestro razonamiento (heurísticos, racionalidad restringida, conducta operante, condicionamiento clásico, etc.) se pareciera al de una máquina o, como si acaso, las máquinas que se construyen para emular la mente humana funcionaran como un ser humano (crea un programa que, aunque pueda obtener respuestas a un cálculo inmediatas, las retrase; esto emula al ser humano visto exteriormente, pero equivocadamente es prueba de la emulación del funcionamiento humano). Por suerte, muchos especialistas en cognición actuales reconocen que han llevado muy lejos la metáfora informática y en muchos textos académicos se le empieza a hacer mención más como problema que como solución o, como mínimo, en calidad de advertencia por no creérsela demasiado habida cuenta de sus consecuencias.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s