Por qué (a veces) nos debe importar un pepino la opinión ajena

Se opina en todos lados, se expresan las preocupaciones, desde las más profundas a las más triviales que conmueven la existencia individual, aparte, se expresan las posiciones sobre las cosas, los acuerdos y desavenencias. Aquí, sin embargo, tendré por objetivo reflexionar sobre por qué a veces no nos debe importar lo más mínimo. Siendo más concisos: por qué a veces debemos rehusar de tener en cuenta las opiniones para formarnos una idea del pensamiento de un individuo o colectivo en cuestión. Unas de las razones más poderosas que se me ha ocurrido a tener en cuenta es la diferencia entre acciones y justificaciones sobre cosas externas y entre las justificaciones internas. Las he llamado así algo arbitrariamente pero me sirven para denominar lo que quiero como a continuación expongo.

Hablemos de preferencias. Si te dan un cuestionario y una de las preguntas es si prefieres que haya hambre en el mundo o que no haya, creo que todo el mundo salvo algún salvaje sádico o alguien ebrio de humor negro escogería la primera de las opciones. Nada que objetar. Antes bien, si entre tus acciones se encuentra votar a partidos políticos que no han hecho nada razonable (hasta siendo benévolo con eso del posibilismo) para paliar el problema del hambre, ya que estamos hablando de éste (y hablo en general), o en tu estilo de vida, teniendo posibilidad, hay completa ausencia de acciones en un sentido solidario para con la causa o similares, nos debe importar un pepino que prefieras que no haya hambre porque tú eres directa, indirecta o potencialmente causa del hambre. Aquí vale mi clasificación anterior. Para el caso el sujeto que haya seguido lo escrito, se vale de una justificación interna (llámese subjetiva y sin efectos sobre la realidad fuera de su ego) para armarse de dignidad y esquivar la cuestión, incluso con pleno convencimiento de ello y con total serenidad en su conciencia. Claro, todo esto también se atiene a consideraciones mudables sobre cuáles son las cosas razonables y cuándo es que tengas posibilidades de hacer algo, etc. Pero dicho así, me parece correcto. Cada sociedad tendrá sus propios parámetros para juzgar pero lo que sí es universal es la doble moral de preferir de boquilla algo y hacer todo lo contrario.

Recuerdo que una profesora liberal, no diré nombres, a la pregunta si el liberalismo era de derechas entiendo por esto a quién tiene el sesgo “si no haces algo es porque no quieres, no porque no puedes”, dijo que con la libertad (de los liberales) “lo puedes hacer por otras vías” y que ella quería que hubiera más posibilidades. Esto confunde porque al parecer indicaba que con las acciones para conseguir una sociedad más liberal (algo con efectos en el mundo externo), no tenía sentido el plantear que alguien no pueda conseguir algo, o, equivalente, que todo el mundo tiene su hueco sin las restricciones del estado en el mercado. Sin embargo, yendo al meollo de la pregunta, ella sin querer (por lo que aprecié) eludió la pregunta y confirmó que era de derechas en tanto a poseer ese sesgo. Ya que estaba diciendo eso: si no puedes es que no quieres, no por problemas externos a ti. Otra cosa es que ella tuviera expectativas en que hubiera más posibilidades, pero en nada desdice aquello. De nuevo, una justificación interna salta el problema de enfrentarse al mundo externo donde actuamos. Dejo por nota aquí que ni ser liberal o de derechas tiene que ver con las definiciones aquí dichas que fueron cuestión de dos individuos solamente.

Sabemos de historias y justificaciones mucho más cruentamente evidentes en este sentido. Había argumentos que por misericordia instaban a exterminar a ciertos colectivos ya que eran inferiores, tenían defectos, o solo así podrían salvarse. Válgame Dios. No trato de señalar a nadie, son hechos históricos particulares que muestran hasta qué punto las justificaciones en base a cambios internos en nuestra subjetividad, en nuestro modo de entender las cosas, etc., puede llevar a creernos que hacemos “bien” hasta asesinando masivamente personas. Lo que he aprendido de este análisis es que cuando alguien refugia sus opiniones y pareceres detrás del telón de su subjetividad, como meras preferencias sobre las cosas, y nunca como acciones en el mundo que comprometen con los valores propios, la opinión debe importar un pepino. Es más, sería preferible entender mejor a esa persona por los valores que muestra realmente en sus acciones que por sus preferencias subjetivas engendradas en su imaginación. Como final dejo una “cláusula”. Creo que no hay justificación para todo, pero sí para casi todo. Hay veces que un prejuicio sobre alguien por doble moral resulta no ser tal y, de hecho, tener razones convincentes que incluso puedes no compartir pero que inspiran o ameritan respeto. Hay miles de variables en todo esto. No se debe olvidar porque el juicio rápido no es una virtud, me temo. Aún así, la inversa, mostrar el mundo de yupi de nuestra burbuja mental y creernos que nuestros pies caminan en la dirección de grandes valores humanos es más que ingenuo, peligroso.

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