El poder de la metáfora

Empieza el año 2015, hoy, día 2 ya, y empiezo, por consiguiente, después de un breve descanso, con mis escritos. Algunos temas se me antojan como obligatorios dentro de la planificación que tengo, al menos de lecturas, que son correlativas con frecuencia a mis escrituras aunque, éstas, generalmente, no las planifico y son más producto espontáneo del capricho de mi mente. Pero, se me olvidaba, ¡feliz año 2015 a todos! y… Dejemos los preámbulos y sumerjámonos en la sustancia.

***

Las metáforas en la definición que usaré, cogida de la RAE:

Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura.

Ellas tienen poder, la capacidad de proporcionar sentido de las cosas nuevas por paralelo o relación con las antiguas. De una forma cuasi-mágica decimos ¡tiene sentido! a algo, como un ¡Eureka! muchas de las veces aún cuando la explicación que se nos provee no es diferente ni más matizada, sino que es una mera repetición de la anterior o contiene un mínimo giro en alguna palabra, que se intercambia por un sinónimo. Debo decir que a este punto me fascina. Primero, por la estrechez de la Psicología a la hora de su estudio, que habitualmente relega al ámbito más de la psicología popular o vulgar; o al sentido común, que se exalta al mismo tiempo que oscurece por el distanciamiento de él que se mantiene cuando se transforma en hipótesis y se obedece el mandato único de la validez formal. ¿Sabéis lo que quiero decir? Alguien, y ya son muchos últimamente, quiere estudiar cómo opera el sentido común, nuestra intuición, o como se prefiera llamar, y lo que hace es comprobar cómo se toman decisiones en diferentes contextos, por ejemplo, la compra de un producto en un supermercado que tiene varias marcas que lo ofrecen, y se contrasta con la que hubiera sido la “elección racional”. Esto es, por un lado podríamos hacer una comparación de los productos por orden de su calidad objetiva y su utilidad y, por otro, vemos que la decisión real que se toma in situ por norma difiere de la racional. Se intenta generalizar cuáles son los razonamientos y circunstancias que los propician, clasificarlas y hallar su covariaciones y, de esta manera, ahora sí ¡Eureka! tenemos el estudio del sentido común. El caso es que aún no sabemos por qué nosotros percibimos el sentido de las cosas, inclusive esta investigación que he narrado al menos en su estructura, por medio de metáforas más que nada. Con el ejemplo, se dice, se suprime la teoría; vamos, uno explica algo con rigor y pretendiendo ser exacto al más puro estilo matemático pero, a la hora de la verdad, eso mismo, probablemente, lo comprendiste por medio de un ejemplo o una analogía a otra cosa, desde luego, algo menos sofisticado que la teoría.

De forma inevitable comunicamos con el ejemplo, directo o indirecto. Ponemos en situación lo que dicta una teoría sin cansar con el trabajo de que alguien tenga que inferir lo necesario para ponerla en situación. Pero aún más, como aquel juego de niños que intenta emular a una línea de teléfono donde todos se ponen en círculo, se cogen de las manos y se dicen algo al oído en orden, hasta que el mensaje original llega al primero que lo emitió, siempre con mucha distorsión; si tenemos que interpretar una teoría por uno mismo en ausencia de ejemplos, corremos del mismo riesgo. Básicamente, descontextualizar. No saber cómo poner lo analítico en lo sintético, ni lo apriori en lo aposteriori, por tomarme una licencia kantiana. Pone de punta los pelos esto porque nos lleva a negar eso de que lo más práctico es una buena teoría aunque, creo, que aquí se aplica la máxima, con las manos en la masa. Valga la rima. Es lo más práctico porque la teoría nos permite transportar la práctica y comunicarla, sino, se quedaría en algo que uno puede hacer y de lo que como mucho puede dar instrucciones para hacer pero incapaz de hacerlo comprender.

Esta breve reflexión pone punto de partida a este año que espero sea mejor, si es posible que el anterior, ¡aunque eso depende de cada uno! Cada comienzo de año es un “bienvenidos a una nueva oportunidad”. No por eso tan ñoño de las promesas navideñas de nuevo año, más bien porque reseteamos nuestra conciencia con algo de tiempo para la reflexión y nos permite, “nos permite”, indagar otros caminos a materializar en el plazo de un año -o más-, pero sólo “nos permite”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s