El libertarianismo: un aspirante a utopía sin norte

Una corriente reciente dentro del liberalismo es el libertarismo o libertarianismo que estila los postulados del liberalismo económico hasta absolutizarlos en su lógica. ¿El resultado? Una corriente anarquista o anarcocapitalista como la denominan y una corriente que comprende la necesidad del estado para, y exclusivamente, defender los derechos de propiedad. Para ellos la base de la sociedad deben ser las relaciones voluntarias entre iguales en el mercado. Con esa premisa advierten bajo la teoría económica que la prosperidad sería la máxima posible pues todo acuerdo, de darse, es porque beneficia a los acordantes mutuamente. El resto, entienden que el individuo es libre de escoger y hacer lo que quiera y qué mejor que uno mismo para saber dentro de las posibilidades que tiene qué es lo mejor para sí y los suyos. De esta forma algunas frases habituales en su discurso son, que si bien reconocen los fallos humanos y, por extensión, del mercado, si uno puede errar sobre sus propios asuntos, es aún más probable que yerre un tercero que ni te conozca a la hora de aprovisionarte de bienes y servicios. De esta forma escapan del argumento de que los mercados no son perfectos como en las películas de los libros de economía neoclásica, pero que, con todo y con eso, deben ser apriori mejores que la asignación de los gobiernos. Otro mantra es su oposición a la democracia entendida como una mayoría que aplasta a la minoría en la toma de decisiones. En un mercado realmente libre, cada individuo puede tomar su propia decisión y llevarla a cabo sin que nadie interfiera y sin interferir en las transacciones de nadie. Por tanto, bajo este prisma supera a la democracia. Sin embargo, yo mismo que un tiempo estuve adscrito en esta corriente de pensamiento atrapado por su producción intelectual nada despreciable, me he percatado de sus fallos más graves y he podido articular una respuesta a éstos. En resumen, los veo como unos aspirantes a tener utopía y sin norte. Razonaré en lo siguiente todas mis palabras para calificarlos.

No es una utopía, no al menos al uso, carece de promesas sobre el paraíso, sino solo la prometen que uno tomará decisiones plenas y sin oposición sobre sus bienes y su cuerpo. Aquí creo que, como mucho, puedo presentarlos como aspirantes a una utopía. Ahora bien, sin norte. ¿Para qué íbamos a estar esforzándonos todos los días por reducir el PIB del Estado si después lo único que queremos son bienes y servicios a elegir? ¿Para qué iban los funcionarios y empleados públicos a dimitir empobreciendo a sus familias por esta idea? Si es por motivos utilitarios, es decir, de proporcionar el mayor número de bienes y servicios al mayor número, hay modelos y reformas más cuerdas con los sistemas actuales que ahondan en esta finalidad. Si es por libertad, hay países donde la misma educación pública permite elegir itinerarios, hay oferta educativa más personalizada, etc., e, igualmente, puede ser una propuesta para España o cualquier otro país sin precisar de su intransigente privatización y costeo directo a cargo del usuario. En sanidad se repite lo mismo y hasta con los fondos de pensiones. Antes bien, la libertad de los libertarianos es una libertad formal en abstracto que, como uno de sus más sobresalientes teóricos decía, se reduce a la propiedad privada. A lo cuál, ¿para qué los pequeños propietarios y los no propietarios iba a luchar por tales ideales? Por otro lado, uno de sus más conocidos divulgadores en España, Juan Ramón Rallo, en su libro de Una revolución liberal para España avisa que sus objetivos se podrían conseguir en unos cincuenta años y sin oposición. ¿Para qué íbamos a sacrificarnos en pos de un objetivo que ni vamos a ver y, con frecuencia, va a tambalear todo el mundo como lo conocemos incluso en nuestra contra? Pero, a parte de estas preguntas humanamente posibles, hay cuestiones de mayor profundidad que merecen ser tratadas. Ellos detestan al Estado por ser coactivo en sí mismo y a los políticos como parásitos que viven de los demás. Muchos de ellos se abstienen y recomiendan alejarse de la corruptora política. Yendo a la cruda realidad, lo cierto es que sus objetivos no se podrían nunca conseguir si no es por medio de su tan temido y odiado BOE. A través, por supuesto, de un gobierno monopensante y autoritario. Ellos dicen odiar la política y no hacen más que política. Luego, para el interesado en este pensamiento verá cómo ellos que rechazan por lo habitual la propiedad intelectual defienden a las grandes empresas que viven de la propiedad intelectual en sus modelos actuales de negocio. No sólo eso, sino a los banqueros muchas veces (salvo los centrales que desean extinguir) y, en contradicción con su doctrina de cómo obtener la propiedad legítima, apoyan las propiedades privadas presentes aún cuando su origen es fruto del saqueo y distribución de los estados. ¡Y no todo acaba aquí!

Los libertarianos conciben los fenómenos sociales como algo emergente en toda sociedad pero que, en términos jurídicos o políticos, no debe tenerse en cuenta. Esto es, el Derecho por derecho solo le corresponde la propiedad y contratos. Lo social como familia, comunidades, naciones, etc., se forma por contratos y, en sí, no tienen entidad. En suma, ese legalismo libertario privilegia la propiedad individual y los contratos de tal modo que sublima todas las relaciones a relaciones por mutuo interés egoísta (formalmente hablando) y absolutamente subjetivas o absolutas en el sentido de salirse de todo contexto, historia o tiempo. Esto como consecuencia, en contra de muchos de sus razonamientos, no es compatible con ninguna de las culturas actuales y no puede absorber ni mucho menos a las culturas actuales. Esto es, el libre mercado no es inocuo a lo social y ese derecho libertariano que lo sostiene tampoco. Sería verdad que las mentalidades deberían ser absolutamente distintas en una sociedad así que en las actuales.

En resumen, la Escuela Austriaca de Economía que normalmente respalda sus teorías económicas (aunque no siempre) tiene cosas muy buenas, tanto así que se me sigo considerando adscrito a la misma en materia económica. Sin embargo, eso no significa que el fin de la eficiencia económica, ideológicamente adherido a la libertad de los libertarianos, deba ser el único valor en una sociedad, sino, en todo caso, uno más y hay quién diría que uno secundario. En su política tienen muchas cosas que no se siguen. Prometen extinguir sacrificios personales para buscar el propio interés pero su mundo sólo provendría de sacrificios personales ingentes y por décadas y hasta más. Por otro lado, que su consideración del ser humano como subjetividad pura no asido a ningún ambiente sociocultural les lleva a plantear una sociedad donde todo lo social no importa a efectos legales y donde ninguna de las culturas actuales podría ser compatible. Es revolucionario pero, con independencia de su eficacia final, que al final depende de tu acumulación de bienes, sería la revolución más costosa posible.

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