El hombre robótico

  • Necesito rápido un curso de cómo pilotar un helicóptero.
  • Voy. -Dijo lacónico.- Prepárate en el asiento. El programa se está cargando. En breve lo recibes. Dura unos treinta minutos. Espero que estés descansado, así será mejor.
  • Lo estoy. No es la primera vez.

El hombre se concentró mirando hacia una pantalla desde su sillón. Sus palabras eran cortas y cortantes. Sólo estaba pendiente de cuándo era el comienzo y, probablemente, de su objetivo en mente. Eso suele ayudar, además. Así que no es casualidad que se sea en este tipo de sesiones un soso con todas las letras.

  • Después quiero una sesión de ECE.
  • Sí, de acuerdo. ¿Es la segunda de esta semana?
  • Así es. He estado muy ocupado y debo rebajar los niveles de estrés. Me los detectaron altos.
  • Entiendo…

Pasó en la sala de espera veinte minutos más o menos. Después le invitaron a pasar a una sala cuando salió al poco un hombre de allí con una sonrisa y con despierto ánimo. De nuevo, se tuvo que sentar en un sillón acomodado para acoplar, arriba, un aparato que se fijaba en la cabeza con unos electrodos. Casi intimida pero nadie duda del sistema: no es de lavados de cerebro, desde luego. La estimulación durante unos minutos reforzaba la potenciación a largo plazo de las neuronas, promoviendo la producción natural de factores de crecimiento, el famoso BDNF, como maravilla cuasi-mágica. Aparte, reactiva el sistema límbico, sube en general su actividad y proporciona un expresión positiva; hasta podría, en caso de haber, revertir todo un estado depresivo o ansioso grave.

Cuando terminó sintió un breve dolor de cabeza como de haber estado de desfase. No, en serio, esto no era ninguna fiesta pero las cosas, por un lapso de décimas de segundo, se vieron dobles. Al poco, recobró el sentido normal de las cosas.

Waiting for the final blow,

Do you have strength at all?

One more day, then we fade away…

Fear is the weakness in all of us.

Justo en ese momento vio todo distinto. Un poco. No sabría él siquiera precisar pero el ritmo del reloj, que marcaba la hora en formato digital, iba más lento. Todo se movía más lento. Un poco más pero lo justo y necesario para anticipar movimientos que antes no podría; incluso para hacer cualquier cosa. ¿Podría ser que él hubiera incrementado su velocidad? Su sentido del tiempo había sido trastocado, pervertido a condenar al aburrimiento o a la genialidad a este hombre. Dependía de cómo usará todo ese extra del que ahora disponía.

  • ¿Habéis hecho algo distinto esta vez? Me siento extraño.
  • No, señor, en absoluto.
  • He visto un segundo al salir de la sesión todo borroso, doble…
  • Es posible que si es la segunda sesión a la semana. ¿Se siente mal?
  • Sería complicado definirlo. Pero no, mal, lo que es mal no.
  • Esté en contacto con nosotros si sucede algo. Creo que ya sabía…

Le cortó el hombre con un gesto arrogante.

  • Sí, estaba en mi conocimiento.

Se fue. Por la calle los neones le molestaban. Los ruidos sonaban con especial agresividad. Rudos. Era casi doloroso. Y todo, encima, por más tiempo. Sobreaumentado. Ahora bien, le llegaban a la mente flashes de miles de cosas, detalles, de los que antes no se daría cuenta, enlazándose, de cualquier modo, con otros, emergiendo en forma de ideas. Y sí, por ahí andaba el curso de piloto. También.


 

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