La pregunta de raíz

¿Qué se hicieron tus muros torreados?

¡Oh mi patria querida!

¿Dónde fueron tus héroes esforzados,

tu espada no vencida?

A veces me pregunto si sólo somos una flexión¹ de la historia de nuestra tierra, o tierras, sean por las que hayamos caminado, sean por las que las gentes hayamos conocido. Es decir una raíz que crece y termina por florecer en medio de un campo que comparte las condiciones únicas para expresar una serie de características. Esto me lleva a revisar siempre el binomio de la nature vs nurture. Esta disyuntiva psicológica quiere comprender el origen, o sea, como ando diciendo, la raíz, del individuo para explicarlo. Así, pese a las miles de ficciones que rodean nuestro entorno respecto a la pertenencia a familias, localidades, tierras en general y países, a veces patrias, tanto pequeñas como grandes, lo cierto es que encierran una sabiduría difícil de descifrar. Y, aquí, me cuestiono: ¿Por qué tantos lloran por su tierra? No por su destrucción, quién sabe, por una catástrofe natural, acaso fruto de un artificio humano, como potentes explosivos. No, sólo por ciertos cambios en el estado de cosas viviente, desde lo inanimado, que incluso despide llantos por desiertos, hasta las gentes, como sus actividades ¡maldita industria! Ya me entendéis.

Si es verdad eso: que somos flexiones de la tierra en la que nos criamos; estamos, pues, ante una parte de nosotros que, pese a manifestarse en forma de sentimiento, como la pérdida de un ser querido, la atracción hacia un amor, o, de súbito, sentir una especie de comodidad que en otro lado no se experimentaría. Si todo esto es cierto segamos a golpe de segur toda una serie de universales como humanidad, iguales ante… Todo esto que se transforma en palabras escritas, relaciones internacionales de los países y una búsqueda de un individuo ilustrado y cosmopolita que, salvo como rebelde de su tierra, como idealismo ontológico² o como pasatiempo del pensamiento, no puede tener lugar. Esto es: o pensamos en alguien que su historia se le sea inane, sus memorias no le configuren el carácter ni su identidad o pensamos en un rebelde que todavía cumpliendo con lo anterior rechace por voluntad esas identificaciones y busque liberarse de ellas, estando, por mor de la razón, por encima de todas aquellas circunstancias. Este, por contra de peregrinos pensamientos, no es el héroe, es el antihéroe. Por cierto, con quién me identifico, pues, pocos como yo, desde que se conocen rechazan las banderas, los himnos y demás cantamañanas por las que sentir un respeto no correspondido ¿O es que habláis con banderas? Así, los malos de la peli tienen su lugar fuera de lugar al rechazar su tierra como parte de sí, por la que identificarse, y en la que enorgullecerse de sus raíces. Ejemplo práctico: la necesidad de apoyar al equipo local. Inicuo por completo al alma del cosmopolita y al rebelde de tal condición.

Con todo, la nación, como ideal burgués romántico, persiste en la actualidad con fuerza inusitada y destaca en las crisis de los países donde anidan estas diferencias. Saltan “en contra de” los demás, como si ellos, impolutos santos, hayan sido solo víctimas de la opresión de un poder centrípeto donde colisionan, ¡ojo! no sus intereses, sus sentimientos. Al cabo, es romántico como he descrito. Y es ese sentido de patria, al caso grande, pero otrora pequeña, la que pugna por levantar las murallas para conservar un estado de cosas concreto y tratar aunque sea con el suave látigo de seda de la metáfora, decidir sobre el territorio que es madre de los suyos.

Hasta aquí yo confuso que entiendo por inevitable esta serie de circunstancias y veo como ilusión racional la huida de ésta, en cuya rebeldía me hallo. Se tiende a interpretar todo en modo maniqueo, del bien y del mal. Pero no. No atisbo solución moral a algo que procede de más arriba de nuestras voluntades y es que nuestra historia no es decidible y, como mucho, es censurable, evitable de narrar, susceptible de ser tergiversada, pero no borrable en su indeleble huella. La cuestión es a dónde moverse o qué sentir o esperar sentir. Si uno ha de glorificar sus raíces o quedarse con su flexión sola y carente de significado como, a lo Camus: la única manera de lidiar con este mundo es volverte tan absolutamente libre que tu mera existencia sea un acto de rebelión.
En cualquier caso, he aquí uno de los mejores e históricos testimonios de esta huida de la realidad:

Con diez cañones por banda,

viento en popa, a toda vela,

no corta el mar, sino vuela,

un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

por su bravura, El Temido,

en todo mar conocido,

del uno al otro confín.

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1:Conjugación.

2:De origen y génesis.

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