La inopia del liberal

Hay cientos de comentarios que merecen el calificativo de febriles, sin duda. En especial cuando de política hablamos. Salen barbaridades por doquier. Es un cambio fértil a comentarios de odio y malsonantes por la propia naturaleza de la política: regular la vida colectiva, es decir, la de los demás. Y si tenemos la oportunidad de regular, aspirar a ello o por lo menos comentar cómo debería ser la vida de los demás es común interiorizar los odios, apreciaciones subjetivas, sesgos y prejuicios en las opiniones políticas. Por eso, repito, surgen comentarios fácilmente que producen estupor, cuando no sarpullidos. A esto agrego otro elemento esencial, el de la lógica de los grupos: la gente se apoya en los grupos y se envalentona para decir lo que individualmente no sería capaz; menos cara a cara con otra persona de pensamiento distinto. En otras palabras, pocos se pelearían con todas las letras y contundencia de la palabra, por una opinión, pero sí si están guarnecidos en un grupo que les presta apoyo y seguridad.

Pero a lo que iba. Leo:

El resentimiento que viene, tan típico del mediocre, incapaz de aceptar que no alcanza sus metas a causa de sus propias limitaciones y que, por ello, quiere esclavizar a quienes son mejores que él. […]

Comentario en Facebook de una liberal (de las verdad, liberal clásica, no tipo PP) reconocida y que trabaja en los medios de comunicación. Ciertamente, a lo que aludía, un mensaje exaltado y furioso en un foro a favor de políticas violentas, tendría aparte su crítica, sin embargo, el punto es que psicologizar bajo una ideologías en la que comprende que los pobres, en este sistema, son pobres por méritos, es caer muy bajo. Según las posiciones laissez-faire diecinuevecesca de esta señora hay gente que no merece ni el cuidado de su salud o que debe tener problemas con la manutención. Probablemente argumentará que el mercado podrá proporcionar mejores servicios y a mejor precio, cosa que en ciertos casos así es, pero no resta que con su mensaje habilite la posibilidad de aceptar un escenario donde haya conciudadanos sin salud, alimento, cobijo, etc., sin que sea considerado un problema social. Me explico de otro modo: por un lado se lanza un mensaje personal, a la psicología del individuo, que debe aceptar que hay mejores y peores, y que él puede no ser agraciado para obtener sus metas, incluyendo las más básicas, y por otro, un argumento para salvarse: “el mercado proveerá”. Toda una trampa argumentativa. ¿Por qué? porque su “despreocupación” se basa en una teoría no comprobada (y probablemente incomprobable habida cuenta de las dificultades en las ciencias sociales, incapaces de formular “leyes” al estilo de las naturales) lo que es nada menos que tener fe en que saldrá todo mejor, y fin.

También explicaré por qué la pobreza bajo el punto de vista más intransigentemente individualista liberal no es un problema social. En primer lugar porque “no hay sociedad” sino un conjunto de individuos y, si acaso, familias. Por tanto, lo “social” no es más que una abstracción arbitraria sobre grupos de individuos. En segundo lugar, si no es social, es personal, bien por culpa de uno o bien de los demás (de los individuos de la “sociedad inexistente”) de no ayudar a esa persona menos agraciada o con menos fortuna. De nuevo, la “salvación” procede del “mercado proveerá” de manera impersonal y, desde su punto de vista, al considerar al mercado puro como lo más justo y eficaz, cualquier alternativa a éste será tachada dogmáticamente de “puede que solucione en un primer momento algún problema pero creará otros y peores, presentes o en el futuro”. En otras palabras, la ideología contiene en su discurso su propia auto-defensa partiendo de las premisas: “no hay nada mejor que el mercado en sentido dinámico (a lo largo del tiempo)” y, por tanto, “toda intervención conviene en un nivel subóptimo, es decir, soluciona menos problemas de los que provoca”. Y “cada uno en un mercado libre puro está en la situación que le corresponde”, en consecuencia, “si en algún momento el mercado no satisface una demanda, por urgente que sea, la carga de la culpa es del individuo o de la mala suerte, nunca como problema social”. La justicia coincide, se pliega, a la idea económica, en donde la economía se defiende por la justicia y la justicia por la economía. Lo expongo desglosado: Si la economía falla, como está compuesta por las acciones de individuos y éstos son falibles, no desmerece la teoría económica que no puede prometer la perfección pero puede ser, al menos, “justa”, ética” o “moral”. Ahora, si se dice que una situación de privación de amplias capas de la sociedad en una sociedad de mercado libre podría considerarse “injusta” sin embargo, al contrario que el caso anterior, la contra-argumentación proviene de la economía por cuanto la economía de mercado en el largo plazo será lo más efectivo y productivo.

No tienen crítica posibles porque sus palabras se cierran sobre sí mismas en un bucle que combina dos áreas, generalmente en conflicto, y que ellos resuelven en situación de complementariedad: la situación económica (estructural, procesual) y la justicia (conmutativa, distributiva).

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