El imperio de las palabras

Hay palabras que se las lleva el viento, otras que generan una cárcel para el mismo que las produce al aire. Ellas son las portadoras de las historias y las causantes de sus flexiones y acrobacias, como del engaño y de la confusión. Y, ellas, ellas solas, han anidado en lo profundo del “yo” atrincherándose como el volante de la conciencia, tomando su dirección. Las palabras tienen además una propiedad que ya anhelan muchos seres humanos, una vida continua incluso en su defunción. Son volátiles, se esfuman una vez pronunciadas, pero trascienden a los individuos humanos como elemento de un sistema supraindividual. Allí es donde duele, cuando ellas mutan como por toque de Darwin o de un genio malvado y tu pensamiento las asimila cambiando, siendo este cambio, ciego a la conciencia.

Hay realidades que se articulan sólo con palabras como las obras de ficción, las elucubraciones metafísicas y teológicas. Son eso: palabras enlazadas vueltas hacia sí, sin mirar al mundo. Es decir, no quieren significar nada fuera de ellas mismas en su combinación con otras. Todos sus mundos son dignos de estudio pero uno en especial carcome mi atención. Es el de los mundos psicológicos que se forman en las relaciones humanas en las que, con palabras, enlazando poco atinadamente sus significados y significantes construimos monstruos que imperan sobre nosotros y tuercen nuestros deseos y esperanzas. Como dato adicional se puede decir que la mayoría de las rupturas de pareja es consecuencias de usos del lenguaje inadecuados en donde el malentendido, fenómeno propio de la engañifa lingüística, florece en forma malas hierbas hasta arrasar con el jardín. Y aquí, uno, inválido ante el poder de esta serie de eventos se las ve y desea para ver más allá de las palabras en las pequeñas ventanas que dejan a un espacio casi inimaginable, quizás solo alcanzado por meditabundos estados, en los que la conciencia se funde con la percepción y la voz interior queda suprimida. Sólo nos dejan unos resquicios mínimos, en la punta del iceberg. El resto es dominado con mano de hierro.

Así, las malas interpretaciones y malos entendidos son el germen de la confrontación humana en la mayoría de las veces. Me quedé fijamente pensando sobre las consecuencias de un pequeño extracto de unos filósofos que indicaban que su disciplina tomaba por objeto el averiguar los conceptos en los que una discusión transcurre tácitamente, a saber, lo soterrado, y propiedad del lenguaje. Me levantó una sonrisa y miles de ocurrencias. Las más importantes es cómo puede ser que algo creado por nosotros se nos rebele de esa forma. ¿Cómo podemos no tener conocimiento completo de un invento nuestro? Es enigmático aunque acercamientos prometedores haylos. Puede ser el lenguaje un martillo al que se le puede dar buen o mal uso. Puede ser una de esas inintencionadas consecuencias de nuestras acciones en tanto que somos incapaces de prever todo, con todas las variables, y con éste hemos tocado madera. ¿Un sistema que no hemos creado conscientemente, sino que ha ejercido de compañero en la evolución? Las tres pueden ser ciertas al mismo tiempo y, si se me permite el inciso, que pueda haber tres certezas sobre el mismo objeto no puede ser más que otra impertinencia de las palabras.


 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s