En respuesta a Juan Antonio Negrete en “Política y vida”: al hilo del oscurantismo

En no pocas ocasiones las palabras grandilocuentes y los conceptos complejos atraen las curiosidades y se coronan con la prerrogativa de contar con visos de seriedad quizá inmerecidos. El manejo de la palabra, el “don de la palabra”, es un arte de las viejas, “retórica”, de antigua tradición e inextinguible andadura por toda la historia y, presumiblemente, futuro. Este es el caso de los tratados sobre ideologías oscurantistas o sobre ciencias noéticas, como el docto y famoso personaje de ficción Robert Langdon. La diletancia, los términos titubeantes, de imprecisión rodeada de metáforas, analogías atrevidas o símiles errados para el entendido pero impactantes al lego son las armas más empleadas. Para el caso, más que exposición, dedicaré un espacio a la crítica, creo, necesaria, sobre todo cuando se presentan obras de arte y de la filosofía pero en contextos no pertinentes. Este es el caso de Política y Vida de Juan Antonio Negrete. Un texto este al que animo a leer antes de seguir con esta crítica. No hay nada mejor que leer las cosas con la mínima contaminación psicológica, llámese prejuicios o expectativas, antes de dejar caer como plomo la crítica que seguirá a continuación.

He de indicar que esta crítica no pretende elevarse a confrontar el texto nombrado con la visión de otra filosofía sino contrastarlo con los datos sobre lo social o económico y aportar un poco de luz, algo legible a todos los públicos pero preciso, sobre los errores de peso de nuestro autor.

Quizás durante los próximos años se vaya consolidando la percepción de que el siglo XX europeo y “occidental” fue el tiempo de una terrible desilusión, de la caída del sueño moderno-ilustrado, de su desvelamiento como pesadilla.

Empezamos por una apreciación que sesga subjetivamente todo el texto de Juan Antonio. Este extracto muestra el primer ingrediente de oscurantismo porque tan sólo es posible articular este juicio si nos evadimos de los hechos, de lo material, y viajamos al interior de la mente de alguien, en particular, desilusionado, olvidándonos, por supuesto, de quién, en goce de la misma subjetividad piense lo contrario. En esta parte de siglo no ha sido que tan duramente critica la humanidad cuenta con la mayor cantidad de riqueza de la historia pero también con la menor desigualdad de la historia si ignoramos los tiempos de cazadores-recolectores y otras pequeñas sociedades. Como apuntaló bien Escohotado, por lo común, las élites en el pasado, reyes y aristócratas, superaban con creces las diferencias modernas de ejecutivos con trabajadores. Aún más de actualidad, celebramos la reducción de la desigualdad global (a pesar de incrementos dentro de algunas la multitud de naciones occidentales) y también la reducción del mínimo porcentaje de personas en situación de pobreza extrema en la historia. Añadimos a la lista de celebridades “biológicas” la mayor esperanza de vida media mundial o las “ideopolíticas” como años de la mayor extensión mundial de la democracia, los derechos civiles y políticos.

El choque de la percepción, desgraciadamente, en auge y con mayor difusión siempre comete, sistemáticamente, el error de no comparar las condiciones materiales con las de hace unos años, pongamos, aunque sean, solo veinte atrás. Se anhelan “paraísos” ocultos en épocas donde el hambre, la enfermedad y la guerra acababan con impedir todo crecimiento de población por más que se afanen en idealizarlos. Sin embargo, me temo que toda muestra material que contraste con las afirmaciones de nuestro autor se perderán, no por refutación, porque como demuestra en su texto, no le importa lo material sino los espíritus no distintos a los de cualquier religión, solo que secularizados.

¿Cómo es posible esto? ¿Cómo ha podido la Europa de los científicos, filósofos y artistas, la Europa humanista, dar lugar, junto a los Derechos Humanos y la Seguridad Social, a los campos de exterminio y a la explotación capitalista?

Aquí todo, y el más determinante de los evangelios del oscurantismo cuando se mezcla Seguridad Social en tono positivo con el mito de la explotación capitalista, por supuesto, en la parte más negativa, tanto, quizás, como los genocidios. Desvelemos el tinglado. La Seguridad Social, por primera vez instaurada en la Alemania autoritaria de Bismarck e instaura en numerosos países por los regímenes fascistas como la Italia de Mussolini o la España franquista, es un esquema Ponzi, un sistema piramidal financiero -”estafa piramidal”-, que cualquier que cree un negocio o iniciativa social con tal esquema es considerado un delincuente. Fue aplicado por gobiernos de ideologías totalitarias para reforzar el control social y hacer que todos dependan de todos por lazos coactivos que supone adherirse a algo no elegido ni resoluble. Económicamente es un sistema alimentado del incremento de la población que con la baja natalidad está destinado a arruinar a todos o a ser disuelto. El mito de la explotación capitalista puede enlazarse con una especie de asco a ensuciarse las manos con orígenes en las aristocracias tradicionales. Aristóteles expresaba a este propósito:

No hay amistad ni justicia para con los inanimados. Ni para con un caballo o un buey, ni con un esclavo en tanto que es esclavo, pues no tienen nada en común: el esclavo es una herramienta dotada de vida, y la herramienta un esclavo sin vida. Por ende, en tanto que esclavo no es posible la amistad con él, pero sí en tanto que hombre.

Otro elemento al que se atribuye la explotación es al trabajo en general por cuenta ajena, sin embargo, resulta difícil de defender esa teoría con ejecutivos, deportistas, cobrando millones o ingenieros y médicos con grandes sueldos. Esto, por lo menos, le resta su pretensión de universalidad y pone en tela de juicio las vagas abstracciones. La última de las curiosidades casi de la interpretación de la historia en la que en cierto tiempo todo tributo es una aberrante señal de explotación y en otro, contemporáneo, de avance social, aunque ese es otro tema. Aun así veamos en qué confluyen las ansias de emancipación:

Pero no emancipadora del (o para el) Individuo, el Estado, la Nación o cualquier otra entidad política convencional, sino más bien emancipadoras respecto-del Individuo, el Estado, la Nación…Precisamente lo que rechazan  es ese conjunto de ideas. Todas ellas deben ser deconstruidas, desenmascaradas. Lo que las sustituya, lo que venga, la “Comunidad que viene”, solo puede ser pensado mediante otros conceptos (o no-conceptos), posthistóricos, postmetafísicos, postpolíticos incluso, al menos según el sentido convencional de “política”.

Afortunadamente es sincero y establece que tomará la política sin hablar de política, que hará interpretaciones sumarias de la historia y ahondará en la especulación metafísica donde, con justicia, no puede decirse que algo sea falso o verdadero porque limitada está dicotomía a lo real y físico. Después de esta declaración el resto es poco menos que una fábula bien arreglada con kilos de maquillaje de ideas viejas que regresan, a lo “eterno retorno”, a ser de actualidad con su debida limpieza de cara aunque…

Hay que decir que no todo es un atropello pero aún así no resarce lo anterior y menos queda exento de crítica. El régimen nacionalsocialista alemán llevó, como dice, los términos biologicistas de la política al extremo, es decir, como define, al Estado y el Derecho como amenazas de coacción sobre lo corporal, en última instancia, sobre la propia vida, con los campos de exterminio. Supone con acierto, pues, que la Soberanía, Libertad y Propiedad reposan sobre el uso de la violencia. Cuando comenta el término de comunidad e inmunidad abre al paso una dialéctica sobre un compromiso común y lo propio, como defensa de lo externo, da, de nuevo, de lleno. Ahora bien, no es comprensible de qué modo trata con su habitual pesimismo la actualidad a la modernidad por basarse jurídicamente en la inmunidad. Aquí caben unas breves anotaciones sobre la urgencia e inevitabilidad de lo material. Libertad, que podríamos reducirlo -no sería la primera vez- a “propiedad de sí mismo” y, así, Propiedad, originalmente sobre lo material, son absolutamente necesarios en tanto que se conforman como conceptos apriori del discurso, visto de esta manera en Hoppe, o por sentido común, como imprescindibles. No es concebible un mundo donde uno mismo no gobierne sus actos, que es, al final, la implicancia del término Libertad (de los modernos), o sea, la no-injerencia necesaria que distingue el esclavo -que no se le reconoce tal potestad exclusiva- con el ciudadano u hombre libre -que se le reconoce y respeta su poder de decisión-. Tema, aparte, pues, el del papel de la ciencia en la determinación de, o aproximación a los factores condicionantes,de la conducta, algo que, en términos políticos carece de sentido introducir a estos niveles. Menos aún las especulaciones sobre el libre albedrío o su inexistencia.

La Propiedad es, por tanto, la continuidad lógica de la Libertad (y la cual la hace efectiva) pues introduce al cálculo el medio físico donde gozamos de la libertad, de la acción sin injerencias. En este ejercicio de análisis se ha de concebir “lo público” como propiedad de los gobernantes que son los que toman las últimas decisiones sobre todo “lo público”. Conviene no confundir el acceso “público” y sin precio a pagar al contado con “lo público” como propiedad de los gobernantes. Centros comerciales, urbanizaciones privadas y monumentos de titularidad privada pueden ser transitados sin pago; no por ello constan en “lo público”, cuya característica, insistiendo en entender bien esto, reside que actúa como propiedad de los gobernantes, donde ellos toman las últimas decisiones -y si el sistema es democrático: los ciudadanos tienen participaciones-. Concluimos que no se puede olvidar lo material al hablar de política o de derecho y que el tono de reproche acerca de la modernidad carece de alternativa posible salvedad de la alienación total a lo tangible.

La crítica al individualismo y su asociación con el régimen nacionalsocialista de Hitler es el colofón de un largo historial de despropósitos. Todo discurso del régimen aludía a la Nación y a la pérdida de la individualidad como se puede comprobar a poco que se tenga algo de rigor. En consecuencia, su relación de la inmunidad con la limpieza racial sólo es correcta en tanto en cuenta reconozcamos el colectivismo o comunitarismo que personalizada el régimen de Hitler. Expresiones antagónicas como Individuo y su interés personal con el servir a la Nación y el interés de la nación desmontan esta falacia, más extendida de lo deseable. En la misma línea niega la posibilidad del imperativo categórico kantiano por la incompatibilidad de la individualidad si se concibe la “vida como relación”. Aquí comete un serio error categorial porque la individualidad, paradójicamente, surge de la interrelaciones humanas, no al contrario como estaría de acuerdo A. Giddens o José Félix Tezanos. Es más, no existe relación humana que no sea de obediencia ciega y esclavitud que implique la negación al Individuo -como entidad física- de la potestad de negarse a algo o tener su propio interés, que en ocasiones coincide con unos, otras, con otros; además, dejando en evidencia una absurda idea de no-exclusión absoluta, un imposible físico antes que político o jurídico o, incluso, psicológico. De las relaciones de unos y otros es cómo se forma una realidad contingente, etiquetémosla como individualidad, puesto que no existen dos individuos -como entidades físicas- iguales en tanto lo psicológico. Juan Antonio se equivoca llanamente ¿o es que su pensamiento no es individual, su conocimiento no es individual, etc.? Esto es, proviene de la interacción con los demás individuos y con el ambiente, no sin ser una combinación única, la suya, como la de cualquiera, de interacciones. No sorprende en este punto que conozcamos al “yo” acto seguido del “tú”.

En definitiva comprobamos con sorpresa todo denodado intento de escapar de la cáscara material termina en unas crónicas de una muerte anunciada: una muerte teórica. La honestidad de arremeter desde la metafísica invalida todo intento de traslado de este pensamiento político, si es que puede ser así llamado, cuando no postpolítico, a la realidad. Para que no se abra a confusiones, lo material, tangible, y aquello de lo que no podemos escapar y, hasta como al final vislumbra, la no escisión “real” de lo natural con lo “impropio”, o creado por los humanos, “social”. Una verborrea en resumidas cuentas de oscurantismo, de conceptos vacíos y de crítica al aire con propuestas no menos áureas e ininteligibles.

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4 respuestas a En respuesta a Juan Antonio Negrete en “Política y vida”: al hilo del oscurantismo

  1. Hola, David,
    te agradezco, antes de nada, la atención que has dedicado a mi post y la crítica que te has tomado el trabajo de hacerle. Contesto aquí a esa crítica:

    Hay un aspecto de tu crítica que no voy a comentar: tu desprecio de la metafísica como palabrería ni verdadera ni falsa, como oscurantismo, tu idea de que solo me interesan los espíritus y no los hechos, etc. Sería un debate (metafísico) muy largo (respecto del cual no veo que ofrezcas ningún argumento). Por lo demás, he tratado de ese tema numerosas veces en mi blog http://www.dialecticayanalogia.blopspot.com, y no podría decirlo ahora mejor. Así que me referiré solo a lo que te preocupa, lo de la Historia, etc.

    Lo primero que tengo que decir es que, no sé si para bien o para mal, un elemento muy importante de tu crítica no debería ir dirigida directamente a mí, Juan Antonio Negrete, sino a los autores a los que estoy leyendo y de los que estoy intentando hacerme eco y ponerme en su pellejo. Como creo que se deduce de la lectura completa de mi post, estoy intentando leer a los filósofos biopolíticos, y anuncio una crítica para otros post (hoy mismo he publicado uno de ellos, criticando la apocalíptica de algunos filósofos). No soy un pesimista como el que dibujas: creo -y lo digo en el texto- que nunca se ha vivido con tantos derechos y tanto bienestar como en Europa, y todo eso.

    Ahora bien, voy a ponerme ahora en el papel del otro, del que no encuentra tantas bondades como pareces encontrar tú en nuestra modernidad. Creo que el mayor error en tu posición (la de los abogados de las bondades de la modernidad) es el que expresas en la frase: El choque de la percepción, desgraciadamente, en auge y con mayor difusión siempre comete, sistemáticamente, el error de no comparar las condiciones materiales con las de hace unos años… Parece que entiendes que una crítica del presente se debe hacer solo o principalmente comparándolo con el pasado: si cualquier tiempo pasado fue peor, ¿de qué tenemos que quejarnos? A mí esto, sin embargo, me parece una actitud, dicho con propiedad, conservadora y reaccionaria, pues se trata de compararlo con el pasado y consolarse. Y es un error interpretativo por tu parte leer las críticas a la modernidad desde ese verdadero sesgo tuyo: en ningún lugar del post que criticas se ha dicho que hubo una época pasada mejor; es más, se dice justo lo contrario (en una frase que hubieras debido, quizás, citar: “Las atrocidades humanas no son, desde luego, exclusividad del occidente moderno, ni en el tiempo ni en el espacio. Incluso se puede decir, quizás, que cualquier tiempo pasado fue peor y que no hay lugar como Europa para vivir”.). Pero una crítica de nuestro presente debe hacerse, no solo ni principalmente mirando a lo que ocurrió antes, sino sobre todo a lo que debería ocurrir. Y en este sentido, a mí se me ocurren demasiadas cosas que no pintan a nuestro tiempo como para acomodarse tranquilamente en él y pensar, con Fukuyama, que el capitalismo es el final feliz de la historia.

    Lo que en mi post señalo, y hago mío (respecto de lo que a ti te interesa), es que, si bien Europa y Occidente en general es el lugar donde mayores derechos y bienestar se han generado, con mucha diferencia, hasta ahora, es también el lugar donde han ocurrido los campos de exterminio nazis, donde ciudadanos alemanes exterminaban sistemáticamente a millones de personas y cometían crueldades difícilmente encajables con el halo de buenismo que algunos veis en nuestra modernidad. En la modernidad es, también, donde se dan las mayores desigualdades (nunca, ni en la época de los faraones, hubo tanta diferencia entre humanos del planeta). Y otros varios hechos negativos que conviene ver. Y creo que es pertinente hacerse la pregunta: ¿cómo ha podido la Europa de la Ilustración y los Derechos Humanos haber dado lugar o permitido los campos de exterminio y otras cosas? Por no hablar de que ahora mismo ni siquiera es previsible si los Derechos seguirán su progreso (siquiera para una parte del mundo) o se sumirán en, ese sí, un verdadero oscurantismo de Oligarquías plutocráticas que ni siquiera disimulan ya.

    Así que, aunque te felicito y animo por ser optimista (yo también lo soy), también creo que tenemos que hacernos cargo de lo negativo.

    Un abrazo

  2. anton dijo:

    No todo el tiempo pasado fue peor. En Europa tardaremos décadas en recuperar el nivel alcanzado en Centroeuropa y Pasies Nordicos entre 1945 y 1975. La ‘treintena gloriosa’ como la llaman los economistas franceses, el ‘capitalismo de rosto humano’. El nivel economico (pib/capita, indice de gini, indices salud, educativos, culturales, etc. )alcanzado por clases medias y bajas. Tus elites lo tuvieron bastante peor, seguro. ¿Sabes que paso en ese periodo? Los pib publicos europeos casi se triplicaron. Del 15 % al 55% en algunos paises ecandinavos. Economia publica en ascenso fulgurante. Financiada y gestionada de modo común. Esta es la mayor explicación este desarrollo social sin parangon en la histroia economica. .No lo veias tu asi, verdad?. Un dato, p. ej. la esperanza de vida ya esta bajando. Tampoco lo sabias, no. ? En fin, estudia un poco de economia antes de largar….

    Un detalle: El analisis del nacimiento de la Seguridad Social, Bismark etc. es un desproposito absoluto. Y superficial. Ni nacida la Seg. Social en una regimen totalitario (Bismark era un progresista para su epoca, ..)., ni esquema ponzi que nos lleva a la ruina solo basado en el crecimiento de la poblacion. Todo lo contrario. Es un mero seguro de vida, como cualquiera de los muchos privados que existen, y que sólo se diferencia en que esta financiado y gestionado por todos, por el conjunto de la sociedad. Como otras actividades economicas que ya son publicas: sanidad, educacion , desempleo, justicia, seguridad, etc. Es decir, pura economia publica. Comun. Social. Hacia donde vamos desde ya hace 4/5 millones de años. Versus economia indvidual, privada, por supuesto. . . Çue es lo que te duele en realidad, Donaire. En tu lucha por la recuperación de la libertad(y los superpoderes asociados) de la arcadia individual perdida al salirnos de las cuevas cavernarias del pleosceno.

    Saludos,

    • David Donaire dijo:

      Anton, antes de nada gracias por su comentario.

      Siento disentir, usted calcula la calidad la calidad educativa, sanitaria, etc. solo por el gasto público en esos ámbitos, una maniobra infalible para los aduladores de los gobernantes (que no del pueblo, claro). Ese “capitalismo de rostro humano”, cuando existía, compartía estancia con mayor pobreza mundial y más desigualdad mundial, que no por nación -al menos de las occidentales-. Esto es, en mi artículo, me he referido a algo bastante general y no al sistema actual que tiraría entero sin remordimientos. Los estados de bienestar mal que le pese porque no ve los datos no han parado de crecer. En España en la actualidad copa el 48% del PIB (hace una década el 34% del PIB) igual que en Suecia y en Europa la media del estado es muy superior a la época que cita, con lo cual, de primeras, razones hay para decir que la economía privada en la época que remite era más predominante que hoy día ¿no lo ha visto así?

      Suecia y Finlandia son dos de los países con más libertad económica del mundo y revelan cómo el mercado libre es causa de la riqueza y que, por tanto, al generar más, el estado puede extraer más lógicamente. Compare la libertad de mercado y facilidad de negocios en esos países, superior, por ej. a Estados Unidos ¿tampoco ha visto eso? (índice Heritage -mire la factorización para el cálculo de los índices- y Doing Business) Vea otro ejemplo, en los mismos Estados Unidos, el asistencialismo ha ido subiendo a lo largo del siglo tanto como para que el estado ocupe lo mismo que una socialdemocracia europea en la actualidad, sin embargo, arroja cifras de pobreza iguales que antes en términos relativos ¿por qué el gasto público nunca es el culpable o, por lo menos sospechoso? Siempre es el mercado ¿no es cierto?

      La seguridad social es un esquema ponzi y eso no cabe ninguna duda. No se basa en el ahorro sino en que las contribuciones de los trabajadores presentes que sufragan las pensiones de los jubilados presentes. Así, si en el futuro, por mucho que hayan contribuido los trabajadores presentes cuando éstos se jubilan no hay tantos trabajadores en ese momento, todas sus contribuciones se las lleva el viento. La alternativa no es (o solo es) que no haya asistencionalismo. Yo mismo admito la necesidad del mismo, pero no con ese esquema. Es toda una estafa. El estado puede ayudar a aquellos que no hayan podido ahorrar suficiente con unos criterios serios y claros. Pero la base, en mi opinión, debe ser el ahorro y planificación personal.

      Por último, se lo devuelvo, la realidad duele. Los estados son más grandes ahora que nunca en la historia y vemos que se asfixian y, como atan a todos, arrastran a toda la población con ellos a la pobreza si así termina. Claro, menos a los gobernantes, grandes empresarios y banqueros que alimentan la maquinaria de gasto y deuda que parece gustarle mucho a usted. Yo soy partidario de la libre concurrencia en el mercado y de un estado vigilante y subsidiario, que regula o interviene en la justa medida sin protagonismos, y los oligopolios del poder es lo que más repudio, es decir, esos “superpoderes” de los que hablas que no son más que los hijos del gasto desenfrenado y la sumisión de los individuos.

    • David Donaire dijo:

      Se me olvidó recalcar que yo a los tiempos pasados que me refería con que fueron peores remiten a hace siglos, no décadas. No soy tan ingenuo como para defender medidas lesivas actuales en plena crisis aún y decir que es el mejor de los mundos. Pero sí hay datos positivos a nivel global y que, por otra parte, el oscurantismo de ciertos autores puede ser peor solución que lo que tenemos porque aunque yo quiera cambios (pese a que sean, posiblemente en otra dirección a la que le gustaría) creo que siempre hay que ser cauteloso. No todo cambio es a mejor, incluso cuando las cosas andan mal.

      Un saludo

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