Robocop (2014): nos estamos pasando

Un pequeño apunte sobre una de las películas que están en cartelera y no sé si he tenido al fortuna de ver, o más bien debería llamarlo infortunio. Este filme dirigido por José Padilha rompe algunos de mis esquemas sobre algún aspecto central de la película que convierte su guión en todo una narrativa en una tremenda falacia. La historhttp://trencavel2.files.wordpress.com/2014/02/unademagiaporfavor-poster-oficial-robocop-2014.jpgia es conocido, pero, con atención a lo visto, bicéfala, una historia de un hombre destruido por una explosión, regenerado por consentimiento de su mujer en el cuerpo de un robot conservando casi solo la cabeza y poco más. Lucha por vivir lo más normal posible junto con su familia evitando lo que, en otro caso, sería inminente. A esa misma cabeza narrativa se le une con lógica las mismas intenciones de su esposa y de su hijo. La otra historia presenta un escenario socio-político donde se pone en duda si la seguridad de las calles puede o no dejarse en manos de robots, sin sentimientos ni ningún sentido humano. La Ley Dreyfuss impide que en Estados Unidos que la empresa Omnicorp -genial el nombre, ¿eh?- promueva que los cuerpos de seguridad humanos sean suplantados por autómatas insensibles. En esto que se vive un encarnizado debate público debido a la eficacia de los robots y una lucha en que se pone de manifiesto el combate del sentido lógico con el emocional.

La primera de la historias no merece mucho que comentar. Es lo típico: drama familiar americano, promesas, amor, lucha y tenacidad. Pero la segunda se trata ya no superficial, entendible si hablamos de una película con laxas intenciones de entretener, con indudable parcialidad, irracionalidad y, en suma, una tomadura de pelo. Como prueba se ven debates en un programa de televisión muy sesgado y favorable a la robotización de las fuerzas de seguridad pero también se muestran algunos de los debates del senado donde habita el tal Dreyfuss. La cuestión es que, después de ver, afirmarse rotundamente, la precisión y eficacia de los robots, cosa que en la película, al contrario de que si lo pretendido es dar una visión humanista, se le verían carencias y fallas solo solucionables por los humanos, el único argumento final en contra de ellos es su carencia de sentimientos. Aún más, en la misma película explícitamente ese combate de lógica y emociones que mencioné se expresa en el mismo protagonista, Alex Murphy, en el cual se demuestra la supremacía de la lógica y se dejan como tonterías humanas a las emociones: retrasan la toma de decisiones, hacen dudar, ser parcial, etc. En el filme no vemos una realidad tangible en el que se pueda ser favorable a que las fuerzas de seguridad sean humanas ¡todo lo contrario! Pero el argumento de los sentimientos cala, parece que vence con justicia cuando el empresario de los robots debe reconocer que no sienten a la capciosa pregunta el senador. He aquí la incoherencia y donde ganan visibilidad grietas que invitan a ver lo politizado de la película.

La falacia no sólo comporta el tema de la contradicción argumental en defender una cosa y mostrar las pruebas para, con razones, oponerse. También incluye y mezcla como en un potingue los esquemas de empresario malvado y tan avaro que se desentiende de toda ética y político bueno, honorable y luchador por el pueblo. Otro rol conocido es el de tertuliano del mal, ese analista político despiadado que no busca informar sino inculcar su opinión a toda costa. Así pues, en realidad, se intenta persuadir de que los robots son malos para ocupar los puestos de seguridad nacional porque el dueño de la empresa que los fabrica es un delincuente, toda una falacia de libro: que los robots sean convenientes no tiene nada que ver con los escrúpulos del dueño de la empresa sino en si son eficaces o no, o cualquier otro criterio referente a su desempeño, y no espurio.

El final, apoteósico, lo dejo escurrir aquí como prueba de más de los tejemanejes políticos, sucios y ruines de este filme con aspiraciones a representar una tertulia cutre en grandilocuentes imágenes: el presentador tendencioso apoya los robots basándose en que, en sus palabras, Estados Unidos es el mejor país del mundo. Entiendo que critica su desenfreno por seguir cualquier medida de control para garantizar la seguridad nacional. Pero por supuesto desde la óptica equivocada y con muy poca ética, tan poca como el empresario al que dibujan.

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