El papel de lo volátil, lo risible y lo discutible

Si el politólogo Samuel Huntington hablaba de Choque de civilizaciones, yo hablaré hoy de choque de saberes. Es un prisma con muchas caras, no sólo las dos de siempre y cuya respuesta, a la hora de elegir, parece más que evidente, a saber, Ciencia vs. Religión (el viejo amigo Gould…). No. Es que hay más. Ni todas las ciencias son iguales ni todo lo que se incluye obtusamente en el bloque de la religión es igual: véase las doctrinas propiamente religiosas, como las creencias seculares, interpretaciones, costumbres o saber popular, como quiera llamarlo. Así es que la modernidad no dejó espacio para más contrastes, pero la posmodernidad aún anima a superarse. La cuestión es que, por donde voy, y alguna vez sale una conversación con algún matiz de interés, las ideas sobre la mente, el alma, la ciencia, los grandes temas, siguen anclados en la cultura popular en la filosofía del bachillerato o en los grandes clásicos cuya obra descansa ahora en el saber popular. Por eso la triste tendencia de hacer un binomio de lo que no lo es: sea razón, sea emoción, como traté en uno de mis artículos no hace mucho. Pero también la triste costumbre a sentirse cómodo en la ciencia como si ésta fuera absoluta, o como si todo lo que se viste con el traje de bata blanca tuviera el mismo valor, intrínsecamente científico como utilidad a la sociedad.

En esta marea no todo es raciocinio estricto sino que, como seres humanos, buscamos logros concretos, buscamos realizar los sueños siguiendo el paradigma americano y anhelamos tener razón o el reconocimiento por algo. Tenemos la costumbre de buscar lo que nuestra intuición nos advirtió previo aviso, y la anteponemos como timón de un barco pirata en camino de la isla del tesoro. Ahí es donde entramos nosotros: esos motivos, guías, interpretaciones, significados, son lo volátil, lo risible y lo discutible. Son aquellos mitos que auto-generamos sin posibilidad de contrastación porque solo existen en nuestra imaginación ¡y con quién comparta esas mismas ideas! Son mudables, mutables, volátiles como el valor de las acciones en la bolsa. Al día siguiente, quizás, la idea cambie aunque sea en una mota de polvo pero porque son ideas que aprenden con el día a día intentando acomodarse a la realidad, ser útiles en definitiva. Que duda cabe que sin motivación ni espíritu de aventura todo esto no sería posible, tanto en el tipo de aventuras de Indiana Jones como las aventuras del intelecto. Es risible porque desde la racionalidad más cerrada, intransigente y arrogante todo se descubre como un cúmulo de meras ilusiones, forma conocimientos vacuos y engaña a la razón. Por último es discutible porque la mayoría de las conversiones de a píe van sobre cosas que no son las verdades ni absolutas ni susceptibles de verificar en tablas de verdad de la lógica. Es un continuo tú-a-tú sin término ni final: no hay contrato con cláusula que lo restrinja, la mente siempre anda produciendo y produciendo.

Como dije, sin embargo, tiene su innegable utilidad a la hora de guiar y embellecer aquello que se hace tanto que en su ausencia nuestra apariencia no daría ni envidia a un robot ni a un pinocho con ganas de ser un niño de verdad.  Así, como todos no podemos estar en todos los lados ni pensar en todo a veces, en este caso diría que inconsciente, delegamos a la división internacional del trabajo no sólo la fabricación de ropa o de trastos electrónicos, también de la de interpretaciones que capten en el sentido de la vida, los motivos, las interpretaciones de lo que sucede, puede suceder y debemos o no hacer. El papel de los trabajadores de lo volátil, lo risible y lo discutible les convierte en pensadores y filósofos, de los metafísicos o de los sacerdotes modernos de la moral y el buen vivir. Son guías casi sin querer que filtran sus ideas, complejas y alejadas de la comprensión del ser viviente que degusta telediarios como información, lee novela común y saluda (Hola) revistas. Llegan en forma de palabros que cruzan el umbral de lo técnico para mezclarse con lo cotidiano. Se expresiones y de gestos sobre las cosas, que estos, a su manera, sueltan en conversaciones, confirman en noticias y programas, como en periódicos y en blogs. Pero ahí es donde llegan. Alegorías sobre las formas de interpretar el mundo, quizás, poco objetivas, más bien de mundana subjetividad pero necesarias con tal de tener un argumentario donde qué, varita mágica en mano, hacer aparecer más bellas las cosas que nos motivan y reflexionamos.

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