Determinismo alimentario

  1. Come comida. La comida “limpia” te deja más satisfecho con menos calorías. Si tienes hambre come primero verduras, carnes y pescados sin grasa. Cuanto menos preparada, mejor.

  2. No hagas la compra con hambre. Comprarás muchas porquerías.

  3. No compres aperitivos en bolsa. Si no los compras, no hay tanto riesgo de que te los comas.

  4. Evita los platos preparados. Contienen enormes cantidades de grasa, azúcar y sal. Mira la etiqueta.

  5. Come despacio. Deja que la leptina haga su trabajo.

  6. No hagas otras cosas mientras comes. Saborea cada bocado y concéntrate. Si estás distraído es más fácil atiborrarte sin darte cuenta.

  7. Si comes frutos secos, que sean crudos. Ni salados, ni fritos, y sobre todo, sin miel.

Tratar a la gente como si fueran marionetas de instintos incontrolados es la última justificación para que la gente asuma su papel de títere de vez en cuando, cuando no le apetezca usar el cerebro o bien cuando haya hecho algo y no quiera tener remordimientos. Todo es muy absurdo, pero más absurdo es que nos lo comemos sin objetar nada. Todo el mundo se debe preguntar ¿cómo lo que quiero? Si es así, entonces no le pueden decir que no haga la compra con hambre (punto 2) porque estaría dando a la razón a aquellos que piensan que no tenemos el más mínimo auto-control, o es tan parcial, que, bueno, puedes romperte la cabeza, y usar la voluntad, en seguir estos puntos en vez de usar la misma voluntad en comer o comprar lo que quieres.

Este es un juego de creencias. Como estudiante de psicología conozco algunos estudios que versan sobre este tipo de consignas y que, más o menos, en ciertas situaciones se condiciona nuestra voluntad. No es sorprendente que si comemos acompañados y en un ambiente festivo tendamos a engullir algo más que si estamos solos y, además, tenemos prisa por salir pitando al trabajo. Pero que esto se de es circunstancial y no extrapolable a toda circunstancia, ni persona, etc. Por ejemplo, un vegetariano firme en sus creencias por lo animales o por la salud puede ignorar tranquilamente a sus compañeros de mesa comiéndose un chuletón. De hecho, lo que le costaría horrores es comérselo. Alguien que toma una lista para ir de compras habitualmente no tiene problemas con sus compras sea por la mañana, por la tarde o por la noche, llueva, azote el viento o truene. Así que, si tengo hambre, compraré lo mismo. Es fácil. Otra cosa es que creamos que debemos dejarnos llevar por la vista de jugosos manjares pero prohibidos. Si creemos eso ampliamos nuestra tentación. Nosotros mismos nos causamos ese efecto, se llama el efecto de profecía autocumplida. Es igual que quién depende de apenas tener alcohol en casa porque si tiene no podrá evitar beber más de la cuenta. Es un juego peligroso porque si por alguna razón un día se compra más -piense en una cena familiar-, los días siguientes igual sobrepasa eso del vasillo de vino al día, porque no sabe contenerse, no ha aprendido a contenerse, solo a huir. Y huir es de cobardes.

El punto 5 también tiene su gracia, ya que hasta que san leptina, hormona de efecto minimizador del hambre no actúe, parece nuestros instintos incontenidos no dejarán a servidor más que por vulgar pecador en manos de la gula. Si uno toma un tentenpié por la mañana o por la tarde, es muy posible que tarde menos de 20, incluso de 10 minutos en comerse esos pequeños bocados ¿y qué pasa? ¿no puedes parar? El 6 merece su comentario también. Es divertido, sí. Hay que concentrarse, y yo creo que todo lo contrario. Para que la comida se reduzca en valor hedónico (en ese efecto positivo psicológico que produce de saciedad) hay que restarle peso, no obsesionarse con ello. Así que, ¿qué mejor que alternarla con otra actividad con valor hedónico que compita con ella y reduzca su saliencia? Por lo menos es una opción más.

Lo de los platos preparados, por último, se resume en “mira la etiqueta”, cosa que contradice lo de “evita los platos preparados”. Sencillamente, si un plato preparado carece muchas calorías o de algo insano ¿por qué habría de evitarse? Si es que es de cajón. Con esto, aunque se podría hablar mucho más, cierro mis comentarios a la lista que leo en un blog de Quo, cual mandamientos, intentan estamparnos la biblia nutricional.

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