El darwinismo social

Siguiendo la tesis darwiniana de que los aptos sobreviven, los demás perecen, dicho así por simplificar, se ha extrapolado, como expondré, indebidamente, a la política. Sus orígenes se remontan al siglo XIX, evidente por ser cuando Darwin creó su teoría y, en parte, conveniente, por el liberalismo hegemónico, ideológico, de la época, sea en Inglaterra, sea en los Estados Unidos. De tal forma, algunos conocidos sociólogos como Herbert Spencer, fuertes divulgadores y apoyo de las ideas darwinianas y, además, acérrimos liberales, fueron como demostraré con poca razón enjuiciados como “darwinistas sociales”. El último de los puntos a tener en cuenta fue el hecho de ponerse de moda, si es que puede usarse esta expresión, de la eugenesia y el mejoramiento de la especie humana por ejemplo promovido por Francis Galton o por Rockefeller.

Pienso que el “darwinismo” es común a todo sistema político y social humano, sea cual sea, no hay forma de librarse de ello ¿por qué? Porque indistintamente de la estructura social en la que estemos, siempre hay formas mejores de adaptarse y otras peores, formas o estilos de vida más proclives al éxito y otras que lo son menos. Los individuos que toman las mejores decisiones, sean por su mérito o por su suerte o una querida combinación de las dos, toman los mejores puestos en la sociedad y al contrario con los que no. Este argumento es válido en todas las sociedades que han pasado por el enorme acervo histórico de la humanidad desde sus comienzos. Si en tiempos donde la enfermedad era casi sinónimo de muerte, sobrepasar los cuarenta años signo de respeto y donde las habilidades físicas parte esencial de la vida, no dista, el proceso darwiniano, del que se atribuye al resto de los seres vivos no humanos. En los tiempos en los que estamos, de la misma manera, creo que nadie duda que existen disparidades de oportunidades, de riquezas, de dotación genética y de conocimiento y disposiciones a tomar unas u otras conductas, unas adaptativas y otras desadaptativas al medio que nos toca vivir. Quizás, la duda sobre si sería válido el término, se ubicaría en las sociedades que adoptaron el socialismo o comunismo en su versión más radical. Pero en ellas también, primero, existen diferencias entre gobernantes y gobernados y, segundo, como han demostrado ser poco prósperas, surgen diferencias de los que consiguen ascender huyendo de esas sociedades y los que no, también de los que saben aprovechar ventajas de los gobiernos o de los mercados negros. Sin contar con que la gente sigue siendo distinta genética y conductualmente en estas sociedades. Así, pues, es poner puertas al campo. Somos una especie animal y, por ende, si las teorías darwinianas son ciertas, no seremos la excepción en todo el mundo animal de librarnos de sus efectos.

Sin embargo, si encuentro algún sistema que podría por analogía llevar el nombre de “darwinismo social” y es todo aquel que a los seres humanos bajo ciertos criterios que el gobierno imponga les prive de derechos como el de poder tener hijos. En este sentido se fuerza a extinguir cepas de genes, razas o determinadas características humanas que consideren los gobiernos indeseables. Algunos podrían asociar este mismo destino a las sociedades capitalistas liberales del siglo XIX pero, nada más lejos de la realidad, en Inglaterra entre el año 1800 y el año 1900 la población casi se cuadriplica pasando de los 10,9 millones a los 36,9 millones de habitantes. Esto es inédito sin duda y hemos de contar que mucha gente se emigraba a Estados Unidos o, en general, a las Américas. Por tanto no tiene sentido argüir que ni las condiciones de vida empeoraron para la generalidad sobre las condiciones de vida de antaño, previas de la revolución industrial y al liberalismo, en las cuales el hambre era la moneda de cambio, sumada a la enfermedad y la guerra, que impedían subir la población.
En definitiva, creo que podríamos usar el término de “darwinismo social” en la política pero restringido a las sociedades donde se fuerce a impedimentos legales a personas por sus condiciones intelectuales, físicas o étnicas o cualquier característica, a no tener descendencia entre otros recortes de derechos. Concluimos que aquellos que sólo vieron lo expuesto y connatural en esta entrada podían ser con justicia tachados de darwinistas sociales como Spencer, sí, en cambio, los que animaron medidas de los gobiernos para mejorar la especie como Galton.

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