Ciencia “apriori”

Hay tres, al menos, paradigmas científicos que comienzan de una forma muy similar y que, cada uno, halla su lugar en determinada área del conocimiento. De hecho, una se encuentra en la economía, otra en la biología evolucionista y otra en la psicología. Los paralelismos entre las tres son del todo curiosos y dignos de estudio, en especial, cuando dos de ellos, sean el de la psicología y el de la economía, son poco conocidos o perviven en corrientes minoritarios dentro de sus respectivos campos.

El evolucionismo, dentro del funcionalismo, es la primera en liza, por más conocida y más usada. Se basa en proposiciones analíticas a priori que después afina con distintos supuestos empíricos. Aquí solo me ocuparé del núcleo, es decir, de la parte apriorística-deductiva que subyace en axiomas auto-evidentes. Para el caso la supervivencia de los más aptos sobre los peor adaptados es, tanto universal como necesario, en todo tiempo y lugar. Es innegable que todo ser vivo se somete a la veracidad absoluta de esta proposición. Si sus facultades no resultan suficientes para adaptarse al medio tiende a desaparecer y, por el contrario, el éxito se cimienta en la posesión de una dotación suficiente para adaptarse y sobrevivir. Supone, además, un enfoque teleológico, de fines y medios, donde el fin último es la supervivencia y reproducción y el medio es constituido por los procesos de asimilación y acomodación del ser a su entorno. Estas afirmaciones cobran un valor de absolutamente verdaderas por irrefutables pero al mismo tiempo son huecas en tanto a explicación científica ya que no añaden ninguna información y conforman, pues, una tautología.

El segundo es el esquema del conductismo radical o contextualismo funcional de la psicología. En este caso, los seres psicológicos establecen relaciones funcionales con el medio a través de contingencias con dos valencias: positiva o negativa. Esto es, toda acción del ser psicológico funcionalmente se relaciona con un suceso que refuerza o no -el primero, aumenta la probabilidad de la conducta, y el segundo, disminuye la probabilidad de la conducta- teniendo por corolario que todo ser psicológico es un histórico de relaciones funcionales sobre las consecuencias de su acción, si es reforzada o no. Se trata de un modelo teleológico, también analítico y apriori, absolutamente verdadero porque no se inmiscuye en los contenidos al que son sensibles, ni responden, ni con qué, los seres psicológicos. Tampoco niega las predisposiciones ni determinaciones génicas o de otro tipo en tanto en cuanto, la misma expresión génica depende de una dialéctica con el medio, si se quiere, de inputs e outputs, de contingencias donde se producen tales intercambios y, necesariamente, como cualquier ser, no se trata de un sistema cerrado, si no que depende de la incorporación y expulsión de elementos dentro y fuera de él. Asimismo, al ser válido el modelo con lo psicológico, es decir, con su comportamiento, no es posible que contradiga la naturaleza material del ser físico -que también es-. Si el ser psicológico A está determinado (biología) a solo poder responder a un conjunto Z, en nada supone un obstáculo a la teoría, pues implica, de inmediato, que todo A no puede ser reforzado por todo x que pertenezca al complementario del conjunto Z.

El tercer esquema corresponde a la praxeología, o ciencia de la acción humana, empleado por la Escuela de Economía Austriaca. Supone que todo ser humano actúa y que, por tanto, tiene fines y medios, donde procede distinguir los objetivos o restricciones a satisfacer por determinados caminos, medios, para alcanzarlos. Evidentemente se trata de una estructura lógica de la acción y es no excluyente de ninguna acción por irracional que ésta sea o, incluso, si el agente en cuestión, actúa por capricho. Todo fin, como todo medio, es escogido subjetivamente porque es la alternativa sobre el conjunto Z de todos los posibles que más valora. Es apriori y analítico puesto que, de nuevo, no entra en los contenidos materiales ni distingue de los fines, ni medios, que sean mejores o peores desde el punto de vista moral o desde el punto de vista de la salud, entre otros.

Si observamos con atención, todos son modelos teleológicos irrefutables en tanto todo intento de lo mismo conviene en una imposibilidad material: no es posible que los peor adaptados al entorno sobrevivan más que los mejor adaptados ni que una pauta de comportamiento sea tal, y se repita, sin que haya sido reforzada contingentemente; ni que, por consiguiente, una acción carezca de fines analíticamente hablando o que no existan medios.  Los dos primeros son exponentes del funcionalismo y el tercero de la paradigma de la intencionalidad como única diferencia. Por último cabe destacar que no son explicativas debido a que, como se ha indicado, son tautologías, pero sirven de molde donde acoplar hipótesis y supuestos contrastables guiados en la interpretación por el núcleo. Como explicación adicional, los enunciados analíticos comprenden esta estructura datada de forma lógica en:

x ∈ P ⇒ P(x)

Es decir, el predicado está incluido en el sujeto. De esta manera, desde Kant, sabemos que no aportan información adicional y su validez es universal y necesaria. En plata, no puede ser de otro modo. Enunciados como “el todo es mayor que sus partes” se ajustan a este esquema.

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