El consumismo de arriba a abajo

El homo economicus tiene por corolario la sociedad de consumo donde lo material, y aquello adquirible con dinero, tiene primacía sobre otros valores que, quizás, en tiempos pretéritos tuvieron su lugar. Está consensuado, por lo menos por muchos teóricos sociales, y hasta en la gente de a píe que desoye de las parrafadas de la ciencia o de la filosofía, el hecho de que, aquí, lo que tiene valor es únicamente lo material, lo que el dinero puede hacer, y te permite hacerlo, y punto. Llegamos al escenario en el cual la gente se define por lo que consume y no por lo que es. La desnaturalización del ser humano escarmienta todo tipo de acto solidario y fomenta el clasismo, el egoísmo y el hedonismo. Algunos hablan de la sociedad psicopática como Lipovetsky. Y otros se lamentan como destruye la cultura y lo inmaterial.

Con la justa dosis de ironía declararé como bonita la exposición anterior. El socioanálisis es atrayente, pero trataré de hacer una justa crítica desde varios enfoques con el fin de poner a prueba lo que se repite hasta la saciedad no sin ciertos dejes de pesimismo y hasta con arrebatos apocalípticos.

Por el sentido común, es decir, desde la subjetividad, incluso desde cierta ingenuidad, puedo decir: “yo no me defino, ni entiendo a los demás, por lo que consumen”. En este punto, tuve alguna que otra conversación al respecto con seguidores del socioanálisis primeramente expuesto. Las respuestas convenían, primero, en mi ceguera supuesta, por no ver lo evidente y, después, en lamentarse sobre el lavado de mente que produce el sistema. En otras palabras, no estaba autorizado a disentir sobre el enfoque porque en caso de hacerlo, bien era víctima del sistema (pobrecillo yo), bien vivo en otro mundo (pobre mi salud mental). El caso es que si yo no defino a los demás, ni a mi, por lo que consumen, no altera la verdad… Por otro lado, como psicólogo y lógico, podría entender el suceso desde los sesgos de confirmación sobre las creencias previas, pero como filósofo de la ciencia, también por el carácter, si me permiten un inciso popperiano, de imposible falsabilidad de las proposiciones. Éstas no admiten método alguno para poder falsarse. Daría igual que miles de personas afirmaran lo que yo. Es más, tampoco tiemblan al decir que vivimos en el sistema capitalista (de capital) y que sea el consumo lo definitorio cuando el consumo destruye el capital*.

Otro de los argumentos en los que se apoyan es que en la economía se tiene a las personas como consumidores, inversores, ahorradores, empresarios o trabajadores ¿dónde está que las personas son personas? Pues eso, en ningún lado. A la ciencia económica no le corresponde crear teorías sobre el debe ser ni perfilarse los economistas como tertulianos escolásticos. Les concierne el papel económico de los agentes, personas físicas o jurídicas, que actúan de tal modo, o cumplen tal función, en la economía. Como se deduce el tema de los derechos y concepto de “persona” es de políticos, juristas y filósofos políticos y éticos. No de economistas. Sobre si nos preocupamos demasiado por la economía, mire usted, quiero comer todos los demás, asegurarme unos ahorros y tomar una cena fuera y una cerveza los fines de semana. Llámame consumista.

El problema es aún mayor porque desde el punto de vista sociológico me veo incapacitado a afirmar que la sociedad de consumo, que simplemente es donde la gente es más rica y ha salido de la subsistencia y pobreza, destruya la cultura cuando los mayores contenidos culturales, y en la mayor variedad, están disponibles al mayor número de personas en la historia. También me veo incapacitado para afirmar que destruye los valores humanos más elevados cuando es en la actualidad, hablo sobre el mundo, cuando menos violencia hay en el mundo como ha demostrado Pinker y cuántas más posibilidades de autorrealizarse en los fines más variopintos posibles hay.

Desde el punto de vista de la moral puede sentirme decepcionado con una sociedad cuyo top ventas es Belén Esteban. Sin embargo, tampoco me veo capacitado a censurar y limitar la libertad de expresión de las personas. Por otro lado, se magnifica este hecho pero también asistimos al momento en el que la divulgación científica tiene mayor calado y mayores titulados universitarios hay viviendo. Insisto en el argumento de la censura ¿Si no nos gusta algo estamos legitimados, e incluso, una sociedad democrática que se fundamenta en los derechos fundamentales de las personas, está legitimada a censurarlo? Creo taxativamente que no porque irremisiblemente nos enfrentamos a responder a ¿quién tiene autoridad moral para prohibirlo? ¿el político de turno, el sociólogo o el tecnócrata cualquiera?

Abro el debate desde todos los ángulos: derecho, economía, sociología, política, psicología y filosofía de la ciencia, la moral y ética y de la política a entrar en este asunto con rigor y sin moralinas ni interpretaciones que rayan en la religiosidad o en la angustia existencial.

*El capital es aquella parte de la renta que no es consumida.

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