La educación racional en peligro

La imprecisión del lenguaje es uno de los problemas que peor factura trae ¡incluso peor que la de la luz! Incluso en el lenguaje más perfecto, las matemáticas, existen imprecisiones o, para ser más concretos, expresiones las cuales dependen del contexto para poder interpretarse. Así, v.g., a+b podría ser una simple suma de dos elementos pero también podría tratarse de una suma de dos matrices con lo que, realmente, sería bien diferente. Para discernir si nos referimos a una u otra es evidente que debemos contextualizar la expresión en un marco previo, condicionada a otras, que se doten mutuamente de significado, y éstas alcancen a limar los errores de las interpretaciones. Si esto es así, imaginemos los malentendidos que puede haber con el lenguaje natural, el común. Es un asunto espinoso tener, por otra parte, por límites de nuestra expresión las mismas limitaciones que nuestro lenguaje. A este efecto, quién carece de las palabras o de la forma sintáctica, entendible, para transmitir una información, ésta podrá ser muy relevante pero no saldrá del bloqueado emisor.

Por esto, entre otras cosas, me parece un sinsentido el desdén público últimamente visto por muchos de los técnicos de la educación con la lógica, con la racionalidad y sus corolarios y acompañantes, casi podría decir, su “corte”. Suponen, quiero argumentar erróneamente, que los contenidos de la educación formal actuales son en exceso racionalistas, que no alimentan el alma, o que reducen todo a la adquisición de unos conocimientos que, posiblemente, duerman en el desuso con el paso de los años. En contraposición las propuestas reconducen la oferta en pos de proposiciones como educación social, con contenidos sobre el manejo emocional, sobre civismo o ética. Algún intento tímido en esta formación se dio con Educación para la Ciudadanía cuando, coexiste, o sustituye, a la religión de siempre. Otros intentos son los promovidos por muchos ingenieros sociales del campo de la psicología, de la neurociencia o de la sociología, que se han traducido en programas de educación emocional, cuando no, los consabidos, normalmente impartidos en charlas ocasiones, sobre educación sexual o temas sociales varios.

Mi punto sin embargo me lleva a tomar una posición por entero contraria a esta tendencia que no dudaré en tachar de extremadamente peligrosa. El diagnóstico primario es que la carencia es la de la racionalidad mal confundida con la memoria muchas veces. Los datos han de procesarse y estos pueden enlazarse por medio de la intuición, del sentido común o de creencias o bien ser juzgados a través de las ciencias formales de la lógica, las matemáticas y también las que se aplican a la argumentación. Si observamos, el nivel en matemáticas es uno de los que más correlacionan con el éxito profesional no por casualidad ya que es un conocimiento que en la sociedad actual más aporta valor y, para nuestra desilusión, en España es un todo un abismo en tanto a nivel en esta materia. Luego, se hace jocoso los comentarios sobre la educación en el pensamiento crítico cuando no se enseña con uñas y dientes los métodos en los que se basa el pensamiento, por tanto, nos desentendemos de las herramientas críticas y nos atrevemos a enjuiciar. Como sugerí, si no se ha interiorizado, y aún más si se ignora, la lógica (de todos los tipos), no cabe más remedio que emprender los juicios con los métodos más rudimentarios del sentido común e intuición o, como me gustaría destacar, aflorando todos los prejuicios en la crítica. No nos sorprenda, pues, que la manida, así llamada, educación en el pensamiento crítico o cosas del estilo no se componga más de contenidos ideológicos socialmente aceptados, o más o menos transversales, de los que, solo a unos pocos, quizás, les sobresalten, pero irremediablemente, no hay más que un pozo de adoctrinamiento.

No puedo acabar sin ubicar el lugar al resto de las materias que, parecen precisas y necesarias, como pueden ser los valores cívicos, la moral o la educación emocional y personal en todos los ámbitos. Aquí no cabe que las familias claudiquen, o deleguen como suele ser habitual en terceros, en tener su papel clave en la educación integral del niño. Aún más, no está de más, promover una oferta educativa dinámica en horarios extraescolares o en otros centros donde se hallen otros contenidos, sin olvidar que gran parte de los contenidos a dar, son adquiridos en su mayoría con la correcta socialización que tan sólo necesita de una suficiente vigilancia y, si se quiere, del consejo técnico, pero no más allá. Soy partidario, no obstante, de que se aprendan los fundamentales del derecho vigente y de la economía en su parte más útil para la persona dejando las valoraciones en lo privado de cada persona a la que se le proporcionarán los medios técnicos, los métodos como señalé antes, o sea, la ciencia formal y lengua.

En conclusión, no nos engañemos, la racionalidad está en peligro y con ello siempre el abuso de los políticos o de las élites en cada momento dominantes. El pensamiento crítico nunca es crítico sino es individual y no es sancionado por los métodos que con tanta atino ha creado en la historia la humanidad. Como advertí al principio de esta entrada el lenguaje es ambiguo y hay muchas cosas que como se llaman de una manera que parece una cosa, creemos que son tal cosa. Ya sabemos que una mentira contada mil veces se convierte en verdad.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s