Suerte-vidente

La predicción es un camino de histeria y de ansiedad por el error esperado, del que no se puede, bajo, casi al menos, por ningún medio escapar. Así, encontramos en pleno siglo XXI como todavía mucha gente, sobre todo en los estratos más bajos de la sociedad, cree en ciertas prácticas esotéricas. Pero aún más, los chismes, aunque más sofisticados y modernizados, suscitan la curiosidad de los estudiantes más aplicados o, sin metáfora, los más exitosos y cualificados en la sociedad. Se asiste, pues, a un proceso de innovación en el esoterismo, como en la espiritualidad, que antes con uso monopólico de explotación por parte de la Iglesia, ahora ronda en un sinfín de actividades, que si bien algunas lavan su imagen en una supuesta ciencia, otras demuestran más honestidad presentándose como estilos de vida alternativos. En otras palabras, seguir un credo y actuar en referencia al mismo. Un sistema heliocéntrico, o para el caso, ideolocéntrico. Creo, por otro lado, que  el vocablo más ajustado a la situación. Uno que redime el hecho de que el paso del teocentrismo al antropocentrismo haya retornado a una versión cool del primero: ideolocentrismo.

¡Todo en base a la predicción! Rebosa el escepticismo cuando las promesas de los técnicos, de esos profesionales avezados, yerran, y encima, también, son tan diversas como gustos. De esto se extrae una tórrida conclusión, que al tiempo no deja de ser una suerte de esbozo pesimista: la variabilidad, el inconcluso método exacto de la ciencia, da, por consiguiente, una técnica y una ciencia sometida a la doxa -opinión, apariencias, hasta de moda-. Una subordinación interesada que convierte el juicios informados en opiniones y exabruptos impulsivos en, también, opiniones. O sea, mejor no currarse las cosas ni indagar porque todo tiene el mismo valor si así conviene, y si no, siempre es preferida la idea que concuerda en cuerpo y alma con las preconcebidas o con las intereses que respaldan al hablante. Y esto es normal en tanto en cuanto aprendemos matemáticas en el cole, pero no las reglas de la lógica, en todas sus variantes, ni de la argumentación. Flaco favor al pretendido juicio crítico que encuentra un insolvente eterno pretendiente en nombre del sistema educativo.

Las explicaciones retrospectivas de todos los actos son tan incontables como incontables son las verdades aparentes en ellas. Con ver un programa de Redes es suficiente. Siempre estamos explicando por la espalda, pero en el frente no hay ni un valiente salvo aquel que, por accidente o por condición de vidente, acierta y esto le precipita a la fama como gurú de turno. En realidad, dirá tantas cosas que siempre, salvo que caiga en el craso error de hacer afirmaciones taxativas, podrá justificar sus fallas hasta, no sin arte, transformarlas en las mariposas del acierto blandiendo las alas con elegancia, y vistiendo traje de gala.  Los cisnes negros son como las nubes que aparecen en un santiamén sin previo aviso, tapan todo el celeste del cielo y atacan con lluvia memorable hasta en tiempos de Noé. Esto no nos hace recapacitar lo suficiente, salvo en cómo, de las mil maneras más originales, se puede, la próxima, caer en la misma piedra. Y eso no mola en verdad.

Los atajos intuitivos siguen siendo de utilidad cotidiana, y no tan cotidiana. La suerte es un factor, o llamémoslo azar o, simplemente, lo imprevisible, más determinante de lo que se piensa y se quiere que sea. A nadie le cae bien salvo a quién le sonríe, pero resulta a aquellos que obtienen de ella la mejor de las sonrisas, en realidad, han sufrido las turbulencias del sangre, sudor y lágrimas. O eso es la norma general, aunque no públicamente divulgada. La suerte se empieza buscando pero como si no se buscara. Es una antinomia psicológica donde el que la cree atrapar es tan torpe como quién, obnubilado en su mundo autista, se choca con la farola de turno en un episodio de épico humor. Quién no la atrapa, ni busca incesantemente cual minero a por oro, a veces, es recompensado, y más veces, sin que siquiera se dé cuenta. A lo mejor las arduas horas de trabajo justifican el buen resultado o… las horas de trabajo bien dirigido te llevan al tribunal de la suerte que falla en tu favor. No lo sé, pero intuyo una combinación que bosqueja ambas posiciones dejando en el tintero los absolutos por las dos partes. Para el caso, nunca mejor empleado, no podemos predecirlo ¡pero qué bien quedan las retrospectivas cuando unimos causas con efectos en perfecta armonía y sentido!

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2 respuestas a Suerte-vidente

  1. Eva dijo:

    Buen análisis, David.
    He observado que las personas que le gustan ver el programa de Redes suelen usarlo para fantasear con la idea de que ellos también son entendidos de la ciencia.
    Redes, el programa, que quizás sin mala intención, sabe alimentar la carencia que muchas personas tienen sobre temas científicos con un saco de palabras de nombres rimbombantes y explicaciones a medias.

    Saludos.

    • David Donaire dijo:

      Sí, creo que es exactamente eso. Es como prensa del corazón, sin menoscabo de algo útil, sobre el tema. Los que banalizan la ciencia, esos posmodernos, con que es una mera narrativa más, con cosas como esta, “la ciencia de masas”, efectivamente, así se convierte.

      Un saludo!

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