Una breve discusión sobre las leyes

Legal positivists are primarily reacting against a view of the nature of law called natural law theory, according to which something counts as a law at all only if it meets certain moral standards. Austin was interested in separating two questions: ‘What is law?’ and ‘What laws should we have?’

Cuestionarse la ley es casi cuestionarse la autoridad divina en muchos aspectos, más en concreto, la del Leviatán de Hobbes. Sin embargo, no es nada extraño discutir sobre la justicia de las leyes, de hecho, el mero de la participación política -o hablar llanamente sobre el tema- remite finalmente a este tema porque, si no somos ingenuos, la política actúa a través de la ley. Lo curioso del caso es que, tal es la costumbre de debatir sobre el tema hasta de modo relativamente cotidiano, que no alcanzo a comprender el poco conocimiento que se tiene sobre las cuestiones filosóficas, al menos las básicas, que rodean al concepto de ‘ley’.

Trato de explicar este hecho por medio de, precisamente, la costumbre en acatarlas y las vías y mecanismos que bien conocidos de cómo promulgarlas en los estados, dentro de la democracia. Empero, quizás estemos (muchos) dejando por el camino precisiones importantes de cómo deben funcionar o, cuando yerran, por ejemplo, y sancionan temas morales, o pensamos que de verdad son imparciales, nos hagan caer en la perplejidad que emerge de la ignorancia. Intentaré hacer una introducción breve y concisa, también amena o llevadera del tema que nos ocupa, situándolo además en el mundo que vivimos sin futuribles ni pretéritos pluscuamperfectos.

La ley es una regla que relaciona por una razón un comportamiento contrario a su predicado como punible. Solo cabe, pues, comportarse de acuerdo a la regla o en contra de ella y sufrir la sanción correspondiente. No es empero un mandato como otros han intentado explicar puesto que no sólo son obligaciones mandadas por la autoridad respaldada simplemente en el castigo en caso de no cumplir, sino que exigen, o esperan, un comportamiento movido por una razón.

Sabiendo someramente qué es una ley, hay que despejar el nudo gordiano de la cuestión: ¿las leyes son justas? ¿cómo sabemos si lo son? Como vivimos donde vivimos, época del reinado del positivismo jurídico (legal positivism), la ley positiva no tiene nada que ver con su moralidad ni justicia. Es el punto central de la filosofía positivista en el Derecho. La ley comporta la descripción dada con anterioridad, pero no guarda relación, ni tan siquiera espuria, con su contenido moral. Esto, sobre todo, pensando en que la moral es subjetiva y, por tanto, ajena a la ciencia o a todo descubrimiento objetivo. Es, pues, tanto buena o mala, según la percepción de la persona. En este sentido, intrínsecamente, la ley es amoral, y sólo el observador le dota de contenido moral o ético.

Evidentemente existen enfoques distintos, primero, los decimonónicos que intentaban de hacer de la moral, la ley, antes la divina, después fue el llamado Dº Natural. Por otro lado, hay enfoques que intentan combinar los dos enfoques anteriores, iusfilosofía, es decir, leyes argumentadas a través de la filosofía, y otras por medio de la acción legítima del legislador, respaldado en el poder. Finalmente otro enfoque es el que piensa que la ley es producto de la interacción social o de la acción humana y que a través de la costumbre y los usos se genera derecho realmente.

Dicho esto debería destacar uno de los problemas más graves del positivismo y es que, por sí solo, podría justificar genocidios, masacres, robos o privaciones de libertad tan sólo por el neutral uso del poder. Esta frialdad de la ley motivó, ciertamente, otros enfoques de la misma. Igualmente que sabemos que la democracia no se basa sólo y exclusivamente en las decisiones de los representantes del pueblo sino que estos tienen límites en los derechos individuales ya que, si no, podrían darse mayorías que aplastaran literalmente minorías o, simplemente, mayorías que quitaran los medios de comunicación de la oposición o prohibieran sus estilos de vida injustificadamente.

Ante esto, dejo al lector preguntarse con qué opción se queda que, ahora por lo menos, tiene un punto de partida.

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