Toda locura tiene algo de razón

I was raised from a broken seed, I grew up to be and unwanted weed.
Ever faster the time exceeds me, little harder again to remember…you.

[Nací de una semilla rota, crecí para ser una mala hierba indeseada. Incluso más rápido el tiempo me sobrepasa, más difícil es, otra vez, recordarte]

Levantaba los píes del taburete improvisado donde reposaban, y allí sentado leía plácidamente un libro. Uno interesante, como otros tantos. Uno que divergía en sobremedida de los demás hasta entonces. Me hizo ver las diferencias de todos ellos y dejar de ver las similitudes o, dicho en plata, dejé de ver exactamente lo que deseaba ver. Cobraba importancia replantearse en cada instante las cosas, como aquellas cosas que se dejan pasar y son creídas como ciertas sin haberse comprobado. Es una sensación extraña: abriga sensatez y ausculta temores con minuciosa precisión allí donde diriges la mirada crítica, en especial, cuando el espécimen a examen es uno mismo. Extraje una frase seguramente fuera de contexto pero sugerente: «Es una conjunción espiritual, que se alimenta de imaginación, sueños, viajes, huidas, aventuras, renovaciones, fantasías, palabras, palabras, palabras». Recitada en voz alta es aún más bella. Cuando sabes a qué se refiere, todavía asciende un escalón más en su expresividad. Queda todo a tu libre interpretación.

Y es que aquella obra puede enmarcarse en el pensador de Rodas. Esa estatua que reza un hombre apoyado sobre su rodilla con uno de los codos y el puño sosteniendo la barbilla. Esa es al foto que se le puede decir a los momentos de reflexión, de esos que son accidentales, no vienen a qué, por pura inspiración, embriagada imaginación o puras ganas de evasión. Donde aguardan las dudas existenciales aguarda el cajón, no de las respuestas, ni la guía a ellas, sino un laberinto del cual no salir. Igual nuestra mente ha sido construida para mantenernos en la ignorancia y tan sólo llegar a proferir aforismos como sólo sé que no sé nada. Puede darse el caso que ni siquiera se pueda estar seguro al afirmar esa antigua oración.

Somos una mala semilla que ha eclosionado en hierbajo; de ésta que florecerá en brillante flor con la madurez, o el peso de los errores que son en verdad la misma cosa.

How can I feel abandoned even when the world surrounds me
how can I bite the hand that feeds the strangers all around me
how can I know so many
never really knowing anyone
If i seem superhuman
I have been
misunderstood

[Cómo puedo sentirme abandonado cuando el mundo me envuelve; cómo puedo morder la mano que alimenta a todos alrededor de mi; cómo puedo saber tanto; (y) realmente no saber nada. Si hubiera sido Superman, habría sido malentendido]

***

De repente no sabes donde estás, pero hay mucho ruido. Todo se sucede rápido pese a que la noche es una realidad cernida al cielo. Los neones avisan de la actividad en la calle. Todo el mundo tiene una dirección. Tú, no. Te detienes y observas de todo tipo de cosas extravagantes en las vestimentas de la gente o deduces qué pueden ser, o dedicarse, e incluso los motivos que llevan celosamente dentro por, y únicamente, apariencias someras, rápidamente intuidas, en un breve ejercicio mental que suspira en un parpadeo. Lo sabes todo pero sabes que sólo es una nueva apariencia fruto de otro de esos elucidadores parpadeos. En tu interior pasa una narración de la voz de la conciencia contando los detalles de las cosas dotando de sentido el trajín que mueve sin cesar la calle.

Sientes el deseo o quizás la tentación de tener un camino y un cometido qué hacer en medio de los cruces, algo que propulse en algún rumbo primero tus piernas, después ubique la atención en algo cierto. Deja de divagar. Sólo en ese instante de reflexión das un giro hasta entender qué es la libertad de poder elegir. Como en los juegos de mesa, tu turno es ahora, y mueves ficha, todo lo que te demores es una pérdida irremisible. El problema es que el pensamiento no crea las cosas, las cosas están ahí fuera, las tienes que trabajar. La imaginación comporta una fina lluvia de ideas pero, como quién dice, el noventa y nueve por cierto es traspiración.

Te dejas llevar. Encuentras a alguien. Hacía tiempo que no le veías. Muestras la sorpresa, correspondida. Muestras una sonrisa más por cordialidad que por sentimiento. Posiblemente hablabas. En esos momentos olvidas tu entorno, los ruidos son filtrados, el movimiento y ajetreo es minimizado a una intuición de fondo. Apenas perceptible; todo ronda en favor de unos oídos y ojos teledirigidos a un solo objetivo. Es sorprendente pero antes de darte cuenta emerge una sensación que es distinta a todas las demás, y subyace en la más honda necesidad. O no sé si deseo. La cortesía del principio se convierte en una convencida intencionalidad de agradar. La correspondencia de gestos se adviene como un espejo que evalúa si lo haces bien o mal. Las palabras son como un fluido que sintoniza en el aire, en medio de la muchedumbre, o entre las miles de luces de colores, y las distracciones. Miras a los ojos. Regresas entonces. “Oye, ya me tengo que ir”, te dicen, y respondes con la misma moneda con un tímido asentimiento.

Despiertas solo de nuevo en medio de la calle. Sabes que debes regresar de donde viniste. De los sueños no se vive, por muchas películas que se hayan visto y se tenga esa habilidad nocturna de guionista, o de cupido. Ni la lentitud de las escenas es real. Todo pasa rápido, pero la sensación es de pesantez. Erguirse con el sofá de nuevo, con el libro bajo los brazos. De nuevo emerge esa sensación de falta. La alarma de que algo se ausenta y es importante. No sabes qué pero el tono de agitación es propio de emergencia. Esa sensación en el estómago… Todos los sueños tienen algo de real; pero como toda locura tiene algo de razón, y todo uso de razón no exime de una parte de locura. No todas las flechas envenenadas saben amargo, y algunas hasta saben a gloria. Hay empujones que animan a buscar la flor escondida, o el cáliz de plata, procedentes de lo más inconsciente. A veces son los arrebatos los señuelos que izan las banderas en alta mar y sirven de guía a la empresa por delante que realizar. No es más que poner en marcha ese noventa y nueve por cierto de transpiración, que la inspiración ya ha cumplido ¿no?

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