Electricidad social

El gobierno nos ha asustado con el anuncio del incremento del precio de la luz en un 11,5%. La subasta de la electricidad se fue por las nubes con subidas del 26% y eso, como no puede ser de otro modo, repercute en el precio al consumidor de forma inevitable. Ahora bien, el primero de los puntos incoherentes de esto es ¿por qué si los costes han subido un 26% como resultado de la subasta sólo sube el 11,5% en el precio? Bien, esto es debido a que el precio de la energía, libre, tan sólo constituye el 35% del coste total del producto. El resto del precio no proviene de las subastas, ni guarda relación alguna con las eléctricas en sí. Son, pues, los costes políticos en su mayoría.

Como podemos observar en el gráfico (1) los costes de la energía han perdido peso en el total en favor, sobre todo, de las primas a las renovables, las ínclitas, que se han llevado más de 8.000 millones de euros y han suscitado, por añadidura, incrementos en la producción total debido a su producción de energía no sólo es más cara, también es discontinua y debe complementarse con otras plantas de energía. Otra de las partes destacadas son los impuestos, como todos, más elevados.

Aun más, la energía en costes reales ha descendido un 15% de coste, 25% nominal, desde aquellos años como puede verse aquí. Es decir que ni siquiera se puede decir que, aunque menos, hayan estado subiendo los costes de la energía: para nada. Han descendido y los políticos con sus medidas desastrosas han ido como cosacos incrementándolos mientras la marejada de las culpas se vierte sobre las empresas capitalistas como es habitual, y conviene a los gobernantes, puesto que es la excusa por la cual ellos siempre ganan más poder.

Demos algunos datos más: si toda la energía fuera producida en España con renovables el coste de la luz ascendería en un 300% a los precios actuales. Es decir, ¡páguesela quién pueda! A no ser, querido público, que quieran que sea sufragada como derecho fundamental, por la vía de los impuestos, donde entonces cabe preguntarse qué recortar a cambio de esto. Que no sería poco.

Otro: Parece que en la batalla de los ministros por el megalómano control, hablamos de Montoro y Soria, ha ganado Montoro, y el precio de la subasta obedecía a un pago prometido de unos 3.600 millones de euros que al final ha pasado a otras manos en pos de la política de control de déficit. Sin este pago, y al no comprobarse ningún incremento de los costes de producción, invariablemente han debido subir los precios en virtud de éste ¿o a ver quién paga ese monto?

En definitiva, el frenesí que ha llevado justo al día siguiente al gobierno a replantearse el sistema energético, a hacerse los buenos y llevarlo a la Comisión Nacional de Mercado y Competencia para que les dé la razón no es más que una aberración de excusa sobre el interés general. Mi conclusión es clara: los políticos son responsables de los costes de la energía, pero no sólo de eso, que podrían reducir en más de un 50% con la debida osadía política, sino que son responsable de cierres de empresas, bajadas de salarios, despidos y de reticencias en la inversión en toda la economía por subir los costes de la energía a los terceros, nada menos, de Europa, y los dos primeros son dos islas (Chipre e Irlanda).

¿Por qué nadie se manifiesta para que los políticos desregulen los precios?

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