La complejidad de la vida y los ejemplos que rompen la baraja

Ángel Martín Oro escribe en su blog bajo el título de La Banca Ética como, de la mano de lo que después describe como un hombre excepcional en sus principios y valores, BB&T, un banco, ha salido ileso de la crisis habiendo gestionado con prudencia en un mar de tiburones. Después de tanto llover no es necesario explicar los excesos de la banca ni allá lejos, ni por qué se han ganado a buen seguro la etiqueta de todos sus directores, los banqueros, de ladrones. Sin embargo, siempre es bien recibido uno que, pese a todo, ha cumplido cuerdo con unos valores y su notable gestión fundamentada en el buen hacer, además de ser loable, da sus frutos. El tema de fondo que preocupa a Ángel no es otro que: ¿teoría económica o moralidad (o hasta qué punto cada uno)? puesto que, desde la teoría económica se postula que los agentes económicos, y este caso, los banqueros, tenderán a seguir los incentivos que sazonan el camino donde hallarán más beneficios económicos y en el plazo más corto posible. Coherente con ese postulado, si se quiere revertir los males del sistema financiero (y de otros) habría que acometer reformas en la estructura de incentivos de manera que el mayor lucro personal coincidiera con la mejor actuación social -que menos daño, o más beneficio provea a la sociedad-. Este insólito caso de banco y banqueros conviene en revivir la crítica más intuitiva como netamente humana: los problemas son de la deshonestidad, de la falta de moralidad y no del sistema que no determina a los individuos, éstos conservan su capacidad de elegir sus actos.

Lo lógico es que la masa de personas indignada por la mala gestión de la crisis vierta, no sólo las culpas, sino todo el peso del problema, en las manos de los gestores políticos como los actores más próximos a los sectores caídos en barbarie: la construcción, los bancos… La mayoría de las personas no entra en disquisiciones sobre las dimensiones de los incentivos en juego sobre autorregulación de los mercados o sobre los efectos de determinadas leyes sobre éstos o de decisiones políticas concretas. Se señala a los culpables y pasan por el escarnio público, ellos, y a quiénes arrastren. La excepción en este caso no confirma la regla sino cuestiona la ley que supone que el ser humano es un mero monigote en busca de la maximización de sus beneficios y disminución de sus pérdidas ¡y esto no sólo es propuesto por una parte de los economistas! También es exhumado de teorías biologicistas o psicologicistas del comportamiento moral humanos. Un ejemplo claro es este burdo intento de cientificación (u objetivación de la moral) desde la filosofía asumiendo premisas de la ciencia dura:

By its own intrinsic nature, the most overriding value any conscious agent will have is for maximizing its own well-being and reducing its own suffering. This includes not just actual present well-being and suffering […]

All of the above is constrained (and thus determined) by natural physical laws and objects (the furniture of the universe and how it behaves).

Puestos así, el modelo ideal de humano “moral” sería un psicópata… Está claro que alguien no ha entendido qué son los valores ni los sentimientos morales. Por suerte el mismo Ángel menciona, certero, un postulado de Hayek:

[…] la maximización de la utilidad o de los beneficios (entiéndase esto de forma laxa, no pensemos en el homo economicus), y el seguimiento de unas reglas.

Pero, entonces ¿leyes económicos o valores? Realmente ambos. Las personas podemos actuar contra incentivos y son pocos los casos, son muchos afortunadamente. Si no pudiéramos actuar contra los incentivos significaría que estaríamos plenamente determinados por nuestras condiciones materiales y a menos que de verdad existiera cierta ley de la historia que apremiara a los cambios sociales (a bien, se entiende) no saldríamos nunca de los más funestos sistemas. Lo cierto es el que conocimiento, los aprendizajes, se extienden en una nebulosa cuya comprensión dista de ser posible de administrar por nuestra limitada mente como escribí hace relativamente poco. Por eso, a pesar de Marx, hay desclasados, hay gente que no sigue con las expectativas que podamos tener de ellos. Por eso la infraestructura de la sociedad no determina la conciencia y, como aseguran muchos economistas austríacos, los beneficios no sólo se limitan a lo monetario sino también a lo psíquico. En resumidas cuentas: contar con unos principios y normas de conducta adecuadas limita los problemas en cualquier sistema, mejora el bienestar individual como el colectivo, a pesar de las tendencias de fondo que podamos observar racionalmente con los ojos de la ciencia.

En definitiva coincido con Ángel al final cuando señala que, a pesar de que hipotéticamente pudiera haber banqueros con valores (ja, ja), los problemas de información derivados de las manipulaciones, en nuestro caso, de los tipos de interés producirían problemas inevitablemente. No lo dudamos, sin embargo, cierto es, que podrían ser sacudidas menos fuertes. En tono de conclusión no me deja lugar a dudas que ceñirse a mecanismos formales-científicos únicamente es lo propio de la ciencia económica, pero en la divulgación, o como personas simplemente que vivimos en este mundo, aludir a valores, a la reflexión sobre lo que uno hace y su trascendencia es la única forma de producir cambios en la sociedad positivos. Nunca está de más, aparte de despotricar sobre los gobiernos y los banqueros centrales, sobre los banqueros avaros que hacen, además, todo lo posible porque este modelo predador continúe, inconsciente o no, de lo que produce. Casi es, de no denunciarse como mal ejemplo, toda una loa al sadismo que contradice, al menos en mi caso, el ánimo de construir una sociedad mejor en base a los principios de la libertad individual.

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