Una cosmovisión vacía

Nadie parece inmune a los cambios inciertos como cargados de energía negativa que azotan la sociedad occidental actual. Puede verse cómo numerosos grupos políticos, ideológicos o sociales rechazan la sociedad actual en sus mismos cimientos entre, quizás, una mezcla de desconocimiento e indignación. Los gobernantes no solucionan los problemas de los individuos ni familias ni otros grupos sociales, ni estos pueden solucionar por sí mismos los problemas debido a la coacción que se ejerce por ley impidiendo emplear el libre designio de las personas a resolver sus fines. Las apelaciones a extremismos de todo tipo son incipientes y, difícilmente, o bien son pocos, los que saben a qué atenerse para conducir sus vidas. Este desconcierto es expresado prolijamente por Inmaculada Jáuregui en Psicopatía, ideología y sociedad, un documento radicalmente crítico con la sociedad actual en cuyas raíces entiende la autora ver individuos sometidos y condicionados tan gravosamente como para incentivar conductas sociopáticas o psicopáticas. Por aquí comienzo.

Luis del Pino, conocido periodista liberal-conservador expresó lo siguiente:

[…] Y, desde luego, como no se convence a la gran masa de la población es diciéndole que el liberalismo consiste en “allá te pudras si fracasas”. El liberalismo para mí, es otra cosa: es denunciar a los banqueros golfos que distorsionan el libre mercado aliándose con políticos, el liberalismo es estudiar, al ver a decenas de miles de desahuciados, quiénes son los jetas que se enriquecen empobreciendo a otros, el liberalismo es oponerse con uñas y dientes a que se hagan bajadas de pensiones mientras los políticos despilfarran y roban, el liberalismo es, en definitiva, una ideología que aboga por la libertad económica, y da la casualidad de que quienes más pervierten esa libertad, suelen ser los golfos poderosos que aprovechan su fuerza y los resquicios legales para amasar fortunas. Así que yo en lo que estoy es en defensa del débil en nombre de la libertad económica. No entiendo el liberalismo de otro modo.

El liberalismo se supone que es el pilar sobre la que pivota la sociedad occidental, el liberalismo político converge en la democracia liberal, representativa, de poderes divididos (aunque muchos estados no cumplen enteramente con esta premisa), Estado de Derecho, es decir, en pos de evitar la arbitrariedad y discrecionalidad de los gobernantes y la defensa, como contenido, de los derechos individuales como algunos derechos sociales, básicos, y considerados necesarios. Este mensaje de Luis del Pino ha sido urdido a la luz del primer gran pronunciamiento del papa Francisco I cargando, precisamente, contra las libertades económicas que propone de base el liberalismo. Luis ha querido zafarse de la inhumanidad de algunos mensajes que promueven el “búscate la vida, no tenemos por qué darte nada”. Ciertamente, unas determinadas políticas casi fratricidas han producido el enorme paro, la desestructuración social, marginación y desviaciones sociales importantes durante los últimos años en los que el capitalismo tecnocrático -como lo llamaría Juan Félix Tejanos- a golpe de decreto ha ido trasformando con arte de virtuoso ingeniero todos los cimientos de la civilización por conseguir logros económicos abstractos, logros políticos intangibles y promoviendo a su paso la disolución del tejido social.

El énfasis en el individuo, como ser asocial, que dirige su destino sin referencias se enmarca sin duda en la raíces más profundas de los problemas sociales. Las funciones tradicionales de las instituciones que siempre han dirigido la vida social así como la autoridad tradicional han desaparecido salvo en algún obsoleto discurso. Aquí mismo reseñé como algunos autores plantear diseñar el género, las guías sociales de cómo ser, y como se debe ser. Mientras, otros, arguyen mensajes lapidarios presuponiendo un conocimiento que, por desgracia, no tienen muchas personas. Si alguien vive una crisis económica, seguramente es porque no ha ahorrado ¡y ciertamente! Sin embargo, las políticas económicas adoptadas así como la publicidad estatal fomentaba el consumismo abiertamente e incluso castigaba el ahorro como mal social en la línea del archiconocido Keynes. La costumbre centenaria de la familia como centro de la vida del individuo, del ahorro como previsión, de la austeridad, del buen hacer y, si es posible, dejarle el máximo a las generaciones venideras se ha roto envuelto en el descalabro financiero-ideológico -del ahorro previsor al consumismo carpe diem– más abrupto. Primero es que la Iglesia ya no marca las pautas de la vida social con sus sacramentos, pero las instituciones alternativas a ésta brillan por su ausencia o han sido capturadas por el estado a la dirección de los políticos. La guía presentada para la persona nueva en el mundo transcurre por el paso inevitable por un sistema educativo inmenso que birla, o aísla, del contacto con el mundo de adulto, o dicho claramente, laboral. Más aun, las contradicciones son más que evidentes entre un entorno laboral competitivo donde uno debe tomar el timón de las decisiones y un sistema educativo planificado e inspirado en la igualdad, todos recogidos por edad cronológica, estudiando lo mismo, sin elecciones importante a tomar a nivel individual, etc. Además este sistema educativo suplanta las funciones tradicionales de los padres que son delegadas en terceros.

Conviven, a mi parecer, dos sistemas no sólo antagónicos, sino como algunos indican, de resultado peor en su conjunción que separados. La viva contradicción de mensajes condena casi a una anomia al grueso de la población. Si hay un estado social garante de todo lo necesario para vivir por otro lado has de enfrentarte a una selva competitiva donde la seguridad brilla por su ausencia. Se adjudican las consignas de la gratuidad, lo público y lo seguro como algo posible en toda su extensión -lo que nos enviaría a regímenes como fue la URSS o lo es Cuba en la actualidad- y se extiende, al final, que el egoísmo es lo premiado, incluso a costa de los demás si es preciso. Parece pues, que el egoísmo funciona con los datos alentadores de la brutal reducción de pobreza en el mundo en las últimas décadas en los países que han abrazado la economía mixta dejando regímenes tradicionales o comunistas en la historia. Antes bien, se plantea quizás un dilema de enorme trascendencia: ¿una vida egoísta y próspera materialmente o una vida en comunidad pobre y estática? Dejemos este tema aparcado y movámonos a la ciencia.

La ciencia moderna ha sido criticada por su positivismo irredento que desafía el concepto de verdad confundiéndolo con el verosimilitud, es decir, con las referencias sociales, o convencionales. Los trastornos psicológicos se prescriben como indicaba en su paper Inmaculada por cuestiones estadísticas, sociales, morales e ideológicas lejos de la presunta objetividad científica. El ejemplo de la homosexualidad que fue retirada como trastorno en el 1974 indica cuál es la arbitrariedad de las consideraciones. Simplemente, al tolerarse socialmente, que no por estudios científicos, ha dejado de considerarse como enfermedad. Al mismo tiempo era una enfermedad porque no estaba socialmente aceptada. En el campo de la salud navegan eslóganes extendidos por las instituciones públicas de cuáles son los estilos de vida saludables y cuáles no, cuál es la dieta idónea y cuál no. Pero, cuando nos centramos un poco, vemos que los índices de obesidad, mortalidad por problemas cardíacos, etc. están en los más elevados de la historia. No por casualidad, no es a pesar de que las benevolentes instituciones públicas conminen a ciertos estilos de vida, sino es por culpa de ellas en parte. Caso más paradigmático es el de Suecia que hace poco ha publicado que realmente la grasa saturada no mantiene relación alguna con la enfermedad cardíaca y que el colesterol ha sido sobrevalorado en sus efectos. De hecho, ahora predican comer dietas altas en grasas. Mientras, los cumplidores de las recomendaciones, supongo, como tontos engañados por quién debíamos confiar ¿no? Otro de los dogmas de nuestro tiempo es la economía positivista que con enigmáticos modelos matemáticos predice como no va a ser la realidad y promociona la seguridad de que se va en mal camino ¿o alguien se fía del historial del FMI? Otras escuelas de pensamiento económico con sólida base metodológica y predictiva como la Escuela Austríaca han dado en el clavo en todos los sentidos pero por regla han sido ignorados. Incluso hasta la Escuela Marxista cosecha más éxitos que el mainstream.

Dentro de esto, una vez nombrado el elemento económico, ¿dónde está el papel de la empresas privadas en la salud, en la nutrición, en la moda o en la psiquiatría? Debido a que las raíces del sistema se entroncan en el eje de las instituciones estatales, públicas, todas ellas parasitan los resquicios que dejan estas con lo que, muchos economistas, denominan incentivos perversos. Es evidente que si el aparato de propaganda del Instituto Público de Salud cualquiera considera una política, toda la miríada empresarial se dirigirá a obtener beneficio de ello dejando, pues, el peso y la responsabilidad ética al redactor de la norma en última instancia. No sólo hablamos de corporaciones, si cualquier persona visiona un agujero en la ley y éste le puede servir para recibir dinero público aun cuando sea obvio que no lo necesita, tenderá a hacerlo porque la carga de responsabilidad ha sido alienada. Hasta el punto de que se promociona, de forma cultural, a hacerlo en todos los ámbitos. Esta forma de actuar se sucede de presiones por parte de grupos particulares con intereses idénticos a la hora de instrumentar las instituciones públicas para sus propios fines teniendo en cuenta que si el brazo de la ley da su brazo a torcer hacia ellos es, en realidad -o pueden escudarse- en, seguramente, alguna razón de peso, por necesidad, por el bien común. En este escenario pocos podrían decir que no existen incentivos a la mentira, el teatro -en su más oscuro de los sentidos-, la rapiña y, por supuesto, anular la empatía sobre los efectos que tiene en la sociedad, los cuales, mejor no verlos.

En el recuento total la ideología o, mejor dicho, los valores son impuestos por los gobernantes y allegados, lejos de poder ser manejados por los sistemas democráticos. La Ciencia, la Cultura y el sistema social están contaminados de una manipulación nunca antes vista en la historia porque, al contrario que en a pauta milenaria de la cultura que emanaba del pueblo, de abajo hacia arriba, ahora es al revés. Los políticos tienen el control de los bienes culturales, los políticos controlan la salud, la ciencia y la educación. Sin caer en la política romántica, la realidad es que, como personas, actúan por sus incentivos, intereses, y toman decisiones influenciados por su ambiente que más a menudo que como extrañeza presenta la amenaza del garfio de grupos de interesados en todos los ámbitos. La idea de que la Sociedad puede planificarse ¡y que salga bien el experimento! siempre ha fracasado. Cuando ha sido a gran escala a producido regímenes totalitarios y cuando es en menos medida, una extraña sensación de haber un opresor oculto que mueve los hilos. Lo más cercano a los órdenes espontáneos sociales, libres, hoy en día, son las Comunidades que han adoptado marginalmente otra moneda, han institucionalizado incluso un estilo de vida particular compartido, etc. En España con la crisis está sucediendo en los suburbios de algunas grandes ciudades y en zonas rurales. Nos remite a una de las pruebas más evidentes de donde nos encontramos: ¿por qué los poseedores de los terrenos, fincas, casas, etc. no pueden gestionarlas como desean? En otras palabras ¿por qué han de seguir los objetivos que dictan los políticos? Para ilustrar esto, en el siglo XIX era común la existencia de la propiedad comunal, no poseída por los políticos, sino privada pero colectiva dedicada a los fines de una comunidad. Existían figuras jurídicas como los Fueros en España que salvaban del despotismo centralista de los reyes. Institución ahora casi caricaturizada en la actualidad. Existían Tribunales civiles que recogían la costumbre y el hacer del pueblo en su tierra, etc. No digo de regresar estrictamente a eso, sin embargo, puede servir para entender un orden respetuoso con lo particular, no conminador, cohesionador, y civil, no politizado ni centralizado. Otra de las instituciones destruidas es el oro como dinero que protegía al ahorrador de la subida de precios y del envilecimiento del dinero -como se llamaba en la época que los Reyes restaban oro o plata de sus monedas a fin de sanar las cuentas públicas generando inflación-.

En definitiva, el sistema actual hace y deshace -porque así lo quiere además tristemente la mayoría- todas las instituciones sociales que generan un refinado y armónico producto social, si me permiten la expresión. La Comunidad, la familia, el dinero, la Educación y los medios de producción han sido birlados, por lo menos, manipulados, y se chantajea comúnmente con ellos o se cambian de legislatura en legislatura destruyendo la seguridad, la forma de vida, etc. de los ciudadanos para objetivos que el común de los mortales desconoce. No es sorprendente que la psicopatía, la insensibilidad extrema y ausencia de empatía combinen bien en este Caos Planificado como diría von Mises. En cierto modo es bastante adaptativo. Todo fruto de una cosmovisión vacía.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Opinión. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s