Me veo obligado a defenderme de la ideología de género

Leo varios artículos, en realidad todos cuánto veo, sobre el tema del género y la igualdad. No es que en especial me atraiga como modo de protesta o vehículo de cambio social hacia otras escalas de democracia, igualdad de género, etc. Leo sobre el tema porque lo considero un ataque directo sobre mi individualidad; asimismo, supongo que, sobre la individualidad del resto de hombres y de mujeres. Por tanto, veo necesario defenderme de este ataque ideológico-cultural cuyo desempeño ignoro, y cuya trascendencia creo imposible de cuantificar, sin embargo, y en cualquier caso, no le veo otro modo de calificarlo que como amenaza personal.

Leo de Octavio Salazar en El País:

Es necesario no sólo que los hombres nos incorporemos de manera militante a la lucha por la igualdad, y que establezcamos redes y alianzas con las mujeres, sino que también empecemos a mirarnos críticamente en el espejo y nos propongamos la revisión de un modelo herido por tantas patologías y que, entre otras consecuencias, produce violencia, abusos de poder, injusticias, en fin, desigualdad.

Por puntos:

1) Ni voy a luchar porque luchar implica violencia, imposición, agresividad y demás; ni voy a trazar ninguna alianza con las mujeres porque no conozco a las mujeres, conozco mujeres, singulares e individuales.

2) No sigo ningún modelo. Evidentemente he sido socializado en unos valores y tengo una experiencia personal en lo tocante a este tema, pero ni me esmero ni veo nada gratificante en ser como un modelo, ni como un estereotipo, ni pertenecer al rebaño.

Me explico:

La única lucha que hay es porque el individuo, crítico, defienda en su persona, para sí, unos valores que crea correcto y dé ejemplo. Más allá de eso, no me considero tan arrogante como para ir dictando cómo vivir, ni cómo comportarse. Yo, como estudiante de psicología, estudio el comportamiento, pero no me faculta moralmente a dar charlas en un tema tan subjetivo, que no admite generalidades sino particularidades de cada persona, etc. Si cada uno está convencido de unos valores de respeto a la dignidad, de reciprocidad y algún otro que pueda ayudar, ni luchas ni nada, simplemente vive y sé coherente. Rechaza a quién no cumpla con unos mínimos; juzga y prepárate para ser juzgado.

¿Alianza? Tengo muchas amigas, he tenido relaciones de pareja, y todavía no sé porque he de cosificarlas a todas ellas como las mujeres. No veo que pertenezcan a ningún colectivo, como yo tampoco pertenezco al de los hombres. Soy un hombre pero no tengo nada en común con los demás salvo las particularidades que definen el sexo masculino. Tampoco me representa nadie que hable de los hombres, al menos a mi no. Puesto que no me he sindicado en una organización de la hombría, ni conozco a ninguna mujer sindicada en su organización de la femeninidad, trato individualmente a cada cual como es y así quiero sea también con conmigo. No he aceptado representante alguno y así quién se eleve a tal rango declaro que tendrá que hacer una excepción conmigo, que diga “de todos los hombres menos David”.

Como conclusión lo que ustedes propongan como revisión del modelo de masculinidad me la trae al pairo. Yo sigo mi singularidad que podrá o no tener parecidos, como diferencias, con su modelo tan racionalmente pensado como democrático. Pero es que yo, parto de la base que la democracia no fue ideada para la homogeneidad de las personas sino para el respeto de singularidad y, en conjunto, de la pluralidad de valores y estilos de vida. Y esto ni justifica ni allá lejos los tratos vejatorios a algunas mujeres como los maltratos que como crímenes deben ser ejemplarmente castigados; sin embargo, el que haya más o menos hombres que actúen de tal vil manera no me convierte en responsable ni paganini de esta gentuza. Ya advertí que no me adscribía a ninguna representación de mi como hombre, sino que, ahora, el único representante soy yo, de mi, y en todas mis facetas y clasificaciones que quieran etiquetarme. Exijo, pues, el respeto a mi libertad y dignidad individual fuera del rebaño de ovejas y ovejos.

Creo absolutamente necesario el viraje de la cultura de manada o de tribu en la que está revirtiendo esta sociedad por todo ese buenrollismo ilustrado y políticamente correcto. Para mi democracia obedece a considerar al individuo humano como mayor de edad, emancipado de las servidumbres tradicionales de su tierra, del feudo o de rendir pleitesía a su rey. Por ello traduzco en grave error ahora repensar la democracia como una nueva forma de implantar las servidumbres más variopintas como extravagantes; como culpas y penas por el hecho de que me hagan pertenecer a un colectivo que ni escogí ni pienso adherirme a él. Por supuesto, quién quiera verse reflejado o representado en estos colectivos y sus batallitas, no solo  sería igualmente correcto sino defenderé su derecho a ello, pero no por la fuerza, gracias.

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