La incertidumbre vitalicia

Antonio Escohotado no cesa en la promoción de su segundo tomo de la saga “Los enemigos del comercio” donde expone a lo largo de la historia lo que han supuesto los regímenes comunistas como así los promotores de sus ideas que, como elemento innovador, no sólo figuran Marx y Engels sino el mismísmo Jesucristo. Relaciono esto como Nietzsche cuando en su demoledora crítica a la tradición judeo-cristiana no deja espacio tampoco para el socialismo que predicaba una igualdad que el deleznaba y reprobaba a los pobres de espíritu. Para quién tenga curiosidad nos ha dejado una perla de entrevista en La Ser abierta a todos los públicos. Así que de primeras desvelaré algunas de las veleidades de la entrevistas como mis percepciones personales.

Escohotado pese a su alborotada vida que narra en breve, sus peripecias y trotamundismos, viaja en la dirección de la libertad siempre como referente y objetivo. Eso, que en primer lugar le llevó al enemigo que ahora rechaza y luego al lado opuesto como advirtió el presentador en una especie de ¡cuidado que lleva el liberalismo a flor de piel! Sin embargo, su óptica no es ortodoxa, no digo del neoliberalismo que nos asola que, como él se queja, qué digan a quién se refieren con ese término tan abstracto (nadie le contestó). Se podría decir que es un empirista-historicista porque examina todo a base de los resultados en la historia, cierto que, con gran rigor como amplitud y minucioso cuidado con los datos, pero allí, en la práctica, en la batalla, al rojo vivo. Antes bien, es un pesimista consumado, considera como escuché en el Juan de Mariana en una conferencia, la utopía como una inmoralidad; y acepta la enorme imperfección humana que, más mal que bien, se ha resuelto en la solución de los problemas más radicalmente necesarios con el capitalismo, con lentitud pero buena letra, con honra, creatividad y resueltamente aun con la pillería, el engaño y los trucos de mercader. No cree en definitiva que el ser humano vaya a poder cambiar su condición limitada y, dentro de lo que hay, el mal menos malo, en las explicaciones de Escohotado, es la autonomía de la voluntad -como llama- en el mercado.

Estas enriquecedoras escuchas coadyuvan otras dos lecturas de casi obligatoriedad estricta. Una de hoy, día prolijo en gemas preciosas, ¿Por qué odiamos a los ricos? de Jesús Andreu y otra de no ha mucho tiempo en el quijotesco sentido de Víctor Lapuente también en El País con título en La derecha sin Dios. Dos piezas exquisitas que reflejan el problema, primero, que tenemos con la expansión de la endivia camuflada en el valor irrestricto de la igualdad. Segundo, por un sentido reconocimiento a cuando las cosas, desde la tradición y la libertad también se hacen bien. Reconocimiento desde el lado contrario de la balanza política ¡santa justicia! Rubrican una mezcla, a mi entender, de extrema necesidad que no desmerece otro de los puntos más álgidos de la literatura de nuestro sociólogo Lapuente Campo de batalla o tenis. Un punto fuerte a favor de la individualización de las responsabilidades como fuente única y genuina de progreso de las sociedades en contra de los colectivos, de antaño, del tradicionalismo medieval propios del antiguo régimen y de los excesos de los igualitaristas. Os dejo, pues, estas joyas sobre la mesa para deleite y disfrute.

¿Qué encuentro tan cautivador en este material? Un punto de conciencia a favor y uno en contra de la utopía.  Un gol en otras palabras a la utopía. Un llamamiento a al ser-estar, es decir, vivir y ser consciente que caminamos en la incertidumbre -tema que me encanta para reflexiones transcendentales o desafíos literarios varios- y todo aquello que promete, en consecuencia, la seguridad al 100% tiene que ser un error, una estafa o una exageración si viene de la buena fe. No deja de ser, pues, como apunta Escohotado que predicaba Marx, una religión económica o social, si se quiere. No es más que la conciencia roja, que en la conferencia del IJM desveló como un salto de involución del logos al mythos. Un dar la espalda a la ruda realidad con una patada hacia delante que se prodiga de la imaginación hacia la realidad en una transferencia que no puede ser de otro modo que con la extrema violencia. No es, en balde, la ideología que más muerte y terror ha causado. Como dato, que desconocía hasta hoy, en la URSS cuando suprimieron el dinero ¡maldito éste! de 1918 a 1921 murieron 38 millones de personas de hambre cuando el país al completo constaba de 160 millones. Peor que con los opresores de los zares, casi mejor el mal conocido que los Prometheo en tierra y con el fuego alumbrando vasallajes más inhumanos que el más fiero de los reyes absolutos.

Este es mi punto, espero a algún discrepante errante…

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