Para: Los negadores de la libertad

Leo con frecuencia insólitos mensajes que rondan el absurdo y al mismo tiempo demuestran cierta mente pueril en sus escritores, al menos si creen sus mensajes en serio. Son mensajes de queja sobre la vida, muchas veces envueltos en el pesimismo y anhelantes de un mundo mejor. Algunas de sus posturas son comprensibles, otras hasta son fácilmente compartibles, mas otras son sólo parte del cacao mental en el que se sumergen algunos cual buzos en aguas oscuras. Esta inmersión suele suceder en el mundo de las ideas, o el de los sueños sí se quiere llamar a él, y discurre entre una ficción de cuento de hadas y una aborrecible tendencia contra todo lo que es la vida real. Nombraré algunos de los contenidos más habituales en los mensajes de los librepensadores de turno.

Definen cosas como las tareas cotidianas como prueba de la ausencia de libertad. Por ejemplo, limpiar, lavarse, comer, ir a comprar, trabajar mismo, obligaciones con la familia y otras tantas cosas. Ellos quieren librarse de algunas de estas cosas y como no es posible sienten que son presos de un sistema social opresivo y el cual debe estar mal. En lo personal, no negaré que si por mi fuera habría ciertas obligaciones que me quitaría del medio en menos de un parpadeo, quizás más rápido. Aludir, sin embargo, a que es una prueba de nuestra irreparable falta de libertad es llegar demasiado lejos y hasta sobrepasar los límites de la provocación. Primero porque si uno reniega del trabajo como pivote del resto de cosas estará diciendo que su consumo de alimentos, higiene, vivienda, ordenador e internet -que esos mensajes no se envían con humo- alguien estará obligado a dárselos gratis o que ellos mismos se los podrán fabricar. Como la segunda opción lógica es inviable porque, en primer lugar, nadie puede hacerse todo ¡y menos cosas tan complicadas! en segundo, porque contradice el hecho de no tener obligaciones consigo mismo del que quieren evadirse estos autores tan “brillantes”. La conclusión es que lo que quieren, como pedía Oscar Wilde en el siglo XIX, era que si no pudieran producirse todos los bienes de forma automática sería necesaria una clase de esclavos para conseguir que una parte de la población se dedicara al goce y el placer. Lo siento, los sueños para los sueños, en la realidad las cosas son más complejas y el pensamiento útil es el que no se desentiende de la soberana realidad. Sobre el resto de las tareas, igual ¿quieres estar limpio y que tu hogar sea digno de tal nombre? tendrás que limpiar (o remitirte a la teoría de la esclavitud que con tanto ímpetu defendía Aristóteles ya que él era demasiado inteligente para mancharse las manos).

Les refresco la memoria con el ínclito filósofo griego:

Los instrumentos son unos animados, y otros cosas muertas y sin vida. […] si cada instrumento pudiera, cuando lo llaman o cuando sintiera que convenía, hacer por si mismo lo que le tocase hacer… no necesitarían los maestros de un oficio de operarios, ni los dueños de esclavos.

Por suerte en el mundo triunfaron los que creyeron que poder ser autónomo para trabajar así en lo que quieras, con quien quieras y cómo quieras esa una expresión de libertad. La humanidad ha estado sumida durante milenios en un régimen sedentario donde la gente nacía y moría en el mismo sitio. Donde algunas personas nacidas en las sierras perecían en su vejez sin haber visto ni el mar ni tan sólo una vez. Vivían amarrados a la tierra, muchos en condición de servidumbre en los señoríos, otros hombres libres pero sin la riqueza suficiente para salir de la tierra. Cuando el cálculo sustituyó desplazó a la religión en la interpretación de la realidad empírica, junto con la emergente ciencia, el pensamiento racional y el ánimo por el trabajo productivo, se pudo ir lentamente sacando a la gente de ese dinosáurica sociedad, monótona y pueblerina. El trabajo sin duda ha sido la herramienta de la libertad que ha emancipado de los absolutismos religiosos o civiles a los humanos.

Resuelto este error paso al próximo: considerar las obligaciones con otras personas un enemigo de la libertad. Es la falacia más egocéntrica que se puede esgrimir a mi modesto entender. Lo primero porque las relaciones personales se fundan en la reciprocidad, uno da algo y también recibe. Pero tanto lo primero como lo segundo es voluntario. Se basan también en la no-agresión. Ni uno puede obligar por la fuerza al otro ni viceversa. Es una maravilla. Una obligación con un amigo es sinónimo de recibir algo a cambio: algo edificante. Y si no fuera así no sería un amigo. Con la familia puede usarse en algunos casos el mismo razonamiento pero en otros no, como es evidente, sin embargo, no exento de la misma razón, reza la misma reciprocidad: han sido, o son, los que procuran tu sustento y seguridad y tú das algo a cambio como, tan simple, afecto, colaboración y confianza ¿por qué mente puede pasar pensar que todo esto es una agresión a la libertad? Por poco estas personas al tiempo dirán que el hecho de caerse al suelo al saltar es el finiquito a todo el edificio ideático de la libertad. Gritarán ¡gravedad, esa ramera despiadada! Sin duda, querido lector, un absurdo.

La libertad es algo que se conquista en cuanto las obligaciones no nos vienen impuestas si no las elegimos dentro de nuestra esfera de cristal, entre nuestro mundo personal y aquel que podemos prever. No existen salvo en el baúl de las ideas los absolutos. Existen una miríada de colores que recubren con más o menos fortuna la envoltura que nos ampara, el prisma por el que sentimos y la conciencia que guía todas nuestras acciones. Tengo claro que esos librepensadores son los mayores enemigos de la libertad.

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Una respuesta a Para: Los negadores de la libertad

  1. manzax94 dijo:

    Hola David, muy buen artículo.

    Respecto a esos “librepensadores” de pacotilla, opino que la gran mayoría se etiquetan de tal forma, mostrando lo contrario. Queriendo un sistema anarquista, una utopía, alegando ser de tal forma y siendo todo lo contrario. ¿No es en sí el sistema anárquico una sociedad en la que el individuo no se mueve por valores de reciprocidad, sino por el mero hecho de como se dice coloquialmente “hacer las cosas por amor al arte”? ¿Entonces, de que sirve tildarse uno mismo de librepensador cuando no muestras tales ideas, sino siendo utilizado como un medio por el cual te excusas de llevar a cabo tus obligaciones cotidianas? Es por eso por lo que me pongo en gran medida de tu parte, compartiendo totalmente tu punto de vista.

    He de mencionar que, aunque en su momento veía ser un librepensador, un alma libre, de forma tan subjetiva, tan idílica, que me arrastré por esos mundos, dándome cuenta en sí que no era un librepensador lo que quería ser, sino evadir mis obligaciones.

    Hay un punto que me ha llamado la atención:

    “Lo primero porque las relaciones personales se fundan en la reciprocidad, uno da algo y también recibe. Pero tanto lo primero como lo segundo es voluntario.”

    ¿Por qué el ser humano se mueve por la pura reciprocidad? ¿Por el “yo te doy y tu me das”? No lo veo como algo negativo, sino como algo predeterminado en nosotros, algo que viene así impuesto. Obviamente, la obligación con el ajeno no es negador de la libertad, sino, más bien, llego a verlo como muestra de aprecio por la otra persona. Cómo has dicho, “es voluntario”, no es obligado (salvo en pocos casos), con lo cuál, si esa persona me ayuda a mi, la ayuda que yo le he ofrecido ha sido satisfactoria (y aunque así no fuese, la ha visto como un detalle en nosotros, aunque vea esa reciprocidad como obligación).

    Gran artículo David, muchísima razón. Demasiados filósofos y muy poca filosofía. Un abrazo.

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