El brazo tonto de la ley es el fuerte de la Sociedad Civil

Después de las risas del Montoro nace o se hace, hemos de ponernos algo serios. El gobierno nos tiene presos, pero no tiene de presa  a la democracia, porque si así lo afirman me gustaría que me la presentaran pues no tengo el placer de conocerla. Yo lo que veo que tiene aprisionados es a todos, amarrados, a una suerte de buque enfermizo con agujeros por todos los lados. Que se inunde es cuestión de tiempo. Sigue una inercia entre la inacción más propia del conservadurismo -mantener, mantener lo que hay- con el escarnio y abucheo a todos los sectores de la vida social pública y privada. El bagaje tiene de honroso lo que John Dillinger atracando bancos ¡miren, dice que al menos no mataba, solo robaba! El brazo tonto de la ley es el que levanta la mano no sin aspavientos para gesticular la mentira sobre todo el programa electoral y justificar todo cuanto se han propuesto (y les ha venido sobrevenido).

La sociedad civil debe defenderse, no al estilo toma de la Bastilla, o eso creo, sino al estilo ‘déjenme en paz que yo ya me apaño’. El problema es que no nos podemos apañar si el animal político de los ayuntamientos o de la administración autonómica nos refiere a unas licencias o papeleo a rellenar cuyo recorrido dará de comer a los cuarenta ladrones. Yo pediría una reforma expeditiva para desatar a la sociedad su dependencia del poder político. Como dicen en algún sitio, hemos asistido a la politización de la sociedad durante años fiscalizando todo lo social como público, y al final se ha quedado en un público sin la “l”. Lo sensato no es vendernos en cuerpo y alma a los políticos pensando en que vendrán los honrados, los salvapatrias y… los Maduros, bueno, ellos que esperen hasta pudrirse como manzana en tierra. La despolitización es la razón lógica que nos asiste y posteriormente el regreso de la vida social al ámbito privado.

Claro que esto dicho en España clama al cielo y hasta resulta hiriente a ciertas sensibilidades porque parece vaticinar una era oscura. Not yet. La cuestión es que la solidaridad, tan necesaria en estos tiempos, se ha cosechado en las maltrechas manos de las redes sociales, no las de internet, en los grupos familiares, amistades y vecindarios. La tropa se ha replegado de su avanzadilla, de la lucha por la independencia del hogar la hipoteca consiguió la retirada del ejército. Se han resguardado en los lugares donde procedían y por supuesto la guerra no ha terminado, no ha hecho más que empezar en cada hogar, pero necesita de tiempo de capitalización de un ahorro que parásitos como Montoro no permiten. Por el lado de los servicios sociales, de los grupos a las comunidades, de los modos de vida en los barrios humildes, se han hundidos en la miseria colectiva que representa un estado que reparte discrecionalmente deuda y absorbe sangre.

La sociedad ha demostrado de sobra que puede organizarse mucho mejor por sí misma ¡miren todas las convocatorias de manifestaciones, prestaciones de servicios voluntarios y solidarios e iniciativa incipiente empresarial! que bajo la mafia de traje con corbata, eufemísticamente llamados dignatarios. Si estos nos dejaran en paz veo claro que el vigor de todas estas iniciativas altruistas o lucrativas, pero en ambos casos voluntarias y libres, no planeadas por el gerifalte de Moncloa de turno ni por el caudillo autonómico de la maldita suerte, encontrarían su espacio para resolver con más eficacia y más eficiencia los problemas sociales. Sin contar con que algún empleo en el camino se crearía sin duda, y sin proclamar que el retiro de los gobernantes del lugar de la sociedad civil, se haría a través de bajadas de impuestos y recorte burocrático con lo que, también la actividad productiva emergería. Además, pensemos en que cuando un indignado denuncia un caso de injusticia tiene que ser tramitado el caso por el servicio social pertinente, suma burocracia, y dentro de dos años, si los fondos lo permiten, solucionarán el problema. Cuando si el denunciante tiene libertad para asociarse y usar sus recursos como los reunidos, podría actuar de inmediato dignificando la ‘responsabilidad social’ de verdad.

El problema es que en España se exige el paternalismo mediático del poder público para crear el Edén, por el pueblo pero sin el pueblo. Se prefiere el Maná a la producción propia. Pues miren, el Maná se pide a los ‘mercaos’ y luego quieren su devolución y el Edén es una mercancía ideológica con mucho ruido y pocas nueces.

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