Productividad cotidiana

Mientras (no) veo el fútbol del equipo de mi ciudad natal y de residencia -solo lo oigo, por aquí escribo-; ya pueden intuir más o menos el resultado, y por otro lado, bien puede ser curioso qué escribir, así, de forma espontánea en un momento como este. Sin más historias que ponerse en el momento y fin del asunto. Aquí te pillo, aquí te mato.

Observo no sin sufrir de ciertos pensamientos pasajeros lamentativos, o colusivos en alguna reflexión friki-que-va-a-cambiar-el-mundo, cómo la gente desperdicia sus capacidades para luego, claro, quejarse de su mala dotación. Sin embargo, el problema es el mal enfoque, la escasa atención, los escasos medios puesto en la caldera para comprobar cómo hacerla furular más, y en general, una aceptación resignativa poco sana que tan solo socava los ánimos y restringe posibilidades en la vida. Con tal panorama, el gruñido de turno es fuente -y prueba- de desperdicio de recursos lingüísticos cuando podrían haber sido invertidos en, y contando el pensamiento que desemboca en tal respuesta, una poesía, una lectura de ciencia o en estar recordando la lección del otro día, mejorando la memoria auditiva o vaya usted a saber.

En concreto contemplo atónito cuando alguien dice de estudiar, lo primero, se encierra en la biblioteca o su cuarto y, realmente, está dos segundos en puro apogeo de trabajo y un segundo en el otro mundo. Así, solo dos de cada tres partes del tiempo se aprovechan realmente en el fin al que hemos dispuesto nuestros esfuerzos. Claramente, de tres horas obtendremos dos reales, ¡y aun menos! porque, con ese promedio, cada hora tocan 5 o 10 minutos de descanso extra. Sume los cambios de libro, pasar la página, tecleos innecesarios en el ordenador y todo eso. Sí, pérdida de tiempo. Un día que podría haber sido idóneo para unas cervezas con los ánimos se ve truncado por la irreverente ineficiencia del interfecto delante de los libros. Este es el pésimo lastre que consigue desanimar hasta el desaire final a muchas personas, que nadan como gatos, pero sobre hojas y bajo la presión de una memoria inoperativa para tamaña empresa.

Ejemplo de eficiencia, quizás ya hasta niveles extremos es oír un partido y escribir o estar leyendo tranquilamente al mismo. En la lectura o aquí, válgase uno de la memoria visual y en la radio con la memoria acústica. Ambas no se interfieren como han comprobado en numerosos experimentos. No existe, pues, problema en compatibilizarla. Pero ¡ojo! el problema es que muchos leen releyéndose el contenido en sus adentros en vez de basarse en la memoria visual, asimismo, en su comprensión más rápida y directa que a través del otro y casi siempre saturado canal. Pues eso mismo.

Otro problema puede ser, y ahí me queda materia por mejorar, es en la planificación. Si tienes muchos eventos en agenda y no los apuntas la memoria ha de ir alarmando de cuando en cuando, en estado latente, de tal evento a tal o cual hora. Apuntado. Fin. Cree la rutina de mirar agenda en tal hora. Es más fácil. Mirarla también al final del día y tener en mente, fresco y reciente, el planning del siguiente día. El resultado sin duda alguna es una bajada de estrés, mayor concentración en el mundo-del-momento y al cabo, mayor productividad, hasta en el mismo ocio menos acosado por el deber.

Y eso digo. Já. El Almería pierde por tres a cero.

 

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