La libertad, desorden y orden

No es ningún secreto que guarde, sino claramente, tácitamente, como temática principal en este sitio la libertad en todas sus formas. Sin embargo, la libertad es un concepto esquivo, difícil de definir y ambiguo. Cada cual parece definirlo a su imagen y semejanza. Para su interés, pero lo que realmente es, algo que podamos compartir todos de la libertad, es lo complicado. Incluso podría darse que la rechacemos. Causaría una disonancia, alguien consciente de ello, rechazando la libertad por voluntad propia. Curioso ¿qué quiere? La esclavitud, o simplemente, sin llegar a extremos, nos aventuramos a decir, el control. Está claro que este es el tema preferido de la política, lo que más ha movido el pensamiento y la filosofía en este campo.

Voy a definir ingenuamente libertad como hacer lo da la real gana. Aunque así expresado, perdón por lo coloquial, es algo entendible por todos y que poco puede objetarse así entendido el término libertad ¿no? Pero ¿qué significa esto en una sociedad? Primero, ¿existe orden o es concebible alguno? El que los individuos voluntariamente pacten. Bien, pero no significa que los individuos empiezan todos en una especie tabla rasa ni que, por supuesto, se haga de forma democrática. El voto o el mecanismo democrático habría que consensuarlo, definirlo, y poner a una autoridad que se encargue del conteo y de garantizar el cumplimiento de las reglas del juego. O sea, de primeras, no pensemos que la libertad da lugar a la democracia idílica. Otra solución es la típica de la fuerza, o la ley de la selva básicamente. Quién tiene el poder de las armas domina y punto. Esta persona con poder estaría haciendo realmente lo que le da la gana, sí ¿el resto no? Pues el problema es que también. Veamos, no se puede concebir la libertad como una abstracción sin tener en cuenta el contexto, o incluso sin tener en cuenta los límites físicos. Si estamos atrapados por la ley de la gravedad no somos libres. Es una estupidez. También seríamos presos de nuestras limitaciones de nuestra mente; y eso pasando por alto que todo lo almacenado en la mente proviene, y ha sido aprendido, del exterior ¡el mismo concepto de libertad proviene de fuera! Ha sido aprendido. Así que bajo este concepto de libertad todos somos libres mientras dispongamos de voluntad, intencionalidad en nuestros actos, independiente de si nuestro ambiente es un paraíso, un infierno o una mezcla de ambos.

Sospechamos que la libertad puede ser brutal, la libertad de verdad, no la de los cuentos de hadas de algunas ideologías que le conceden un carácter idílico a esta palabra ¿Cómo puede ser la libertad lo mismo que igualdad o ausencia de dominación o equidad de riqueza? Si uno puede hacer lo que desea ¿no puede acaso acumular riqueza? ¿no puede trabajar más que otros y quedarse con su trabajo? ¿no puede pactar colaborar con otros y él llevarse más que otros? Si alguien dice no entonces tendrá que justificar como compatibilizamos con “hacer lo que queramos”. ¿Discriminar? ¿por qué no? Lo hacemos además constantemente. Sencillamente, cualquier reunión con la familia que hacemos todos en más de una ocasión, ¿no se está discriminando a todo el mundo que no pertenece a la familia? Una fiesta, cualquier cosa, siempre se están excluyendo personas de cualquier acto. Esto es independiente que nos parezca bien o mal ciertas discriminación y, ciertamente, en el plano moral,  no sería lo mismo discriminar en el caso de la reunión familiar a los no integrantes de la misma, porque está socialmente aceptado. Sin embargo, sería gravoso que sistemáticamente, de los mejores salarios se excluyera a las mujeres. Pero no confundamos términos, ambas actitudes son compatibles con la libertad en su más pura esencia.

Estos son los problemas que enfrentamos con el término, que sus consecuencias pueden ser las mejores como las más indeseables. Pero en modo alguno no protege de la autoridad de los cuales muchos han intentado incompatibilidad con la libertad. La autoridad es propia de la voluntad, y la voluntad es el principio que concede la libertad sin lugar a dudas, por axioma. Toda voluntad supone la autoridad sobre algo, de primeras, con el propio cuerpo en su control absoluto, y seguidamente, con las cosas que controlas. Podríamos llamarlo “propiedad” en el sentido jurídico. De esto surge un orden, que voluntariamente es formado por las personas que, dueñas de su propiedad, y de su cuerpo, pactan, no en igualdad idearia, sino tal como en el mundo están. Para que tales condiciones cambiaran y verbigracia fueran más igualitarias entonces debería haber una autoridad no voluntaria que ejerciese de algún modo su voluntad sobre el resto, restringiéndolas, y sin posibilidad de escape de esta autoridad. No parece, pues, excluyentes los términos de jerarquía, orden y libertad. Solo que el orden, si ahora es con estado fundado sobre la amenaza de violencia (privación de libertad, multa, condenas…). Pues igual, sobre la amenaza de violencia, pero de hombres y mujeres sobre su propiedad y sin capacidad de acaparar las voluntades de los demás.

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