Dar lo que recibes

¿Un intercambio? Solamente eso. Vivir de intercambios, sin dar más de lo recibido ¡Qué ilusorio es estar empatados con el mundo! Sin que él gane más que uno y siempre en eterno y reconfortante equilibrio. Pero, ¡espera! todos en nuestra vida hemos empezado francamente mal. Nuestros padres nos cuidaron y ¿nosotros les dimos una contrapartida? Es difícil de responder porque ¡Otro problema! no podemos medir el valor del servicio ¿Cómo podemos saber si hemos zanjado la deuda de confianza? ¿Cómo podemos saber si hemos retornado nuestro beneficio? Es incalculable.

Algún listo podrá decir que, además de esto, existe un componente importantísimo de tiempo. Uno presta un favor a alguien, y el otro no lo devuelve en el momento exacto, como si fuera una tienda: tú me das la cosa que quiero y yo el dinero que pides a cambio. En nuestro caso la devolución del favor difiere en el tiempo. No sabemos, siquiera, ni cuando llegará. A veces el intercambio se resume en “cuando necesites algo, aquí estoy”. Es una simple pero agradable promesa que a lo mejor, y casi es deseable, nunca se materializa. Así que sí, dar lo que recibes tiene un problema temporal, y tiene un problema de riesgo.

Este segundo integrante de la ecuación lo trato ahora: el riesgo. Vamos a ver, todo lo que se extienda en el tiempo comprende esta dimensión y todo, igualmente, de lo que esperemos de otras personas también. Es más, puedo afirmar sin equivocarme que sin riesgo no hay favores porque alguien debe prestar el primer favor sin recibir, de inmediato, nada a cambio salvo la futurible promesa. Y si nadie asume el primero de los riesgos, me parece que todos nos convertiríamos en unos misántropos semi-autistas de la noche a la mañana. Asimismo puedo afirmar rotundamente que la vida implica riesgos por todos lados, pero esto, con la mera experiencia del día a día nos ha quedado a todos más que claro ¿no?

Aclarado todo esto siempre nos sobresalta una necesidad un tanto contradictoria con vivir la vida. Sí, hablo de la necesidad de seguridad. O sea que, por un lado, tenemos que vivir la vida es tomar riesgos y, por otro, anhelamos sin remisión la seguridad. Me parece de primeras que el desenlace de esto será un terrible trágico final: o asumimos los riesgos y dejamos la seguridad en los sueños (sí, eso de los angelitos y tal) o nos quedamos sin lo uno y sin lo otro. No hay elección ¿no es cierto? En conclusión, demos la razón a Franklin (ese excéntrico inventor del pararrayos) en “Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad” ¡Qué potente frase!

Con esto espero haber demostrado que la filosofía del dar lo que recibes es un tremendo error de imposible realización. Es un sofisma. Lo más cercanos que podemos estar a esta es contentarnos con no hacer el tonto, o mostrar dotes de pagafantismo desenfrenado o de ingenuidad tipo Alicia en su país de las maravillas. Si no esperamos algo de alguien ¿Qué haces dándole algo? Si alguien no corresponde injustificadamente ¿Qué demonios haces? Eso son los dramáticos finales a evitar, que son comunes por la tremenda y gratamente optimista mente humana que se monta cuales batallitas en la cabeza, tan alejadas de la realidad, que terminan precipitándonos -alguna vez a todos- a un glorioso barranco de frustraciones.

Recuerda que, lo quieras o no, eres un simpático, amable, bienintencionado, confiable y fiel egoísta. En tanto que si devolver un favor a los demás te reportará el beneficio, en el momento o en el futuro, de recibir algo ya estás actuando por y para ti. No nos engañemos. Más graciosos son los enamoramientos. Es la máxima expresión del egoísmo. Tanto que lamento sintetizarlo del siguiente modo: toda para él/ella pero sin él/ella; idéntico a la dedicatoria de Luis XIV a su pueblo “todo para el pueblo pero sin el pueblo“. Lo mismo. En realidad por lo único que te importa la correspondencia es, básicamente, porque en caso contrario no puedes estar con esa persona y no satisfaces tus sentimientos.

Y así, al final, buscando nuestros intereses revisamos ese “damos lo que recibimos” que verdaderamente es un “damos cuando nos interesa recibir”. Mucho más útil eso ¿eh? Pero, ¡oye! Que nadie dijo que iba a ser bonito esto.

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5 respuestas a Dar lo que recibes

  1. Javi Dark dijo:

    Buen planteamiento, aunque yo no le daría patadas al optimismo de esa manera.
    El optimismo te hace más feliz que el pesimismo. Esperar el bien puede defraudar, pero un buen optimista aprende de ello, y se pone nuevas metas. Y cuando se consigue lo bueno, dime tú si no te alegras. Un pesimista sin embargo dice ¡bah! a todo.

  2. David Donaire dijo:

    Javi Dark, no tiene nada que ver con optimismo; más bien con la imposibilidad de estar fifty-fifty con nadie y que, precisamente, lleva a un mensaje “optimista”, en cierto modo, que invita a correr riesgos y motivarse, a saber qué no se puede andar por tierra firme siempre y los trapiés son connaturales e inevitables. Pero no se trata de “mierda vida” sino, ponte en situación, que eres tú el que manda y deja de quejarte del mundo injusto, que no lo es, ni puede serlo, porque es como es y no puede ser de otro modo.

  3. darkjavierhaf dijo:

    No sé a qué viene lo de “mundo injusto”. Y en cierto modo comparto eso de que es como es, aunque diría que está en continuo cambio, y por ello sí puede ser de otro modo.

    • David Donaire dijo:

      Mira el fondo del tema: “somos egoístas”. Eso no se considera bueno, pero es así. Ese es el mensaje. Hacemos las cosas porque nos interesan. Por eso no entiendo debatir sobre el optimismo o pesimismo en esto porque a lo que voy es que no se espere más que egoísmo (en su sentido amplio, no moralista) y de ahí lo de “dar lo que recibes” que es una racionalición de ese egoísmo que, como digo, mejor no creersela porque es un nihilismo.

  4. Antonio dijo:

    Me gustan mucho las reflexiones de este blog que por otra parte es estupendo.

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