Personas y cosas

“Pienso, luego existo”.

No podía estar todo el día sentado por muy tentador que hubiera sido dejar pasar el día como abrir el grifo y dejar correr el agua. Igual que lo segundo todo el mundo coincidiría en verlo como un sonoro desperdicio, lo primero no es para menos. Las soluciones no tienen con profundas reflexiones, y largos simposios mentales. Vienen más, como enseñan los héroes de acción, por medio de actos; como el ajedrecista, la reflexión es el previo paso al detallado y cuidado movimiento pero sin este último todo habría sido en balde. Es más, con seguridad, la combinación de movimientos que se le ocurre mientras piensa al ajedrecista, con certeza, muy probablemente, sería la primera un error, y quizás la segunda, es después de unos cuántos experimentos mentales cuando se llega con ligereza a lo que se entreve como un buen movimiento. Lo bueno del ajedrez es que la ejecución del mismo, vamos, mover la pieza, no es complicado. Los cuadros están marcados y delimitados, no existe margen a error si ha sido calculado mas en la vida real nos encontramos en posesión del más brillante de los planes y, cuando pensamos en llevarlo a cabo, cavamos un hoyo  a nuestra perdición más que honrar a todas esas horas de fructífero pensar. Podemos fallar en lo más simple, las cosas no están marcadas ni señaladas y las combinaciones, si son muchas en el ajedrez, solo son un tentenpié para la vida real.

Podríamos haber pensado un plan, el plan A. Jugar al tarot e independientemente del destino, presunto, que nos supusiera la baraja de cartas, cambiar al plan B que teníamos con anterioridad ¿Qué tal la jugada? Me pregunto ¿Las cartas averiguaban cómo iban a salir nuestras primeras intenciones o hallaban su razón en saber que íbamos a cambiar el plan? Vaya, igual, no tenemos libertad en frente de ellas. Pero me creo que no es así, ni con ellas ni con ningún juego de azar que nunca puede ser más azaroso que nuestra acción. Es como una onda en un lago, un suave vibración cuya repercusión en todo el lado será diminuta pero para lo pequeños que somos en comparación con el mundo, será una huella, efímera, sí, pero enorme. Y si pensamos, nada. No hay vibración, no hay efecto, hay una pérdida del activo más importante bajo nuestro control -aunque siempre sueñe con huir y despreciarnos-, el tiempo.

Confieso tener una visión extraña. Yo afirmo que lo espiritual no existe como tal menos cuando lo creamos nosotros. Resumo el mundo en una suerte de combinación diaria de personas y cosas, y las personas hacen cosas. Luego nos embebemos y actuamos como si hubiera algo más que trozos materiales, con sus diferencias obvias, actúando; vemos, mirad, las personas tienen dignidad y no deben hacer cualquier cosa ¿y las cosas? Ah, no pueden decidir. Ya tenemos una pizca de espiritualidad creada ad hoc. Parece de cajón ¿no? Es tan básico, sencillo, aprendido desde hace tanto, considerado importante como incuestionable, pero sí, es una pizca de sutil creencia religiosa en la que, si no todo el mundo en este inmenso planeta, casi todo el mundo cree. El por qué nos parece evidente. Pero yo veo más importante que pensemos que de dónde nos viene la noción esta tan extendida, que no existe físicamente, pero ronda inmune al paso del tiempo nuestra mente. Creo que de lo que hacemos cada día. Construimos la dignidad en acciones, no en pensamientos, precisamente, escribir esto es una acción, mi reflexión no es más que un mero conato de algo, pero constatado aquí con la acción. Si tratas de tal modo a los demás, ellos ven mejor, más beneficioso, lo que sea, tratarte de igual modo a ti. Y sin olvidar que solo son personas y cosas, y personas que hacen cosas; han creado lo que llamamos honestidad, dignidad, amabilidad y un largo etcétera.

Concluyo que vivimos en un mundo fértil de posibilidades donde pensamos cosas, las afirmamos haciéndolas; pero el resultado de hacerlas nos da pan para pensar, y volvemos a repetir el proceso ¿fue antes el huevo o la gallina? O sea, el pensamiento o la acción. Es irrelevante porque uno no vive sin el otro; aunque sin duda, todo es futil sin la rúbrica final de la acción que mueve un granito de arena como al mundo entero. Así, las cosas más grandilocuentes, laudables, como las más reprensibles son causadas por inducción en el mundo de la acción de alguien y su consecuente vibración, la onda, propagándose en el lago consigue afectar a la trayectoria del resto de las ondas en este lago: la nuestra, la de nuestros vecinos, y hasta la de los extraterrestres de Marte. De eso, todos estamos interconectados en una red de efecto mariposa sin solución de continuidad.

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