Madera quebrada, sueños por algo más

Hoy, aunque es la norma. Soy yo; mis circunstancias me acompañan. Paseo por las calles y rumio dubitativo si veo algo más o, en realidad, me deslizo por pesimista. No lo sé. Veo hojarasca cerca de las puertas de las casas. El descuido de la zona se oye, siquiera es preciso mirar. Veo a mi pesar niños jugando con un improvisado balón, un tanto deforme a decir verdad, pero parece que les sirve. La portería resulta ser una suerte de puerta de garaje. Corroída por una leve capa de óxido, fruto del hastío de los que aquí habitan. Podrías aspirar a respirar aire algo más limpio pero, por ahora, esa idea se sume en mis sueños nada más. Creí ver saliendo de una humilde vivienda un sol.

Terminé por regresar al punto de partida. Rompiendo la regla del no-retorno. Fue un arrepentimiento que pude materializar. Yo quería escapar. Sé que fuera hay algo más, mejor, no sé cuánto. No lo puedo cuantificar, mucho menos arrogarme la capacidad de adivinar mi suerte. hubiera prolongado mi vuelta hasta el infinito. Haber dejado todo atrás y acometer lo que, para mi, sería el comienzo de una aventura. No desafío, ni lo pretendía, a Indiana Jones. No creo que lo supere. Solo consistía en echar pecho hacia delante, romper el tétrico conformismo que aquí nos consume y convertir mi anhelo en una futurible realidad. Si, de conseguir lo mínimo, ya sería una victoria.

El reloj marcaba las cuatro de la tarde. Recientemente había almorzado. Solo.  Miraba como arreciaba el polvo por los rincones de la casa, cual tormenta, despuésde meses de mirar hacia otro lado. Hoy es extraño. Es un día libre. No suele acontecer. Normalmente el tiempo en el campo dinamita eso que llaman fuera “tiempo libre”. Normalmente, el trabajo es el ladrón que, a la vez, es la mano que me da de comer, y también es la cadena que marca mi esclavitud. Pero, de repente, pensando, como ahora, se me evaporó el semiterno olor a hollín que gozo en casa. Yo vi un sol. Fue una llamada directa de mis adentros, como si ahí hubiera estado la razón de no salir, la razón de postrarme a la cruda realidad, proseguir la miseria y aun así, ahondar dentro y no sentirme mísero. Más aun, afortunado.

Una jóven de cabellos resueltamente largos y de brillo mate, moreno, transitaba la calle. Llevaba un cántaro. Dejaba entreabierta la puerta de su casa. Un descuido de colosal importancia para mi. Casi irresistible ansiaba saber algo más de ella. Tampoco puedo concretar pero si es, en suma, la razón por la que desperdicié una huída, debía obtener algo en especial conque no autoflaglarme por tonto. Me debatía entre entrar o no. Quizás sea instintivo. Algo de propio de la niñez pero embuido en la adultez temprana, por decirlo de algún modo. Mire hacia todos los lados. Me percaté de un silencio envolvente. Ese cuando sabes que estás en un sitio donde no deberías, o haciendo algo que no deberías, cuando tus sentidos están al máximo auspiciando detalle a detalle. Vetusto. Como mi morada. Alguien como yo, seguramente. Sabía como una corazonada que no había nadie más. Sus padres estaban en el campo. Había algunos instrumentos y herramientas en algunos rincones. El olor, no sé, sufriría de atrofia momentánea. Pensando en perfumes, perdidos. Salí, rápido…

Es de esas cosas que suceden, pasan. Salen del alma, son inevitables. Me pregunto si una mirada de ella bastaría para contagiarla. Mis dudas. Mañana es otro día. Otro día entre herrumbe, madera quebrada, olor a leña, serrín. Brazos fatigados y una mente insensible, concentrada, ¡si es que eso es posible!

Va a pasar todo de reojo. En un abrir y cerrar de ojos. Como viendo por un ojo de cristal. Son todo reflejos. Una vida encarcelado en la tenue brisa de la desdicha, abrazado por una cálida idea de abandonar la brisa por el temporal, el mal seguro por el bien inseguro. Una seguridad que no busco ya, rehusé de hacerlo por inútil. Es automático el corte, en el campo, al final del día, de una flor, una rosa roja. Esbelta como es ella. Entragada en mis sueños en el momento perfecto. Entonces, como si de verdad tratáramos de un pasaje onírico. Estaba delante, muy cerca. Con gesto nervioso me erguí, me acerqué, y con timidez, esbocé un disimulado “hola”…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos fantásticos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s