Eterno retorno…

Estar junto a otr@ enciende en nosotros la llama de la vida, sentimos la alegría a todas horas, llenos por dentro. Las disputas son solucionadas con rapidez, sin problemas. Llega un momento en que parece que todo es perfecto, puede que hasta no sea necesario hablar. Las palabras son vehículos sin significado cuando algo es demasiado profundo y, al igual que dicen que más vale una imagen que mil palabras, también vale más un gesto, un guiño de complicidad que todas las palabras del mundo. Hay cosas indecibles porque ya están supuestas, se convive con ellas como si éstas constituyeran en sí una realidad, la que compartes con aquella persona tan especial…

 

Sin embargo, todo tiene su lado oscuro porque la alegría necesita de la tristeza para existir, igual que el blanco del negro y viceversa. Los polos opuestos, el yin y el yang, son los elementos más primarios de este universo y todo lo que es una forma tiene su opuesto, el contrario; como el héroe su antagonista malvado o la bella princesa de los cuentos la horrenda bruja. La perfección subyace de la idea de equilibrio, una balanza entre ambos donde no habría que preguntarse por si es mejor o peor porque, como todos, son complementarios de una realidad que no hemos elegido pero, en sus entrañas guarda una belleza oculta que pocos llegan a percatarse. El hecho de la imposibilidad de la perfección, el hecho de que vague en nosotros como una idea, abstracta de toda realidad, como un objetivo inalcanzable, una meta hedónica ideal hace sin embargo nos hace anhelarla: queremos que todo sea perfecto, rehusamos cuando queremos de las leyes de la naturaleza y nos oponemos a la verdad más obvia. Parece entonces el deseo humano como una llama sin límites infinita, perdida en las sombras de una imaginación tan particular como la nuestra.

Las cosas no siempre salen bien, es más, sabemos que la mayoría de las veces salen mal. Seguro que hablando así me otorgarán el calificativo de pesimista muy rápido pero no estoy tan equivocado. Cuando emprendemos algo sabemos previamente el riesgo que corremos, es más, somos tan conscientes de él y de la probabilidad de sufrir en el futuro que casi lo desestimamos de nuestros planes. Alguien pregunta por qué sucede esto ¿Por qué en estos casos no vemos evaluamos con rigor los pros y los contras como hacemos cuando se nos presenta un trabajo, la oportunidad de la compra de aquello que tanto queríamos?, hasta en las situaciones donde la euforia nos inunda siempre queda hueco a la fría racionalidad como cuando nos toca un premio ¿dónde lo guardamos? o depende de su sustancia ¿qué hacemos con él? Nos creamos problemas, es una de las habilidades más complejas y fascinantes humanas. Nos sentimos satisfechos y al poco nos hemos creado un problema y tenemos la imperiosa necesidad de resolverlo. Sentimos todo lo dicho y cuando nos queremos dar cuenta hemos errado en lo más elemental dejando atrás al aura de la flor de la alegría para dar paso a la estertórea melancolía o la impávida ira, al igual que destructiva. No tiene sentido y tampoco deseamos que lo tenga. Es así y nadie plantea cambiarlo. Paradojas donde se pone en entredicho la naturaleza que ostentamos, la génesis de la conciencia… aunque esto ya es otro tema.

– Creo que a has aprendido la lección, ¿volverías esta vez a caer en las mismas lindes?
– Sin duda, no podría ser de otra manera.
– ¿Por qué? No lo entiendo. Has sufrido, lo has pasado francamente mal y, encima, quieres intentarlo de nuevo…
– Quizás es algo que excede mis palabras para explicar pero somos los mejores en adentrarnos en los proyectos más absurdos, ilusos y borrachos de motivación aun a sabiendas de sus riesgos.
– Mejor dicho: sabes que van a fracasar de antemano. Más razón por lo que te digo todo esto.
– Sí, es cierto. Sabemos del fracaso, de los problemas pero nos encomendamos continuar porque valoramos, en el fondo, más la satisfacción de continuar que el evitar lo negativo.
– No diría lo mismo después de ver siempre esas caras largas a continuación de la ruptura, de los conflictos y de las vicisitudes varias y variopintas que acontecen habitualmente.
– Por alguna extraña razón hemos decidido siempre contar lo negativo y mostrar la cara triste de la realidad pero, por otro lado, ésta es solo el acicate para un nuevo intento, esta vez con mayores esperanzas y con la misma sensación de conocer el riesgo, asumirlo y adelantarse… Es valiente, la salsa de la vida y el motor del mundo en todos los sentidos.
– Y aun así repetirías la experiencia… Te pregunto algo ¿volverías a repetir todo aquello que has vivido de nuevo? y es más ¿desearías que todo se repitiera hasta el infinito en un viaje de no retorno en el tiempo?
– Sí. Amo la vida y amarla es anhelar e intentar siempre lo bueno, lo mejor y más allá y entender, por otro lado, la tempestad como el motivo por el cual queremos mejorarnos, nos ilusionamos de nuevo en la búsqueda insaciable de esas experiencias y sensaciones sin parangón.

Decir:

¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas 
en mi pupila tu pupila azul, 
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? 
Poesía… eres tú. 

 No tiene precio, para todo lo demás… (ya sabemos lo que hay)
🙂

Vestigios de una vida pasada nunca vencerán mis ilusiones
de continuar por siempre buscando con ardor
las mágicas alas del destino feliz del amor
preguntarse si volvería a repetir es cuestionar mis aspiraciones
 
para siempre,
por siempre,
busca en la eternidad
la luz del momento.
Párate a disfrutar
aquí y en la infinidad..
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