La lección

Todos los Augustos, Césares, Trajanos, Marcos Aurelios y demás nos han dejado un legado de los errores que, de la historia, hemos de aprender. Ellos y sus antepasados griegos, muy próximos no obstante en el tiempo, han recorrido todos los caminos posibles en los mundos dominados por humanos. Atesoran la experiencia de la más inocente prueba-error de un niño chico, solo que ha tenido la suerte de ser chico una y otra vez. Tantas veces como héroes elevados a emperadores se han visto en aquel imperio y, primero, república.

– La historia es clara, queridos alumnos. Todo lo que podamos hacer, nuestros planes y deseos no son originales nuestros. Seguro que en algún libro de historia ya se pueden leer hasta las consecuencias de todos ellos. – Prosiguió con tono condescendiente dirigiéndose a su clase -. Entonces ¿por qué todos los problemas de hoy día? ¿Por qué no somos capaces de salir adelante en nuestros días de los problemas repetidos y que nuestros antepasados ya supieron solucionar?

Toda la clase enmudeció hasta que uno de los chicos más interesados se atrevió a levantar la mano después de haber mirado a izquierda y derecha. El profesor le hizo esperar a que se prodigara con su respuesta con la expectativa de más voluntarios pero, según parece, las respuestas no eran muy largas ese día. Así, concedió la palabra al chico con un breve gesto y una marca de desgana, o decepción.

– Por que no se han leído la historia. -Contestó intimidado por el silencio estéril y ese interludio hasta que el profesor le dio píe a hablar.

Hizo una mueca de sonrisa pero no llegó a culminarla. – No. Esa era la respuesta evidente. La ignorancia de los presentes. Siempre la ignorancia. Y es verdad. Poca gente tiene una cultura que le permita desenvolverse sin ambajes en situaciones complicadas de la vida, menos cuando se tan elevadas cosas como la política se refieren. Sin embargo, no es la contestación correcta. -Hizo una pausa. -¿Alguien más?

– Es más sencillo, mucho más sencillo, queridos alumnos. Leer es un tema árido, pero todos, o casi, han pasado sus días por la escuela como todos vosotros y, por tanto, no han podido saltarse los interminables y aburridos temarios de historia. Sí, hay quién es ḿás hábil, más interesado y quién no solo estudia para el examen, después no sabe ni hacer la “o” con un canuto. Pero no os dejo con la intriga más tiempo: por la soberbia.

La clase seguía las palabras vocalizadas a la perfección en los labios del profesor y todos sus gestos calaban hondo, dando una especie de profundidad mágica a la explicación. Básicamente, ¿quién no se ha preguntado el por qué de perder el tiempo aprendiendo algo que, después, no te da trabajo? Se termina un tema y al rato de finiquitar la perorata, se pone a plantearse por qué demonios ha dicho todo eso, aparte de por cumplir con su papel.

– La soberbia, señores. La soberbia. La mayoría sabe que todo está transcrito, que todas las aventuras y desventuras ya han sido narradas pero queda ahí ese puntito de rebeldía, de soberbia -hizo resonar la palabra- que hace la ilusión de pensar que lo propio es especial, que todo está dicho menos lo suyo ¿Qué forma si no de rehuir de informarse, de recibir consejo y cejar en la cabezonería? Simple y fácil. Está servido. Somos un caso especial. Sí, es muy bonito todo lo que nos cuentan, nos dicen en la tele o leemos en un ocasional libro, incluso los que mantienen en sus biblitecas personales los días de estudio de días como estos en el instituto. Da igual lo que se sepa o no se sepa. Lo suyo es especial. Si es así, no puede mensurarse con el mismo criterio que todo lo demás, ni menos compararse. Debe de tener una solución nueva que es la nuestra, por supuesto.

Con la emoción conque describía la feroz fuerza de esa forma de pensar. Casi nadie en el aula se quedó indiferente. Creo que todos se señalaban en sus adentros. Se daban por aludidos. Esas palabras se tornaban como una lluvia de humildad en todos. Un punto de vista diferente. Es incluso más útil que el estudia para aprobar, porque esto trasciende eso, posee esta enseñanza una innata capacidad de perdurar por siempre y siempre vigente y útil como el primer día. Un guiño al conocimiento que pocos olvidarán del fin de la lección.

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