Profecía autocumplida

Con el cuerpo abigarrado a hastío, cansancio y la carga de una desgana profunda, abría paso a toda una horda de pensamientos tenebrosos. Si todo el mundo cree que tiene un lugar en el mundo, llegado este momento, éste se esfuma entre cortinas de niebla. Uno se encuentra vendido ante la inapetencia de un alma corrupta que late en el interior y, sin embargo, quizás la sensación sea insuperable e inexorable pero aun queda su coloralio pensamiento, que aun peor. El cuerpo que antes ardía entre las pulsiones de movimiento y diversión se adormece en un sueño sin final previsible. Ese es el principio de todo. Después, no sé si con temprana providencia o, quizás sea más tardío puede surgir esa vocecilla que vela por nosotros. Nos indica con cierto sarcasmo “¿sabes que el único problema que tienes es creer que estás así?”. Sobresalto. Punto y aparte.

Fui colocando bloque tras bloque, cimentando lo que parecía tener una forma, la forma de una vida. Esta construcción es la más larga acometible por todos pero, increíblemente, hay quién no la hace. Supongo que el pecado capital de la pereza da alas a plantearse no proseguir derramando más lágrimas ni sudor moldeando este edificio. El caso, es que, sin desviarme, yo lo hacía. Casi con sutil obsesión me planteaba la ubicación de cada uno de los bloques y no dejaba nada al tuntún. Era un auténtico ejemplo viviente en que, en vez de ser persuadido por la insana pereza, me guiaba por unas desmedidas ganas de edificiar algo, que incluso en su final yo desconocía por completo. Cada pieza a imagen del ajedrez ha de ser movida según las circunstancias de la jugada de tu oponente. En este caso, nos ponemos en frente de un tablero plagado de enemigos, pero no solo de ellos, también hay aliados valiosos siempre, otros para depende qué casos… El problema de estrategia es urdir los planes a tientas, como si se estuviera ciego y pretender ser un Sherlock Holmes de dónde se esconden las minas en el Buscaminas, los enemigos. Lo bueno es contar con pistas fiables como esos numerillos de advertencia de la presencia cercana de las malvadas minas. Y el papel de investigador de crímenes es deducir donde señalan los testigos y no confundirse entre falsos testimonios. Eso es, colocar bloques y construir un esbelto edificio.

Recuerdo, que es conocido de sabiduría popular, que las planificaciones de los gobiernos comunistas fallaron. Fueron más sanguinarios que las dictaduras de los nazis o el fascismo italiano. De todos modos, guardaban más en común que, en verdad, tener motivos para distanciarse. Todos construían su vida colocando bloques pero, la diferencia con mi construcción reside en que yo construyo para mi, en ellos, un grupo cabecilla lo hacía para millones de personas enajenadas de la posibilidad de poder construir y crear por ellos mismos. Los líderes argumentaban que sus cálculos eran más precisos y se evitarían los errores de todos los demás. Yo, sin embargo, he llegado a amar los errores cuando los reconozco. Sin embargo, no todo son maravillas en mi construcción y sí, guarda de un oscuro parentesco con el error tan grave de estos líderes de la maldad en la historia. Cada bloque corresponde a un movimiento, una acción o una palabra ¿¡Qué margen tengo para pensar y planear todo movimiento si todo se sucede tan rápido!? La velocidad del tiempo, marcado por las agujas de los relojes o, en el moderno cambiar de los dígitos electrónicos, no m deja prever todo y acaso no me libra de fracasos. Me veo tan obligado en remover todo lo construido tan asiduamente que me propongo si mi edificio es un proyecto válido, si merece la pena. Y… al cabo de tiempo… terminé:

Con el cuerpo abigarrado a hastío, cansancio y la carga de una desgana profunda, abría paso a toda una horda de pensamientos tenebrosos. Si todo el mundo cree que tiene un lugar en el mundo, llegado este momento, éste se esfuma entre cortinas de niebla. Uno se encuentra vendido ante la inapetencia de un alma corrupta que late en el interior y, sin embargo, quizás la sensación sea insuperable e inexorable pero aun queda su coloralio pensamiento, que aun peor. El cuerpo que antes ardía entre las pulsiones de movimiento y diversión se adormece en un sueño sin final previsible.

Descubrí un aliado, en uno de esas advertencias del Buscaminas. Con un número muy alto. Significa que detectaba minas a todos lados, en todas las direcciones y a cierta distancia. Me advertió de una realidad irrevocable, de la terrible situación en donde me había subsumido. Ese aliado improvisado ha sido la salida. Me dio píe a deducir donde pisaba para asegurar todos los pasos ¡y aquellos bloques que rebañaba en cemento y dejaba enfríar para seguir construyendo! Descubrí poco a poco que podía moverlo, que podía acompañarme podría decirse y así tener una defensa eficaz. Mi seguridad redundaba en una pizca de improvisación y una pizca de previsión. El plan se rompía, ese plan de antaño que quería ser como la guía divina y un destino escrito, pero de irremediable reescritura cada dos pasos de tres. Una incertidumbre por los cielos que bajó a la tierra hasta poder mirarla a los ojos. Una alegre libertad que, por fin, podía permitirme. Salir del cascarón.

No me daba cuenta. No es que no colocara ya bloques en mi edificio, solo que se iban colocando solos, se posicionaban a cada acción por sí solos como por arte de una magia balsámica. Dejaba hacer y todo automatizado se constituía en armonía envidiable. Vi de nuevo ese número en mi plano de minas, vi una cara preciosa. Vi más que un número. Ahora descubrí otros números. Vi más allá de esos números. Todo va solo y me preocupo solo de vez en cuando de revisar esta cadena tan prolífica de fabricación en serie de un edificio que crece a la velocidad de la luz. Despierto de la ceguera. Un día nuevo y surgió:

Después, no sé si con temprana providencia o, quizás sea más tardío puede surgir esa vocecilla que vela por nosotros. Nos indica con cierto sarcasmo “¿sabes que el único problema que tienes es creer que estás así?”. Sobresalto. Punto y aparte.

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