El poder de las palabras, escapismos y realismos

La escritura es una expresión limitada de una realidad imaginada. Necesita de la metáfora para cubrir los huecos que la palabras solas no alcanzan a significar. Necesita de un ejercicio de dejarse llevar por una imagen en nuestra mente que tratamos ingeniosamente de describir y, cuánto menos, termina por convertirse en un criptograma pendiente de descifrar para el ojo ajeno. Por eso de la limitación de la palabra ¿Habría alguna forma de saltarse el lenguaje por palabras e irse a un lenguaje, medianamente objetivo, como hacemos con el uso de las palabras, pro sin ellas, con dibujos, imágenes, pinceladas o símbolos más acercados a la realidad que tratamos? Quizás los ideogramas son lo más cercano y el mejor ejemplo.

A veces toda una formulación enorme de incontables caracteres se resume en una única y simple imagen mental. Como los sueños, al terminar estos, a veces son reticentes hasta el extremo de ser descritos con precisión y tan sólo dejan una difusa idea-nube de la cual inventamos más de lo que realmente soñamos. Son conocidas las correlaciones de los sueños como predictores del futuro, esos calcos ilusionarios, más bien formas de interpretar el simbolismo innato de éstos con el interés de buscar lo místico en ellos. Se trazan las correlaciones; esto, luego pasa aquello ¡Igual que lo soñado! de verdad, en serio lo digo. Típico espejismo de la mente, y tópico del que, quién busca, encuentra al final.

Juegos malabares hay que hacer para sonsacarle un poco de color a los momentos, expresarlos como castillos de fuegos artificiales e impresionar al personal con minucias tan esperpénticas que, si no fuera porque todos tendemos a crearlas de algún modo, suscitarían una risilla ridiculizante. El realismo es gris, y el impresionismo hace de realismo deseado. La labilidad emocional inducida por el alcohol es digna de la peor reflexión. La búsqueda de la desinhibición puede ser por nos encontramos encasquillados en una cárcel de las palabras respaldada por un sostén de emociones laxas de la vida cotidiana; o por una visión dual de la vida: compartimentada en deber y placer, donde el primero es necesariamente un terror y un sufrimiento y el segundo ha de ser el polo opuesto y la salida radical a todos los males contenidos. Es una visión muy simplona, rellena de prejuicio y sufrida de la vida, con un trasfondo, por cierto, de falta de sentido a por qué estamos aquí y para qué. Preguntas que, son tan naturales hoy día alguna vez en la gente, que ni advertimos su errónea naturaleza, una trampa de la razón, que se inmiscuye en donde no es capaz de obtener respuesta fiable.

El lenguaje da forma y moldea a todos a pensar todos lo mismo. Por eso las historias se repiten de unas culturas a otras, en las pelis los estereotipos de repiten de una a otra con distinta apariencia pero mismo contenido. Las novelas pecan de sufrir de la misma realidad y la originalidad se convierte en un bien tan preciado como el más grande los tesoros. Con ver como hay gente creyendo en remedios médicos poco ortodoxos ‘naturistas’, no comprobados lo más mínimo, incluso los propios profesionales bien formados en principio, da muestras de una nulidad en el interior del universo de las palabras. El cual no manejamos del todo como quisiéramos y, es más, éste nos hace a su imagen, corre un tupido velo sobre una parte nuestra que de vez en cuando asoma en forma de creencia. Un universo donde el placebo es el más desconocido de los efectos y donde el materialismo ralla en el más sonado de los ridículos: porque es la causa más extendida de hambre en aquellos que comen todos los días, claro está.

Se ha arrasado todo. Y quedan fragmentos ininteligibles para la mayoría, prueba de la gran devastación del alma. Aquellos fragmentos, desgraciadamente, viven del aire de la interpretación de cada uno de nosotros y traspasan la barrera del absurdo y de la obra maestra según el intérprete de la sinfonía cuando, en verdad, solo son palabras. En papel, no se las lleva el viento. Sutanciosa ventaja pero insuficiente. Hablamos de cultura como hábitos y costumbres peculiares de unos y otros, no de que todo es parte de ella, en especial, lo más y más familiar como es la forma de relacionarnos, el porqué escrito esto así y no de otra manera… En fin, si hubiera un globo para todo caería por sobrepeso, tan inflado como denso de ser inclusivo con todo el contenido de la cultura; abotargado de la responsabilidad de ser el continente del espíritu de un pueblo. Mientras juego con estas ideas, habrá economistas cuantificando el bienestar de las personas por medio de su consumo, o del número de trastos viejos (y no tanto pero suficiente para renovarlos) que tiran a la basura todos los días. Impresionante ¿no?

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