El trabajo de un heliopolitano III

Antes de leer este relato, leer las otras dos partes primeras. La Uno y la Dos.

***

El corazón de las comunidades independientes de la heliópolis se encontraba en su historia. La intraeconomía de las comunidades dibujaba un extraño escenario para los extranjeros pues, ellos acostumbraban a vivir en un mundo interconectado donde se vanagloriaba del ‘mercado’ donde se movían todos los bienes y los servicios. En parte, éste no se ausentaba de convivir en la heliópolis pero, al margen de este ‘mercado global’, lo que los terrestres llamaron en su día, ‘globalización’, los heliopolitanos constaban de una economía cerrada entre sus comunidades vecinales. Ya indiqué cómo los trabajadores sociales eran los encargados de realizar las labores de manutención de la comuna, es decir, cubrir las necesidades básicas y procurar el bienestar. Otros eran los historiadores de la comunidad. En todas estaban presentes. La verdad es que la ley de la ciudad no se inmiscuía en la organización interna de las mismas, o muy poco, pero por convención y acuerdo en el momento de la fundación, casi todas gozaban de unos elementos básicos. En referencia al valor a la historia de todas las personas y de todas las subculturas de la ciudad, de las comunidades y de las organizaciones, se hacía honor al constar en apta todos los acontecimientos importantes y todos los miembros de las mismas. Ese trabajo laborioso y largo correspondía a los historiadores de las comunidades. Un elemento vital en el interior, como el corazón, representaba la eternidad del espíritu de la comunidad, en un extraño culto a la efimeridad y la mutabilidad. A esta sazón, el mayor ofrecimiento a la aquella ‘divinidad’ no podía ser otro que constar la historia reflejada para la posteridad. Los humanos mueren, pero los hechos y las ideas perduran hasta siempre. La figura de los economistas de la comunidad era de alucinante importancia. Ellos, aparte de como supondrá el lector, llevar las cuentas de la ciudad, dirimían las relaciones económicas con el poder central, el gobierno, en eterna negociación acerca de los intereses comunes de todas las comunidades de la heliópolis con intermediario en el gobierno central. Dos vías. La economía y la política. Los heliopolitanos de Windnis se sorprendían de los demócratas terrestres, ellos sólo constaban anticuados medios de presión contra el poder central y carecían de poder de negocación con sus iguales, todo viajaba por medio del gobierno central. Un sacrilegio a la libertad cuando ostentamos todos estos medios técnicos.

Nicolás Szasz, en la última reunión con el consejo del movimiento político al que pertecenecía, acabó en la confirmar la posibilidad de salir de la comunidad donde había compartido parte de su vida para viajar a otra ciudad. Se le necesitaba en importantes menesteres diplomáticos y científicos. Se sumió en una pena tremenda, sabía, no obstante que viajaría con su familia pero los compañeros dejados atrás significaban mucho para él, quizás demasiado. No se trataba de uno de sus viajes intergalácticos de dos o tres días o, a lo sumo, una semana. Sino, hablaba del fin de una era. Peter Craftten apuntó en declaraciones las razones y los sentimientos de su ida para el historial de la comunidad, que despedía a un ‘grande’. Sin duda figuraría en el Panteón de los venerados líderes de la comunidad, áquella humilde del distrito XX de la heliópolis de Windnis. Hasta el rival de Nicolás, el alcalde Moor, se hizo eco de la noticia y contactó con él públicamente por la Red Social en acto institucional para despedirle de la ciudad.

Sostenía el rostro ecuánime para no deshacerse en lágrimas al lado de sus compañeros, vecinos, o como se les quiera llamar. Un abrazo y cariñosos gestos de despedida en una ceremonia escrita en los libros, obra de Peter. Al tiempo, miró su reloj, tradicional por cierto, y se dirigió a la salida del bloque de pisos donde habitaba la comunidad. La salida fue directamente a espera de un taxi. No tardaron más de dos o tres minutos de espera cuando un vehículo en el monoraíl aparcó a la recogida de Nicolás. El taxi lo llevó justo a la estación aeronáutica donde partiría a su nuevo destino. Respecto a la mudanza, tan sólo constarían todos los documentos y demás útiles de trabajo, el resto se encargaría la comunidad de destino donde iría a residir, la cual, por supuesto, había sido informada con antelación.

Cuando llegó a la estancia por el sistema de tranvía clásico de la ciudad heliopolitana de Noitch, parado enfrente de la puerta principal de la nueva comunidad: distrito V-.011, Noitch; se encontró con un comité de bienvenida, él y su familia. Sobre todo, delante de todos ellos, un tipo alto al frente, vestido de ocasión con un traje tradicionalista con corbata. ëste hombre se adelantó al paso de Nicolás mientras su familia entraba en la comunidad.

– Usted es Nicolás Szasz ¿no es así?

– Sí, el mismo. Un placer…

– Roberto Linares, líder de la comunidad. Estamos encantados de estar con usted y, permitame tutearle.

– Por supuesto, ya somos familia.

– Sin duda. Has sido una inspiración para todos nosotros en Noitch. Aquí somos más tradicionalistas que en tu ciudad natal, como comprobarás. Con solo mirar alrededor… -Rió con sinceridad y prosiguió con su voz melodiosa y tono seguro – Hace poco se constituyó la comunidad, antes tan sólo éramos una comunidad vecinal pero con poco contacto real entre nosotros. Su organización ha decidido mandarle aquí, como sabes bien, para instaurar el sistema social de tu ciudad en la totalidad de Noitch. Estamos, digamos… hemos puesto la primera piedra pero queda todo un edificio por construir ¿me entiendes?

– Sí, perfectamente. Es bastante ilusionante este trabajo, también convivir con todos vosotros, claro está. Hace poco menos de unas horas estaba aun en mi ciudad. La despedida fue difícil. Sabemos que con las comunicaciones modernas vernos es fácil pero no lo es tanto dejar a algo más que vecinos en el otro lado. -Nicolás dejó entrecortada la última sílaba.

– Familia. -Completó Roberto.

– Eso es. -Concluyó convencido Nicolás. – Haremos todo lo posible y, por cierto, también tengo que darte la bienvenida a ti, Roberto, por entrar recientemente en el Movimiento de Narcisos, eres de los pocos en esta ciudad.

– Exacto. Gracias. Mejor hablemos dentro, por favor, entra…

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