El trabajo de un heliopolitano II

Recomiendo leer antes la primera parte “El trabajo de un heliopolitano” en este mismo blog.

***

La comunidad donde vivía Nicolás Szasz se veía en un problema con el gobierno por la reciente subida de los impuestos debido a algunas construcciones y obras costosas. El levantamiento de un nuevo centro de investigación público iba a ser uno de los proyectos estrella para seguir mejorando la ciudad como uno de los centros más llamativos de los innovadores trabajadores dentro del Espacio. Sin embargo, el grupo de Nicolás, del Movimiento de Narcisos, se oponía por defender el imperio de las comunidades, consideradas como la forma más humana de vivir. Por tanto, las obras dictadas por una autoridad central y no por el acuerdo y la colaboración de las distintas comunidades de la heliópolis era rechazado de plano. La posición de Nicolás fue comunicada por medio de la Red Social de la heliópolis. Recibió, al poco, muchos críticas pero, mayoritariamente, fueron los halagos la respuesta más frecuente. Se manera que diversas comunicaciones posteriores se llegó a pactar el acuerdo de dos grandes organizaciones y varias comunidades además con retirar los ahorros depositados en bonos del gobierno de la ciudad y, por tanto, boicotear los proyectos hasta alcanzar un acuerdo conjunto en la ciudad. El alcalde, antes de perder popularidad, se sumió en la negociación mediante teleconferencia en la Red Social, pública a todos los ciudadanos de la heliópolis de Windnis.

– La ciudad necesita de un impulso para mejorar y ponerse a la altura de las demás. Últimamente hay muchos conciudadanos embuidos en procesos de emigración a otras ciudades e incluso a otros planetas. -Reclamó firme el alcalde. – Estamos a tiempo de elevar esa ciudad al mejor punto de la historia. Solo requerimos un esfuerzo extra de los ciudadanos para un fin de interés general.

– Ustedes no deben tomar decisiones por su cuenta, por muy por el bien de la ciudad sea, incluso de sus ciudadanos. -Replicó confiado Nicolás. – El modelo próspero de la heliópolis es, precisamente, el acuerdo y la cooperación de la pluralidad de las comunidades y organizaciones. Son nuestros principios, pero más que eso, son los principios de los principios, señor Moor. Si queremos la pluralidad necesitamos de la tolerancia entre los distintos modos de congregar en objetivos comunes a las comunidades.

– Yo, como alcalde, verá que estoy totalmente de acuerdo con los principios a los que usted apela pero las ideas no deben ser la causa de la decandencia de la ciudad nunca. Somos lentos en encontrar los puntos de acuerdo, y eso nos penaliza respecto de otros gobiernos más ligeros y gobernables. Todos los ciudadanos de la heliópolis interesados están escuchando la conversación, incluso viéndonos si lo desean. Estamos siendo testigos de cómo el pueblo se comunica con el gobierno.

– Creo que no ha entendido. Si no, es igual. Con los derechos legales que poseemos actuaremos. Más con el apoyo de los posibles expectadores. Retiraremos todos los bonos que financiacían su gobierno, y por supuesto, sus magníficas obras. – Dijo Nicolás en tono beligerante. La conversación estaba siendo escuchada por, ahora, diez mil personas. – Hemos, además, acordado con las comunidades de los distritos I, III, IV, VI y X hacer lo mismo todos con respecto de la financiación. – Al final, dejó la palabra en el ‘diez’ en el aire.

El alcalde estaba nervioso. Se le notaba en la cara. Sabía que decidía entre su compostura personal, su popularidad y dignidad y entre el juego a perder todo eso por una amenaza. Si el alcalde Moor se decantara por ceder, se dignificaría por el poder de la negociacíon, más si expresaba con pésame su error. Sin embargo, su popularidad, debido al mismo error, encerraba la trampa y final a su carrera política y el regreso a su comunidad de origen.

Prosiguió Nicolás – Usted no puede subir más los impuestos de un límite puesto que la financiación del gobierno no debe exceder en un 30% por la vía de los impuestos, el resto ha de ser a través de la captación de dinero voluntarios en bonos u otros productos…

– La pregunta es ¿Usted quiere, y su organización y todos a los que representa, la contrucción de los proyectos sobre la mesa, públicamente presentados siguiendo las leyes vigentes? -Soltó el alcalde en una luz de brillantez.

– Esta conferencia se propuso como alegato a los procedimientos de su gobierno, no los fines, señor Moor.

– ¿Eso qué quiere decir? Explíquelo pensando en el resto de los oyentes. Son todos los ciudadanos.

«El juego del alcalde se tornaba complejo, cada vez más. Abría una brecha entre el populismo y una confusa forma de llevar a su terreno el debate. Estaba claro que nosotros no querímos cumplir con las amenazas pues si retirábamos el dinero en los bonos, la ciudad sufriría, lo más seguro, una crisis. O bien el resto de las comunidades debería apoyar al gobierno con los bonos retirados por nosotros, empobreciéndose, en consecuencia, la heliópolis entera». Pensó Nicolás con velocidad, ante el arrojo del alcalde. No dispuesto a ceder.

– Bien, nosotros apoyamos de hecho las obras pero nos oponemos a cuya financiación sea por vía impositiva, sino voluntaria. Respetando así el núcleo alma mater de este pueblo.- Dijo Nico. Al final, decidió internarse en el campo de la política y aplanar el terreno sin dejar espacio a titubeos. Si todo andaba claro, el alcalde debería regresar al discurso inicial ya que sabe que los impuestos son obligados e impopulares. La gente debe, ante todo, ser responsable de lo que quiere, también en la ciudad como sus bienes personales. Por tanto, la financiación debe ser, en preferencia, voluntaria. – Accedemos siempre y cuando conceda en subasta nuevos bonos. -Terminó Nicolás. Él sabía perfectamente que hubiera aludido al chantaje fácil de ‘o nos das los bonos a nosotros (y tenemos más poder) o retiramos el dinero cumpliendo las amenazas y echamos abajo el gobierno’ pero, es disuadido ya no por los principios morales de Nicolás, fuertes y conscientes, sino por el mero hecho de ser pública la comunicación. Por tanto, susceptible de ser denunciada.

El final es deducible. El principio de los principios de la heliópolis se mantuvo en píe, a dos pasos de la violación consentida… Pero retuvo las energías suficientes para cumplir.

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