Yo, robot: libro inteligentísimo, obscena adaptación al cine

¿Cómo? ¿Por qué? Esas son la spreguntas que más frecuentan mi cabeza cuando, al terminar, me ha surgido la comparación entre la película de Yo, robot y el libro homónimo de Asimov en el que se basa. Así que, repito ¿por qué? Con la película -que si bien me resulto entretenida- han destrozado el argumento de la obra de Asimov, la han insultado en definitiva. No hay otras palabras.

Los robots, creados y perfeccionados con el tiempo llegan, desde ser de mero uso técnico y a encontrar obstáculos en su aceptación social -como uso doméstico por ejemplo- a sustituir a los humanos en las tareas de la política y de la economía bajo el precepto de ser perfectos en sus decisiones. Las leyes de la robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Protegen a los humanos y garantizan el buen servir a sus propósitos de los robots como el mayor avance de la humanidad en su historia. Sin embargo, en el camino hay muchos impedimentos como los conflictos de las robopsicóloga Calvin con algunos usos de los robots susceptibles de reprobación al cambiar la primera ley, dejando sólo el precepto positivo “no hacer daño” (elimina, “por inacción…”). Por otro lado, son graciosos los problemas en el espacio con los robots construidos para comandar operaciones y dirigir. Los robots, en uso de la razón pura, empiezan a desarrollar un pensamiento cartesiano y, aunque, actuan en sintonía con su cometido por las leyes de la robótica y por asumir que los mandos y ciertos parámetros son obra del “señor”, piensan en los humanos como seres inferiores. Culie es el ejemplo de racionalismo carteasiano para la desdicha de los ‘imperfectos’, ‘débiles’ humanos que debían ‘ser sustituidos’ en sus funciones. Casi les hace la vida imposible a los técnicos al mando y, entre ellos, y con el robot, se producen diálogos muy inteligentes mostrando desde el cuestionamiento de la propia existencia, pasando por asunciones y creencias típicas, reflejadas en la historia de la humanidad.

La deriva de las posibilidades intrínsecas de las leyes de la robótica es el centro de los problemas. Por ejemplo ¿podría un robot no actuar para salvar a un humano en pos de poder salvar, en el futuro, a otros muchos? Es una paradoja en sí misma pues, por inacción, sería imposible no impedir el daño a un ser humano pero, por otro lado, si la misma acción, si cuesta la vida del robot, deja de poder preveer otros daños a más humanos, entonces no debería actuar ¿o sí?

La victoria final es para los robots y el futuro de la humanidad, en palabras de la robopsicóloga Susan Calvin conversando con Byerley, político al que acusaron de ser un robot (¿Lo era?), estaba en manos de cómo la primera ley se desarrollara hasta sus últimas consecuencias. El postulado clave: “Si la humanidad sufre de daños por la desigualdad económica, por tanto, como los humanos erran y los robots no, los robots siempre han de mantener el gobierno”. Una paradoja, la seguridad por la libertad; ¿justificaciones para mantener el estatus adquirido y la estructura social? ¿Los robots podían adquirir motivaciones intrínsecas para usar las propias leyes de la robótica en su favor ‘personal’?

En términos finales, el argumento denso filosófico del escritor de origen ruso es devastador por su profundidad, sin embargo, la película, además de no reflejar la realidad de la novela en su hilo argumental, se deriva, dócil, hacia la acción resultona y el tono burlón típico de Will Smith. Quién no haya leído el libro se queda satisfecho, con “una peli más sobre los problemas futuribles de la IA y los robots” mientras que quién haya leído el libro clamará al cielo. Hoy clamo.

Por suerte hay que destacar en la versión cinematográfica, poco de la peli en sí, y mucho debido a este pedazo de coche que Audi diseño expresamente para esta versión cinéfila de la novela. Aunque, incluido como elemento más bien decorativo y como secuela de los famosos Men in Black, más su parafernalia tecnológica. Tienen unas raíces todos estos inventos comunes, frescas. Tanto que huelen. Suerte desinflada en pétalos raídos por el temporal.

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Una respuesta a Yo, robot: libro inteligentísimo, obscena adaptación al cine

  1. Brian Seoane dijo:

    Desgraciadamente, creo yo, vi antes la película y me ha encantado… He tratado de leer el libro pero no he pasado del capitulo 5, creo…
    Lo volveré a leer gracias por la reseña

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