Usurpadores o dueños de la Historia

No se daba crédito a la amenaza informada por uno de los empleados, además, de los más queridos dentro del seno de la organización. Había sido uno de los Hombres del Tiempo más arduos en su trabajo con acciones memorables en los años de la Gran Crisis. Introdujo cambios en algunos de los políticos de la época induciendo un viraje total del devenir de la sociedad y acercándoles a la salida correcta. Él calibró con excelencia las consecuencias de todos los casos y obtuvo que, en aquellos momentos, se debía abrir las fronteras y ceder con los demás países en un esfuerzo diplomático, no cerrarse en trincheras. Al final, con eso, evito una guerra de incalculables efectos en el futuro, imborrables por muchas décadas probablemente. Pero, con esto esto, que le valió para el ascenso y las felicitaciones de los mandatarios de la organización, no consiguió estar muy contento al parecer y aun no no lo explicamos.

El director Carlos Salas leyó el escrito del corrupto empleado Diego Cortés con la mirada invariable en las letras y una posición nerviosa. En su despacho, aguardábamos todos nosotros, el exequipo de Cortés, pendientes de la resolución de todo el caso. Al poco, habló para todos nosotros mantiendo la compostura el director, sin tono de alarma. “El Sr. Cortés amenaza con desvelar el secreto de la organización del Tiempo y desbaratar todo el trabajo realizado hast ahora. Las consecuencias no son calculables por nosotros, están fuera de nuestras posibilidades pero la vida azarosa de la humanidad puede convertirse en un infierno de hacer esto realidad. Sin embargo, para dejar lo hecho tal como se encuentra pide acabar con la organización y dajar en paz la humanidad en la eternidad”. Un murmullo se extendió entre nosotros, otros tan sólo mantenían un murmullo en sus cabezas por tan rumorosa noticia.

Nadie se podía creer que un empleado ejemplar como Diego traicianara con esas ideas además a la organización donde había sido todo, incluso estaba llamado con el tiempo a escalar en la más alta jerarquía de los Hombres del Tiempo. Los orígenes de Diego habían estado ligados desde corta edad a la organización como todos los presentes, se reclutan a los pocos años de nacer cuando son niños inocentes y se les educa con rigor en la historia, la sociedad y el trabajo de la Organización. De esta manera formamos empleados ejemplares, dedicados en cuerpo y alma en un servicio a la humanidad que trasciende los logros de los pacifistas del Mundo Real como Gandhi o las obras de los grandes emperadores y unificadores de la civilización como podrían ser Alejandro Magno en la antigüedad, Carlos V de Alemania en la edad dorada de las indias y de la gran España o Napoleón o George Washington para el continente americano. Los Hombres del Tiempo tienen el poder de viajar a todas las épocas a todos los espacios y, bajo las estrictas normas y códigos de actuación, influir, una vez calculadas las posibilidades futuras, en los gobiernos, en los militares o, incluso, en los pensadores de la época.

El fin de la Organización significaría el final del control y el principio de la anarquía humana. Un futuro incierto, lleno de desastres y sin salvador. Ellosno saben la verdad de los textos religiosos, todos hacen referencia a dioses, cuando en verdad son los Hombres del Tiempo, en concreto por aquellos tiempos, se trataba del director general de la Organización, llamado por algunos Dios, otros Javéh, otros Alá y mil nombres más. Él fue el primero y se transformó en una especie de augurio mesiánico con nombre en Jusús, Mahoma o Abraham… En fin, no sabemos el destino pero, desde luego, si Cortés se atrave a destruit toda a herencia de la Organización desde sus primeros pinitos la civilización igual nunca podría haber sido alcanzada ni nada que se le parezca. La proposición de cortar nuestra impronta en el siglo XXI, dejando intacto el resto es razonable o es lo más razonable, al menos existe una civilización. Lo peor, nadie conoce el paradero actual de Cortés y todos estamos en vilo a la espera de nuevas noticias.

El director Carlos Salas se puso en contacto con todo el consejo de los Sabios, los cuales remitieron la situación al Director General, DG. El dictamen fue claro. Si Cortés obra como amenaza, entonces no hay esperanza a la humanidad. Se ha de optar por lo menos dañino y cesar nuestra actividad hasta que hallamos pillado al desertor y detenido, entonces, continuaremos nuestra legítima actividad. Las caras átonas y los andares cabizbajos se contagiaron entre todos. El proyecto por el cual habían encomendado su propia vida se paralizaba, estando entre dos mundos, no perteneciendo a ninguno. La Organización moría y todos morían con ella, nadie podía escapar y aterrizar en el Mundo Real. Se romperían las más estrictas normas y el caos arruinaría más aun de lo destrozado. Había que resignarse al aburrimiento mientras la Policia del Tiempo buscaba a Cortés.

(Pasados dos años). Cortés mandó a algunos sus agentes a la búsqueda de los vestigios en el Tiempo de la Organización del Tiempo, de la que resultó salir como “desertor”. Lo cierto es que se habían descontrolado las cosas. En más de dos mil años la jurisdicción de los Hombres del Tiempo clamaba, en realidad, el caos en la Tierra. Ellos se movían por la idea de la salvación, que ellos representaban la salvación y que la civilización fue un hito gracias a su contribución inigualable pero la verdad, fue al revés, la civilización era un hecho inevitable y la humanidad buscaba de forma natural la unidad. Ellos, con su confusión innata rompieron el acercamiento. “Menos mal que pararon” pensó Cortés. De repente, un agente acudió sin aliento y muy alterado al despacho de Cortés. Entre suspiros o bocadas de aire, anunción con angustia la proximidad de la Policia del Tiempo a la Fundación de la Eternidad de Cortés. “Ilusos… aun no saben que yo soy DG, el Director General”…

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